Una niña de pueblo

Septiembre. El mes de las vueltas, de los cambios, de los inicios y seguramente de algún que otro fin.

No, no son iguales unos septiembres que otros. Tampoco nosotros somos l@s mism@s.

Recuerdo mi niñez y el olor de aquellos atardeceres  casi otoñales. La luz ya no era la misma y en el ambiente olía a melancolía.

Sentadita en el puente de mi pueblo dejaba pasar el tiempo añorando el ruido de los niñ@s veraneantes que ya habían vuelto a la ciudad. Sólo quedaba el silencio de un lugar de poco más de 30 habitantes. Fantaseaba sobre la vida de los niños de ciudad o quizás de pueblos más grandes y asomaba en mí un atisbo de envidia. Con el tiempo he sabido agradecer esas vivencias; dan nuevas perspectivas.

Tiempo de transición entre el alegre verano y la vuelta al cole.

Treinta años después mis septiembres siguen llenos de nostalgia. Supongo que tienen que ver con la luz. Es un mes de despedidas y reencuentros; de decir hola a nuevos proyectos y hábitos y de tratar de despedirse de obstáculos para ser un poco más feliz.

Cada día es un pequeño septiembre; una nueva oportunidad para elegir. Te deseo muchos septiembres.

 

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