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«Los miedos de una»

Poco a poco vamos reflexionando sobre las emociones básicas y hoy, cual mariposa, nos volvemos a posar sobre el miedo. Muchas veces he pensado que el miedo es la emoción que «mueve el mundo» y sigo teniendo esa percepción. Tiene la capacidad de mostrarse sin maquillajes ni miramientos; una película de miedo o una situación de peligro real e inminente pueden ser ejemplo de ello. Por otro lado, es una emoción tan versátil que sabe disfrazarse y armarse de sutileza para que, a primera vista, no sepamos que es ella quien actúa por nosotros; dejar de hacer o decir algo por miedo a reacciones, mantener aparcados proyectos y conversaciones porque no sabemos qué puede pasar o qué consecuencias puede tener, atacar antes de ser atacados, seguir con la misma vida porque al final, «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer», etc. Ay madre cuándo daño ha hecho esta expresión!!!!

Más allá de pequeños hábitos vinculados a la rutina diaria no me considero una persona miedosa o, pensándolo bien, sí lo soy. Creo que tengo miedo, mucho miedo a no vivir la vida como siento y quiero. Creo que para mí sería un verdadero fracaso acabar mis días con la sensación de haber pasado por este sendero con el mero objetivo de existir. Sería capaz de hacer un pacto con el diablo, o quien tenga potestades, si me diera otra oportunidad jejeje.

Para ir eliminando pactos poco atractivos hace años que me dispuse a vivir y a transformar ese miedo en impulso. Suena bonito y un tanto utópico, lo sé, pero bueno, cada un@ tenemos derecho a fantasear y buscar lo que queramos.

La cuestión es que el tema se complica, la maternidad es un verdadera tabla de ejercicios ante el miedo; ya no sólo estás tú, de hecho tengo dos hijos y en camino viene la tercera. Por si se te ha pasado por la cabeza; ni estoy loca, ni pertenezco a ninguna corriente, ni tengo mucho dinero, ni na de na. Simplemente voy a ser mamá de familia numerosa y aunque jamás lo hubiera imaginado ahora no lo concibo de otra manera. Ya te he dicho que quiero vivir a mi manera y ésta es mi fórmula: Mamá familia numerosa+autónoma+rebelde por naturaleza. Eso sí, mis hijos son gran parte de mi impulso y mi trabajo me encanta; además, cuento con la complicidad del mejor compañero de vida.

Y, volviendo al tema del miedo supongo que entenderás que, en parte, se multiplique; de vez en cuando aparece el miedo a no abarcar todo como creo que debería, miedo a no ser la madre que me gustaría, miedo a no estar a la altura profesionalmente (de la otra, me conformo con el 1.59 cm), miedo a… Soy muy consciente de que el miedo, bien llevado y trabajado, lejos de bloquearnos o paralizarnos nos aporta prudencia y nos protege. Por eso, cada día me llevo mejor con él; ya nos vamos conociendo y sé cuándo quiere chivarme algo interesante, cuando quiere volverme loca, cuando quiere protegerme o cuando, simplemente, busca recordarme algunos aspectos que mi mente olvidadiza no recuerda. De cualquier manera, él hace su trabajo y el mío es saber que está ahí, agradecerle todo lo que hace por mí y pararle los pies si creo que se extralimita en sus funciones. De alguna manera, también hemos de ejercer como madres y padres con el miedo; si le dejamos, si no le educamos y le malcriamos él hace con nosotros lo que quiere.

«Mi vida estuvo llena de desgracias…»

No recuerdo quién fue la primera persona que lo escribió por primera vez, o por lo menos, de quién lo leí. Lo cierto es que esa frase podía ser perfectamente mía, sobre todo, durante algunos años.

Te propongo un pequeño ejercicio para el día de hoy: Piensa o, mejor aún, haz un pequeño (o grande, lo que salga) listado de todas o muchas de las cosas que te preocupan. De este listado, selecciona aquellas que «más quebraderos de cabeza te dan» y escoge a aquella que entiendas prioritaria para atender.

Ahora, imagina que eres un ser con la capacidad de observar y atender desde todos los ángulos; algo así como una preciosa y ligera mariposa que revolotea en silencio alrededor de ti mism@ y puede ver esa «preocupación» desde todas las perspectivas. ¿Qué te cuenta la mariposa?, ¿Qué perspectivas te da?, ¿Qué sentimientos te genera?. Recuerda! ni tú ni la mariposa os dejáis llevar por los pensamientos porque éstos vienen y van como las nubes. Déjalos ir. Céntrate en las sensaciones que te genera la mariposa y escúchale. Ella tiene toda la información y sabe lo que te puede ayudar.

Hace unos años un amigo me contó que en los lugares donde hay mariposas no hay contaminación.

Estoy convencida de que, si has seguido los pasos, la mariposa te ha llevado a percepciones y sensaciones que te ayudan a relativizar, encontrar la perspectiva más sana y aliviar ideas preconcebidas.

Porque sí, «Mi vida estuvo llena de desgracias, MUCHAS DE LAS CUÁLES NUNCA SUCEDIERON».

#lallaverestu#

IE para Semana Santa

Vacaciones de Semana Santa, cuántas expectativas por delante!

Por si te pueden inspirar o ayudar, ahí van algunas anotaciones, reflexiones o ideas (como las quieras llamar) que viene muy bien recordar si lo que queremos es disfrutar, cargar pilas y aprovechar estos días para coger energía y mejorar.

Toma nota:

  • Las vacaciones siempre generan expectativas pero sólo serán positivas si eres consciente de que hay una gran parte de ellas que dependen de ti y otras que no están dentro de tu zona de control. En cualquier caso ( y en la mayoría de las ocasiones) tú tienes la liberta de poder sentirte y reaccionar como quieras; tú tienes la responsabilidad y el control.
  • Recuerda que el tiempo es tu tesoro más preciado; elige cómo y con quién lo pasas. Supongo que en tu agenda estarán planes más o menos voluntarios. Selecciona todo lo que puedas y elige tus compañías; marca la diferencia.
  • Sonríe, sonríe y sonríe. Si llueve, si los planes no salen como esperabas o si algo o alguien te saca de tus casillas, no dejes de sonreír. Con esto no quiero decir que no te enfades o no estés triste; a lo que me refiero es que hagas un esfuerzo por sacar el aprendizaje y la moraleja de lo que sucede. Sonríete y quiérete; te lo mereces.
  • Las vacaciones pueden ser un buen momento para relajarte, disfrutar en compañía y en soledad; regálate descanso y reflexión. Dedica algo de tiempo para invertir en mejoras que puedas disfrutar y aplicar cuando vuelvas a la rutina.
  • No le tengas miedo a la vuelta a la rutina; identifica todas las cosas buenas que te da el día a día rutinario y agradece. Busca áreas de mejora y proponte pequeños hábitos que te ayuden a ser más feliz más allá de las vacaciones. Recuerda que la vida va más allá de los fines de semana, los puentes, la Semana Santa, el verano o la Navidad. NO desperdicies tu vida.

Te deseo la mejor de las vacaciones. Te deseo la mejor de las vueltas y la mejor de las rutinas. Este es el reto; autosuministrarnos «lo mejor».

Gracias!

La vida de otr@s

Tu vida es tu vida y mi vida es mi vida. No es una mera frase; si de verdad tomamos consciencia de lo que ello conlleva no nos queda otra que responsabilizarnos un poco más de nuestra vida y dejar a los demás que hagan lo que quieran o puedan.

Todos sabemos lo que tienen que hacer l@s otr@s para mejorar sus vidas y sus problemas e incluso podemos llegar a enfadarnos si no lo hacen.

Tú eres tú y yo soy yo. Otra frase más que añadir a la primera. Y no, no voy a preguntar ¿Quién es más tonto de los dos?. O sí, porque me gustaría preguntarte (echándole un poco de sentido del humor?. ¿Quién es más tont@, la persona que dice a otro lo que tiene que hacer, sentir o ser o la que le hace caso?.

Cierto es que hay momentos en la vida en la que por diferentes circunstancias somos más vulnerables y permeables al entorno; la niñez, las épocas de baja autoestima o, simplemente, la falta de autoconocimiento o información pueden ser ejemplo de ello.

Lejos de querer culpabilizar a nada ni a nadie me gustaría recordar que tod@s tenemos el derecho e incluso la obligación con nosotros mismos de ser honestos y coherentes con lo que queremos y sentimos; vida personal y profesional acorde a lo que conscientemente queremos y/o elegimos.

Haz un breve repaso mental ¿Cuántas cosas has hecho o sigues haciendo en tu vida que verdaderamente no quieres hacer? Me refiero a «cosas» que hacemos que para nosotros no tienen un para qué importante; conductas y hábitos que en realidad puedes elegir no hacer pero, por alguna razón, te sientes «obligad@».

Te pongo algunos ejemplo:

  • Ir, asiduamente de vacaciones a algún lugar.
  • Relacionarte con algunas personas.
  • Haber estudiado determinada carrera.
  • Consumir servicios o productos que ni te gustan ni te satisfacen.
  • Tener horarios concretos.
  • Reírte de los chistes que no te hacen ni pizca de gracia.
  • Callarte y tragarte (en demasiadas ocasiones) tus palabras para evitar males mayores.
  • No ir o no hacer o no decir por no molestar o enfadar a alguien.
  • Un largo etcétera.

Pueden parecer temas baladíes pero no lo son. Si, a varias de estas cuestiones, has respondido afirmativamente (y, verdaderamente no entiendes para qué lo haces) puede ser un buen momento para reflexionar porque, a lo mejor, sin darte cuenta, pasas gran parte de tu tiempo viviendo la vida de otr@s y no te has dado cuenta. Has de saber que ser consciente de ello y obrar en consecuencia tiene un precio «social» pero es una inversión en libertad.

Pase lo que pase y hagas lo que hagas #lallaveerestu#

La tristeza de no querer ir

¿Te ha pasado alguna vez?, ¿En alguna ocasión no has querido ir, por ejemplo, al trabajo?.

En anteriores post hablamos de las emociones en general y de la alegría en particular. Comentamos que la alegría es una emoción básica y que junto a ella, hay cinco más. Una de las cinco acompañantes es la tristeza.

La tristeza es la «capitana» de una cuadrilla de emociones entre las que se encuentran la pena, el duelo, la desesperanza, la desilusión, la apatía, etc.

Como idea general podemos decir que la tristeza es una emoción que tenemos como consecuencia de una percepción de «pérdida». Nuestra mente percibe que ha «perdido» (algo material, un trabajo, una relación, dignidad, una amistad o un ser querido) y responde con mayor o menor intensidad en función de lo que se percibe perdido.

No es fácil lidiar con un estado de tristeza, entre otras cosas, porque a veces no sabemos identificarla. Nuestro cuerpo ha recibido de nuestra mente ese mensaje de pérdida y reacciona para protegernos; de ahí que en muchas ocasiones cuando estamos tristes no tenemos ganas de hacer nada, estamos apátic@s. La mente le manda al cuerpo un recado; le dice algo así como «Guarda, guarda que no estamos para más pérdidas» y el cuerpo se recoge y se encoje, la mirada baja y las energías se ponen modo «bajo consumo».

Una vez sabido esto (que aunque es meramente introductorio creo que puede resultar ilustrativo) has de recordar que no hay emociones buenas ni malas y que todas son «chivatas» de algo que debemos saber y gestionar.

Cuanto alguien no quiere ir a algún lado o hacer algo (de forma reiterada) es muy posible que en un primer momento no manifieste tristeza; nos resulta más fácil manifestar ira (otra emoción básica) y despotricar de algo o de alguien hasta creer que hemos soltado y nos hemos desahogado lo suficiente como para autoengañarnos y pensar que todo ha pasado. Lo cierto es que no, no ha pasado y tiempo después vuelve a aparecer.

Como si fuésemos cebollas, puede ser interesante indagar un poco más y quitar la primera capa de «la mala hostia» para ver qué hay detrás. Son muchas las ocasiones en las que, detrás de la citada aparecen las lágrimas y las lamentaciones porque nuestro trabajo no nos motiva, porque no nos sentimos queridos o valorados por nuestros compañer@s, porque no nos valoramos a nosotros mismos…

¿Qué saber de la tristeza?

  • Que es una emoción que nos ayuda a sobrevivir y superarnos.
  • Que hemos de saber identificar signos de tristeza en nuestra forma de pensar, sentir, relacionarnos, actuar y hablar.
  • Que la tristeza nos ayuda a parar, reflexionar y reconducir nuestra vida.
  • Que estados de tristeza pueden ser el germen de estado de alegría y mejora pero para ello hay que entender que no debemos agarrarnos a la tristeza como si fuese nuestra única compañera de vida; las emociones y estados emocionales hay que reconocerlos, aceptarlos, superarlos y saber dejarlos ir si es lo que nos conviene.

Ideas que te sugiero para ir identificando tus emociones:

  • Como si fueses un observador: mírate y escúchate desde fuera. No te juzgues, simplemente toma nota de lo que sientes, cómo, cuándo y dónde lo sientes (imagina que eres un bonito pájaro que te ves desde las alturas y puedes visualizar desde todos los ángulos). Esta es una de las llaves maestras para comenzar a identificar la emoción.
  • Toma nota de pautas que se repiten; pensamientos, personas y comentarios, acciones, resultados, etc. que generan en ti tristeza. Después, reflexiona e indaga un poco más en cada uno de ellos.

Todo esto que te estoy contando es aplicable a cualquier situación que nos inquiete, tanto para niños como para adultos, tanto en el ámbito personal como profesional. Dedícale un poco de tiempo a estos pequeños ejercicios y habrás emprendido el camino de la mejora en tu coeficiente emocional. Sólo si sabemos lo que sentimos podemos gestionarlo; de lo contrario seremos veletas. Sólo si entendemos lo que sienten los demás podremos ayudar a nuestro entorno.

Si este pequeño post se torna en acción para ti y para mí estamos de enhorabuena; hemos despegado y más pronto que tarde seremos nuestra propia llave porque, recuerda, #lallaveerestu#.

Asertividad &»Equilibrios emocionales»

Estrenamos semana así que mucho ánimo y por ella!

Siempre lo he sabido aunque he de reconocer que hay momentos en los que me resulta muy complicado. ¿Cómo hacerlo?, ¿Cómo equilibrar valores vitales con este sistema en el que vivimos?.

Desde dentro, desde lo más profundo de nuestra cabeza y corazón nacen susurros que nos nos dicen que no debemos permitir esto o lo otro, que no es justo y que no es lo que queremos para nosotros ni para nuestro entorno.

Hay veces que les hacemos caso porque hacemos del querer poder. Y nos sentimos muy bien.

Otras veces, hacemos como que no pasa nada, nos tapamos los oídos y tiramos cuál autómatas. Es entonces cuando estos susurros internos se convierten en gritos que se manifiestan externamente como malestar, enfado, tristeza, malas contestaciones, apatía, disgustos…

Qué difícil es conciliar los valores con este sistema, en algunas ocasiones, tan pervertido . Te podría poner mil ejemplos; mirar hacia otro lado ante situaciones que nos parecen injustas, callar para no meternos en líos, simular acuerdo con personas que sabemos que están obrando con malicia, omitir acciones para no vernos salpicados, hacernos cómplices de actos que reprochamos para protegernos de represalias…

Dime, ¿Cuántas veces te ha pasado esto?. A mí, muchas. Por más que me esfuerzo en ser lo más reivindicativa y asertiva posible reconozco que no estoy al nivel que me gustaría. Estoy en ello.

Esta forma de obrar, aunque pensamos que nos protege externamente, no es más que una forma de dilatar algunas agonías. Si nos «tragamos» lo que realmente nos gustaría soltar, si dejamos de hacer lo que verdaderamente creemos que debemos hacer, si avalamos por acción u omisión aquello que luego criticamos sin parar, ¿qué estamos haciendo?.

Con ello no te estoy invitando a que te «sueltes la melena» y te dejes llevar por todo tipo de emociones. Por más ganas que tengas y por más razones que te avalen no sirve para nada bueno pillar por banda a tu jefe y soltarle una sarta de bondades; serán siete segundos de desahogo y siete años de consecuencias. Nada que ver.

En concreto, me refiero a esforzarnos por buscar un equilibro sano entre nuestros valores y la realidad de nuestra vida y nuestro entorno. Me refiero a ser lo más honestos y coherentes con nosotros mismos. Una buena aliada para llevar este reto a cabo es la asertividad.

La asertividad es la capacidad que tenemos de defender y proteger nuestros derecho y opiniones sin ofender al otro. La asertividad nos ayuda a saber decir no y a manifestarnos y reivindicarnos como personas con todo el derecho a decir lo queremos decir.

Te cuento una anécdota real que escuché en la radio: LLamaba una señora contando que hasta los 10 años de vida de su nieta se había encargado de su día a día. Gran parte de la rutina diaria de la niña era supervisada y cuidada por su abuela; colegio, comida, extraescolares, etc. La buena señora se manifestaba feliz de haber compartido todo ello con su nieta. Un día, su hijo y su nuera fueron a su casa y le dijeron que les gustaría tener otro hij@ pero que sólo le tendrían si era ella quien les ayudara tal y como lo había hecho con al primera. ¿Qué crees que hizo la abuela?.

Todo sabemos lo que han de hacer lo demás con su vida y cómo han de resolver sus problemas y no dudamos en manifestarlo en voz alta; somos la sabiduría en persona. Pero luego, no nos atrevemos a decir pequeñas o grandes cosas que nos ayudarían a mejorar nuestra vida y estar en paz. Y lo curioso es que, ya saturad@s, cuando lo hacemos elegimos el momento y forma menos adecuada…

Trabaja tu asertividad y verás como #lallaveerestu#

Punto a punto.

Quedan para hacer punto. Hace unos meses decidieron aprender o seguir aprendiendo. Yo no me apunté; la verdad es que he de reconocer que me encanta lo que hacen y cómo lo hacen pero no es algo que me motive en demasía.

Hoy han quedado para, punto tras punto, llegar a su objetivo. Cada una de ellas parte de conocimientos, experiencia y habilidades diferentes pero, QUE NO OS QUEPA LA MENOR DUDA, de que todas llegarán a su objetivo y más pronto que tarde lucirán su reto colorido y creativo.

Son muy diferentes entre ellas; el grupo se mueve con maestría entre las diferencias, la diplomacia y la rebeldía.

Me las imagino sentadas en una cafetería, simulando una imagen de antaño modernizada; mujeres jóvenes, talentosas y creativas inmersas en una actividad que a algun@s se les puede antojar «Vintage».

Me encanta porque en ellas veo un gran equipo multidisciplinar más que capacitado para gestionar la más potente de las multinacionales. Suerte que tienen algun@s «gallifantes» de que ahora estén inmersas en otros proyectos porque les podrían poner en grandes aprietos.

Responden a perfiles personales diferentes y, quizás por ello, es un grupo tan enriquecedor; se acompañan, complementan y ayudan cual puzzle perfecto.

Lo que más me fascina de todo es que ellas tienen, sin lugar a duda, el tesoro escondido que se busca en todas las organizaciones (y en la sociedad en general); actitud. Y con ella y por ella van a conseguir su objetivo.

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No hay máster ni formación que pueda generar ese valor y sólo deseo y espero que sigan contagiándonos a quienes las rodeamos; especialmente a sus hij@s. .

Espero con ilusión mi «mantita»; actitud, artesanía, aprendizaje, diferencias, cariño y valor para arropar a quien más quiero.

Continuamente nos enseñan o buscamos referentes de altos vuelos tan lejanos como sonados. Está de moda. Y nuestra ceguera está en no darnos cuenta de que los mejores referentes, los de verdad, los que ríen y lloran, los que se equivocan y aciertan, los de la rutina diaria, los que punto a punto van tejiendo un mundo mejor están muy cerca, a nuestro lado.

Y, para ti, ¿Quién es tu referente cercano?, ¿Quién es tu referente «con piel»?.

¿Sabes cuáles son las emociones básicas?

En el post anterior hablamos de la inteligencia emocional y hoy vamos a ver un poquito a ver un poquito más de cerca las emociones básicas y cómo afectan a nuestra nuestro día a día.

Si has visto la película de Inside Out ya tendrás algo de camino hecho.  Hay numerosos libros  y páginas en internet que versan sobre esta materia; yo te voy a hablar sobre ellas a mi manera y de forma resumida.

Verás, aunque hay otras versiones y visiones, muchos hablamos de 6 emociones básicas. En los talleres y formaciones que realizo las presento como seis cuadrillas de emociones con sus respectivas capitanas. Dentro de cada cuadrilla hay decenas o centenas de emociones que, siendo de la misma cuadrilla se diferencian entres sí fundamentalmente por su origen, grado de intensidad y duración.

Son denominan emociones básicas porque se diferencian por una serie de rasgos fisiológicos muy concreto y porque, gracias a ellas hemos sobrevivido y nos hemos superado como especie. Ya sabes, no hay emociones buenas ni malas, todas son necesarias y…TREMENDAMENTE CONTAGIOSAS.

Hoy os hablaré de una de ellas: La Alegría.

Damos la bienvenida a la cuadrilla de la Alegría!!!!!! (Aplausos); esta cuadrilla está formada por muchas muchas, emociones (humor, gratitud, satisfacción, deseo, tranquilidad, amor, etc.). La capitana es la alegría y no, tener alegría no significa necesariamente estar todo el día de juerga ni similar. La alegría es una emoción más amplia y compleja que surge cuando estamos ante circunstancias que nos resultan favorables a nosotros y/o a la gente que queremos. Esto puede ser provocado porque comemos algo que nos gusta mucho, echamos la mejor de las siestas,  estamos tranquil@s, tenemos relaciones sexuales placenteras, nos dan un buena noticia, nos vamos de fiesta, conseguimos un reto, nos echamos unas risas, nos hacen o hacemos un regalo,  etc.

Pues bien, cuando estamos en estados de la alegría, nuestro cuerpo genera de forma natural una serie de neurotransmisores esenciales para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo y de nuestra mente; yo las llamo las “INAS“; dopaminas, endorfinas, serotoninas,etc. Ellas son unas de las  responsables de que funcionemos bien en todos los sentidos y su falta provoca o puede provocar enfermedades, estados anímicos desfavorables, etc.

Supongo que a estas alturas ya te habrás dado cuenta de algo y sino ya te lo cuento yo porque esto que voy a decir es tan sencillo como vital para que tú estés mejor y hagas que tu entorno también lo esté. LA ALEGRÍA NO VIENE POR CIENCIA INFUSA, LA ALEGRÍA TAMBIÉN HAY QUE GENERARLA Y ALIMENTARLA. ¿Obvio? Puede ser, pero en la realidad no paro de encontrarme con personas que se dejan la energía en quejarse de lo mal que están, de que fulanit@ o menganit@ no hacen nada para ayudarla, que hay que ver cómo es la gente, que esta sociedad es tal o cual, que no la llaman para quedar o que no hay nada que ellas puedan hacer para estar mejor y bla bla bla.  

Hoy mismo, te invito a que te pares a observar y reflexionar sobre  la cantidad de energía que perdemos quedándonos y haciendo responsables  a los demás de nuestras emociones y de nuestra vida.  Por echar culpas, se las echamos hasta el tiempo que hace ( A quién se le ocurre que hoy llueva!).

Somos nosotros los responsables de generarnos tanto en el ámbito personal como profesional emociones positivas; son nuestra gasolina para tomar las mejores decisiones y obtener el mejor de los resultados.  Ya iremos viendo cómo se las gastan otras emociones y lo importante que es tener una buena batería de recursos para autogenerarnos emociones positivas.

Demostrado científicamente; necesitamos de emociones de la cuadrilla de la alegría para sobrevivir y superarnos. Cuántas más mejor. Eso sí, no caigas en la trampa de pensar que la alegría sólo es jolgorio; la alegría es paciencia, sosiego, aceptación, humor, gratitud, placer…

Un buen libro, un buen post, una buena compañía, una buena soledad, ejercicio físico, luz natural, buena comida, un chiste, una silencio, ir al baño con regularidad (no es broma, no sé si alguna vez has estado estreñid@ jejeje); todo ello y mucho más nos da energía de la buena.

La alegría no sólo nos la generamos cuanto hacemos cosas para nosotros mismos; estudios científicos han demostrado que uno de los mejores estados anímicos para el ser humano es el que se genera cuando AYUDAMOS A LOS DEMÁS. A lo mejor esto te puede inspirar.

Por cierto, recuerda que para poder dar también tenemos que saber darnos a nosotros mismos. Que luego, ya sabemos lo que pasa; que nos pasamos la vida esperando de vuelta lo que una vez hicimos por los demás, que nos generamos malestar y reproche y que eso no es bueno para nadie. No estoy hablando de ser egoísta sino de ser justo y generoso con uno mismo para poder serlo con los demás.

Y, en el trabajo, ¿Qué decir del trabajo? Pues que todos podemos tener reproches hacia  todo y todos. Que no cuesta nada esforzarnos un poco en relativizar los malos resultados, saludar cuando entramos, reconocer un buen trabajo o una habilidad de un compañer@, contar un chiste o simplemente escuchar un poco más que juzgar.

Y yo, toma nota de lo que explico porque tengo mucho que mejorar. El camino es largo pero gratificante.

Estaría horas y horas hablando de la alegría pero me gustaría pedirte algo. Sé que da pereza o vergüenza  escribir un comentario pero me encantaría conocer algo, un pequeño gesto que a ti te genere alegría, felicidad o tranquilidad.

Por cierto, feliz día a los padres a los “Josés” y, por qué no, para la familia y amig@s de los padres y los “Josés”.

Recuerda, #lallaveerestú# así que contagia alegría y tendrás alegría.R

¿Sabes cuáles son las emociones básicas?

En el post anterior hablamos de la inteligencia emocional y hoy vamos a ver un poquito a ver un poquito más de cerca las emociones básicas y cómo afectan a nuestra nuestro día a día.

Si has visto la película de Inside Out ya tendrás algo de camino hecho.  Hay numerosos libros  y páginas en internet que versan sobre esta materia; yo te voy a hablar sobre ellas a mi manera y de forma resumida.

Verás, aunque hay otras versiones y visiones, muchos hablamos de 6 emociones básicas. En los talleres y formaciones que realizo las presento como seis cuadrillas de emociones con sus respectivas capitanas. Dentro de cada cuadrilla hay decenas o centenas de emociones que, siendo de la misma cuadrilla se diferencian entres sí fundamentalmente por su origen, grado de intensidad y duración.

Son denominan emociones básicas porque se diferencian por una serie de rasgos fisiológicos muy concreto y porque, gracias a ellas hemos sobrevivido y nos hemos superado como especie. Ya sabes, no hay emociones buenas ni malas, todas son necesarias y…TREMENDAMENTE CONTAGIOSAS.

Hoy os hablaré de una de ellas: La Alegría.

Damos la bienvenida a la cuadrilla de la Alegría!!!!!! (Aplausos); esta cuadrilla está formada por muchas muchas, emociones (humor, gratitud, satisfacción, deseo, tranquilidad, amor, etc.). La capitana es la alegría y no, tener alegría no significa necesariamente estar todo el día de juerga ni similar. La alegría es una emoción más amplia y compleja que surge cuando estamos ante circunstancias que nos resultan favorables a nosotros y/o a la gente que queremos. Esto puede ser provocado porque comemos algo que nos gusta mucho, echamos la mejor de las siestas,  estamos tranquil@s, tenemos relaciones sexuales placenteras, nos dan un buena noticia, nos vamos de fiesta, conseguimos un reto, nos echamos unas risas, nos hacen o hacemos un regalo,  etc.

Pues bien, cuando estamos en estados de la alegría, nuestro cuerpo genera de forma natural una serie de neurotransmisores esenciales para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo y de nuestra mente; yo las llamo las «INAS«; dopaminas, endorfinas, serotoninas,etc. Ellas son unas de las  responsables de que funcionemos bien en todos los sentidos y su falta provoca o puede provocar enfermedades, estados anímicos desfavorables, etc.

Supongo que a estas alturas ya te habrás dado cuenta de algo y sino ya te lo cuento yo porque esto que voy a decir es tan sencillo como vital para que tú estés mejor y hagas que tu entorno también lo esté. LA ALEGRÍA NO VIENE POR CIENCIA INFUSA, LA ALEGRÍA TAMBIÉN HAY QUE GENERARLA Y ALIMENTARLA. ¿Obvio? Puede ser, pero en la realidad no paro de encontrarme con personas que se dejan la energía en quejarse de lo mal que están, de que fulanit@ o menganit@ no hacen nada para ayudarla, que hay que ver cómo es la gente, que esta sociedad es tal o cual, que no la llaman para quedar o que no hay nada que ellas puedan hacer para estar mejor y bla bla bla.  

Hoy mismo, te invito a que te pares a observar y reflexionar sobre  la cantidad de energía que perdemos quedándonos y haciendo responsables  a los demás de nuestras emociones y de nuestra vida.  Por echar culpas, se las echamos hasta el tiempo que hace ( A quién se le ocurre que hoy llueva!).

Somos nosotros los responsables de generarnos tanto en el ámbito personal como profesional emociones positivas; son nuestra gasolina para tomar las mejores decisiones y obtener el mejor de los resultados.  Ya iremos viendo cómo se las gastan otras emociones y lo importante que es tener una buena batería de recursos para autogenerarnos emociones positivas.

Demostrado científicamente; necesitamos de emociones de la cuadrilla de la alegría para sobrevivir y superarnos. Cuántas más mejor. Eso sí, no caigas en la trampa de pensar que la alegría sólo es jolgorio; la alegría es paciencia, sosiego, aceptación, humor, gratitud, placer…

Un buen libro, un buen post, una buena compañía, una buena soledad, ejercicio físico, luz natural, buena comida, un chiste, una silencio, ir al baño con regularidad (no es broma, no sé si alguna vez has estado estreñid@ jejeje); todo ello y mucho más nos da energía de la buena.

La alegría no sólo nos la generamos cuanto hacemos cosas para nosotros mismos; estudios científicos han demostrado que uno de los mejores estados anímicos para el ser humano es el que se genera cuando AYUDAMOS A LOS DEMÁS. A lo mejor esto te puede inspirar.

Por cierto, recuerda que para poder dar también tenemos que saber darnos a nosotros mismos. Que luego, ya sabemos lo que pasa; que nos pasamos la vida esperando de vuelta lo que una vez hicimos por los demás, que nos generamos malestar y reproche y que eso no es bueno para nadie. No estoy hablando de ser egoísta sino de ser justo y generoso con uno mismo para poder serlo con los demás.

Y, en el trabajo, ¿Qué decir del trabajo? Pues que todos podemos tener reproches hacia  todo y todos. Que no cuesta nada esforzarnos un poco en relativizar los malos resultados, saludar cuando entramos, reconocer un buen trabajo o una habilidad de un compañer@, contar un chiste o simplemente escuchar un poco más que juzgar.

Y yo, toma nota de lo que explico porque tengo mucho que mejorar. El camino es largo pero gratificante.

Estaría horas y horas hablando de la alegría pero me gustaría pedirte algo. Sé que da pereza o vergüenza  escribir un comentario pero me encantaría conocer algo, un pequeño gesto que a ti te genere alegría, felicidad o tranquilidad.

Por cierto, feliz día a los padres a los «Josés» y, por qué no, para la familia y amig@s de los padres y los «Josés».

Recuerda, #lallaveerestú# así que contagia alegría y tendrás alegría.