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CREA TUS PROPIAS EMOCIONES

Ya lo decía  Ramón y Cajal: “TODO SER HUMANO, SI SE LO PROPONE, PUEDE SER ESCULTOR DE SU PROPIO CEREBRO”.

Es posible que te parezca imposible o exagerado pero lo cierto es que la ciencia avala esta posibilidad. Todos, con mucha voluntad y constancia, podemos modelar nuestro cerebro; su plasticidad le permite cambiar a través del aprendizaje.

¿Parece increíble verdad? Pues creételo.

Con respecto al mundo emocional también es posible crear y modelarnos.

Te presento a Leslie Greenberg, un psicoterapeuta e investigador de la terapia emocional. Greenberg aporta interesantes ideas sobre las emociones así como una clasificación muy útil y sencilla para conocer un poco más sobre nuestro comportamiento emocional.

Habla de emociones primarias (adaptativas y desadaptativas), emociones secundarias y emociones adaptativas.

*Las emociones primarias adaptativas son respuestas emocionales viscerales; ya sabes, esas reacciones impulsivas que tenemos al reaccionar a algún acontecimiento. Por ejemplo, me río a carcajadas ante una sorpresa grata, lloro ante la pérdida de un ser querido, etc. Estas reacciones son saludables y ayudan al ser humano a adaptarse al medio.

*Las emociones primarias desadapativas también son reacciones viscerales pero, éstas, ya no son tan sanas porque ya no son respuestas adaptativas. Me explico; estas respuestas puede que ya no tengan estímulo inmediato al que responder porque pasó hace tiempo o porque ya no exista. Imagina a aquella persona que sigue llorando o quejándose porque le despidieron hace 10 años de un trabajo, o aquella que desconfía de sus vecinos porque en una ocasión uno le agredió en la escalera o aquella persona que cuando la rozas la mano se altera porque fue maltratada en un pasado. Este tipo de respuestas suelen ser aprendidas y dificultan mucho el desarrollo de cualquiera de nosotros. Te propongo que eches un rato e indagues cuáles son tus emociones-reacciones desadaptativas.

  • Las emoción secundarias surgen a consecuencia de otra emoción y recurrimos a ellas (consciente o inconscientemente) para ocultar lo que realmente estamos sintiendo. Por ejemplo, estoy triste porque una amistad ya no me trata igual y en lugar de demostrar mi tristeza manifiesto enfado con ella, estoy preocupada porque tengo una cita médica importante pero tapo esa preocupación utilizando el sentido  del humor irónico…

Y, en tercer lugar nos encontramos con las emociones instrumentales.

Y aquí quiero llegar yo. Las emociones instrumentales son aquellas que se expresan conscientemente y de una forma automática para conseguir una meta o un objetivo. En muchas ocasiones podemos no ser  conscientes de ellas y no suelen ser muy saludables porque acostumbramos a utilizarlas  para manipular. Por ejemplo, alguien que «finge»tristeza para provocar mayor atención y cuidados del entorno o cuando nos comunicamos con otras personas y lo hacemos desde la negatividad para que nos animen, para contagiar nuestros enfado y generar determinadas reacciones del otro, etc. Este tipo de emociones en muchos casos puede provocar que el entorno se aleje de nosotros.

Pues, mi propuesta es crear nuestras propias emociones instrumentales sanas para conseguir objetivos saludables.En estos momentos en los que la incertidumbre campa a sus anchas existen muchos momentos en los que nos viene muy bien crear nuestros propias emociones y estados emocionales.

Recuerda que las emociones no distinguen entre realidad y ficción por lo que tus pensamientos y sólo ellos serán los que creen tu realidad y generen tus reacciones. Con esto te quiero decir que con el mero hecho de imaginar algo que deseas en varias ocasiones, en tu cabeza y en tu cuerpo estás generando estados emocionales asimilables a la realidad. Visualizarte más contento o tranquilo hará que lo estés, imaginarte consiguiendo algo hará que generes neurotransmisores que posibilitan un buen funcionamiento del organismo.

Parece demasiado fácil pero créeme que funciona. Esfuérzate, esfuérzate de verdad en crearte imágenes e historias mentales positivas que te generen alegría, bienestar, ilusión, esperanza, tranquilidad, satisfacción e incluso aquellas que te recuerden cómo con un poco de la energía que da la ira conseguiste solucionar algo.  Han de ser imágenes posibles y motivadoras. Estas imágenes harán que te autogeneres emociones instrumentales adaptativas. En definitiva, que te posibiliten adaptarte de la mejor forma posible a la situación. Porque, como decía Darwin, aquí se salvarán o saldrán mejor parados los que mejor se adaptan.

Algo sobre mí: Estoy preocupada porque no sé cuándo voy a volver a trabajar y cuál va a ser el ritmo cuando lo haga. Ante esa situación creo mi propia emoción instrumental y me «autoinyecto» ilusión con algún proyecto profesional que me ayude a mantenerme motivada, que me genere más conocimiento y que me posibilite desarrollar mi carrera profesional. El proyecto puede tener mayor o menor envergadura. Puede consistir  en aprender algo nuevo, repasar lo aprendido, colaborar con algún proyecto online, etc. En mi caso, he optado por escribir un libro. Os iré contando. Emoción presente; preocupación. Emoción instrumental; ilusión. Cómo la genero; buscando alternativas profesionales que reduzcan, suavicen e incluso transformen mi preocupación en ilusión. En mi caso, el hecho de escribir el libro hace que necesite tiempo por lo que, en parte, me viene bien no tener formaciones y así centrarme en escribir. La realidad no cambia; en este momento no hago formaciones presenciales pero sé que todo esto pasará y cuando pase quiero estar preparada para ello.  Sobre esta situación no tengo capacidad de control; sobre mí SÍ.  Y, para pasar esta etapa lo mejor posibl,e me voy a agarrar, como si no hubiera mañana, a todo aquello que me empuja hacia arriba.

Algún momento me permito tragar un poco de agua y sumergirme en el ahogo de la tristeza, el enfado o la preocupación pero, en cuanto soy consciente de ello, cojo impulso pensando en lo que deseo y me importa y vuelvo a ver el sol.

SI YO PUEDO, TÚ PUEDES. SI YO HE APRENDIDO, TÚ PUEDES APRENDERLO. Porque lo único que hace falta para conseguirlo (que no es poco) es QUERER DE VERDAD.

#lallaveerestú#

 

 

 

Día de confinamiento

Buscamos respuestas. Desde que el Coronavirus llegó a nuestras vidas, buscamos respuestas en forma de vacuna y también en forma de explicación.

La vacuna llegará.

La explicación sobre el origen y especialmente sobre las repercusiones de esta pandemia quizás llegue, quizás no o quizás ha llegado pero no sabemos interpretarla todos de la misma manera. ¿Y si la respuesta estuviese ya? ¿Y si en el fondo de nuestro corazón todos intuimos o sabemos el origen de esta situación tan terrible como reveladora?

Es posible que haya muchas personas que no crean que hay moraleja o lección a aprender de todo esto y estén más pendientes de los deberes del colegio de sus hijos o del informe que ha de hacer en la oficina o en las ventas de su negocio. Es posible y tan real como, a mi modo de ver, preocupante.

Vaya por delante que yo también me ocupo de que Jon lea un ratito todos los días y recuerde aprendizajes adquiridos. También me preparo para cuando (quién sabe cuándo) vuelva a dar formaciones presenciales y replanteo mi economía familiar y….pero nada de eso tiene el protagonismo  en estos momentos de nuestra vida.

Sin «comernos demasiado la cabeza» ni generar mayor desasosiego del necesario hablamos y nos cuestionamos nuestra forma de vivir, nuestras prioridades, valoramos y agradecemos lo que tenemos, y entre grito y grito reímos todo lo que podamos. Y así, cuando llamamos a los abuelos ellos perciben (porque así es) que, a pesar de todo, estamos bien y tenemos ganas de superar esta adversidad sin dejar de vivir y disfrutar de los pequeños momentos. Es nuestra forma de contribuir a nuestro bienestar y al de las personas que queremos y que nos quieren. A veces cuesta, pero se puede; basta con obligarnos un poquito y dejarnos llevar.

Porque la vida, a pesar de todo, sigue y en cada hogar los más pequeños crecen a todos los niveles, los «medianos» estamos en constante aprendizaje y entrenamiento logístico, emocional, laboral y relacional y muchos mayores observan desde su fragilidad una situación nunca antes vista en su intensa vida.

Por aquí todo sigue;

  • Jon pasa los días negociando y peleándose con sus estados de ánimos. Su mayor reto; ganarle la partida a la frustración. En general lo está haciendo muy muy bien. Le gusta ejercer de hermano mayor; coger en brazos y cuidar a Malen y chinchar y jugar con Niko.
  • Niko se ha «desenganchado» de la mortadela y se ha pasado al chocolate negro. Luce un bonito bigote y se afana en esconder el chocolate en los rincones más insospechados de la casa. Ha aprendido la expresión «Ay, mis huevos» (si, si lo que te imaginas). Lo ha aprendido de su hermano mayor pero el pequeño la utiliza en cualquier ocasión. Si se da un golpe en el pie «Ay, mis huevos!, si se roza en la rodilla !Ay mi huevos!. Le vale para todo. Optamos por no decirle nada; tarde o temprano se cansará.  Eso me recuerda a la tendencia que tenemos los adultos a repetir ciertos «mantras» que hemos oído en algún lugar como si de verdades absolutas se tratasen y, como Niko, lo aplicamos para todo y para todos. Por ejemplo: ¡Cómo es la gente!
  • Malen sigue en su mini mundo feliz. Su máxima pretensión es moverse por la casa lo más rápido posible. Intenta seguir a sus hermano y poco a poco está cogiendo carrerilla. Es una guindilla y apunta maneras. Empezó el confinamiento siendo un bebé y quien sabe si cuando salga de casa lo haga casi casi andando (bueno, de aquella manera).

Cada uno de ellos son como un Máster intensivo en Inteligencia Emocional. Todo puede cambiar en un segundo; podemos estar «como la seda» y de repente empezar la tercera guerra mundial….Pueden ponerme el termostato del enfado a 100º para, con un beso y un «te quiero» derretirme en un pis-pas.

Y los días pasan y la vida sigue. Pero estos días no son como los demás; los vivimos con nudo en la garganta, agradecimiento e ilusión. No soy ninguna ilusa y sé que hay muchas personas que están viviendo esta situación desde la ira, el rencor y poco aprendizaje positivo quieren sacar. Lo sé y aunque no me da igual, no me importa. Cada uno que haga lo que quiera y pueda y, por supuesto, que asuma las consecuencias de su elección-

Hoy, más que nunca, creo que en el humano que se adapta, aprende y evoluciona. Confío en Darwin. Confío en el poder de la conciencia y porqué no, en el Karma.

 

Capitanes de la alegría

En los hogares, en equipos y en la vida en general hay líderes. Personas que, porque no les queda otra, porque tienen carisma o porque se preparan para ello lideran a personas diferentes en contextos diferentes. Estos liderazgos siempre me han interesado mucho y he procurado observarlos y estudiarlos detenidamente.

Pero, hay otros liderazgos tan simbólicos como tangibles; los liderazgos emocionales. Personas que contagian emociones adaptativas. De forma consciente saben contagiar las emociones que necesitan los demás para ayudarles a estar mejor o a tomar determinadas decisiones. Son movimientos, gestos y acciones más o menos sutiles que inyectan las dosis emocionales necesarias para que el «enfermo» coja la energía y la motivación necesaria para recuperarse.

Y cuando hablo de inyectar emociones me refiero a todo tipo de emociones porque hay momentos en los que es adaptativo inyectar un poco de miedo para conseguir algo o evitar males mayores (véanse éstos tiempos que vivimos), otras veces es necesario suministrar un dosis controlada de ira para motivar a la acción, etc. Pero, lo que siempre es adaptativo y cualquier situación requiere es una dosis de alegría.

Y no, la alegría no es únicamente fiesta y «Paquito el Chocolatero»; la alegría es algo así como una cuadrilla de emociones integrada por otras muchas,  tales como la gratitud, la esperanza, la satisfacción, el humor, el amor, la pasión, el deseo, la tranquilidad, alivio, éxito, consuelo, entusiasmo, ilusión, etc. Ya hemos comentado en otras ocasiones que la cuadrilla de la alegría (como la Patrulla Canina) es la responsable, a su vez, de inyectar en nuestro cuerpo las famosas «inas»; serotonina, dopamina y endorfina (entre otras). En definitiva, química fundamental para que funcionemos bien y nuestro sistema inmune esté preparado para reaccionar ante los ataques víricos. Todo esto me recuerda a aquella serie de «Erase una vez la vida», ¿Te acuerdas?.

Líderes de la alegría son:

  • Aquellos personas que nos dan consuelo en los duelos.
  • Aquellos jefes  que nos motivan a seguir adelante aunque nos hayamos equivocado más de lo que todos hubiésemos deseado.
  • Aquellas amigos que nos hacen reír.
  • Aquellos personas que nos dicen lo que no nos gusta pero nos dan alternativas y fórmulas de mejora.
  • Aquellos seres cuya compañía irradia paz.
  • Aquellos compañeros que, si pueden, nos alivian de cargas de trabajo, presiones y malos momentos.
  • Aquellas personas que contagian ilusión.

Los líderes de la alegría no necesariamente son aquellas personas que viven mejor que nosotros o que no han tenido mayor problema; ni mucho menos. Al contrario, en general suelen ser personas que han sufrido o sufren mucho pero anteponen la vida a la adversidad.

TODOS podemos ser líderes de la alegría y no basta con poder,  HAY QUE QUERER y HAY QUE HACER. No hace falta ser «Don o doña alegría» basta con que nosotros mismos nos identifiquemos más con esa cuadrilla que con cualquier otra (y, obremos en consecuencia).

Imagina que eres un arquitecto que está dibujando su casa. A lo mejor tu  primera inquietud es idear cómo se vería de frente; después de todo es lo que más se ve. Nooo, un buen arquitecto proyecta todas las fachadas de la casa y tiene en cuenta detalles aparentemente menores pero trascendentales para que la imagen que quiere para su casa sea coherente con las necesidades de construcción.

Pues, eso mismo hemos de tener en cuenta con el liderazgo emocional.  Proyectar alegría o cualquiera de sus emociones también en las «caras» más oscuras tanto de la vida como de la gente. Inyectar alegría en muchos momentos implica dar un bote salvavidas a quienes se están ahogando por dentro.

Quien cuida de su salud emocional cuida también de sus relaciones y compañías. Busca relacionarse con personas que, con sus defectos y virtudes, aporten  dosis de alegría a la relación y por el otro se esfuercen en dar lo mismo o más de lo que reciben.

Esto no implica alejarse de personas que sufren; ni mucho menos.  A las personas que sufren démosle mucho amor; a las personas que fingen o sólo piden dejémoslas con su elección.

Miedo al miedo

¿Cómo va todo por ahí? Por aquí va. Aunque tengo la sensación de haber entrado ya en la fase de desgaste, lo llevamos razonablemente bien. Mira que yo soy mucho de emociones pero creo que en la fase de desgaste es más eficaz que lidere la razón. La racionalidad no está exenta de emoción pero sus emociones están muy muy filtradas y, por tanto, la amígdala está más tranquila. Otra cosa es si el filtro empleado es el más oportuno.

¿Te acuerdas de que te conté que la amígdala es una glándula que está en el sistema límbico (sistema emocional)?. Es una «señora» que tiene encomendadas tareas tales como dar respuestas inmediatas (lo que llamaríamos viscerales) en situaciones percibidas como peligrosas.  Así, es la que nos impulsa a salir corriendo o atacar si la cosa se pone fea. Y no le gusta nada que se metan ni en su departamento ni en sus funciones por lo que no quiere ni oír hablar del departamento de la razón. Y ¿qué pasa?, pues que a veces, muchas veces la amígdala se equivoca en la valoración de la situación y en el grado de intensidad a la hora de responder. Por eso, las personas acabamos gritando por tonterías, agrediendo física o verbalmente  sin aparente razón o tratando mal al otro porque creemos que nos quiere hacer daño. Ella está acostumbrada a trabajar como antaño (y con antaño me refiero a tiempos casi carvernícolas).Tiempos aquellos en los que constantemente había amenazas reales y los litigios se solventaban a golpe de palo e insulto.

A esta señora nadie la ha formado para actualizarse y dar respuestas  más adaptadas a los tiempos presentes. Pertenece a lo que se denomina el cerebro reptiliano.

Yo, llevo mucho tiempo formando a mi amígdala para evitar males mayores porque en más de una ocasión me ha metido en buenos líos. Cada uno tenemos (en función de nuestra genética y experiencias) la amígdala más o menos «disparada» ¿Cómo está la tuya?. Y es en momentos de crisis en los que se puede observar su naturaleza.

Creo que poco a poco muchos de nosotros vamos formando a nuestra amígdala y ésta va aprendiendo a actuar cuando verdaderamente es necesario. Estamos reduciendo la jornada  laboral, las tareas y las responsabilidades de  la amígdala. El sueldo ni lo tocamos que como se enfade….

En momentos de incertidumbre y críticos es importante tener controlada a la amígdala. Respirar profundamente, contar hasta 10 antes de responder de forma presencial o virtual, hacer tareas que no contengan carga emocional (mira, es un buen momento para dejar la casa como una patena) o reconducir nuestros pensamientos hacia otras cuestiones. Son pequeños trucos que nos ayudan a tenerla más regulada. Porque, de lo contrario, nos puede pasar lo que le está pasando a mucha gente; broncas, malos ratos, insomnio…

El otro día le escuché a un filósofo hablar del «miedo al miedo» o lo que es lo mismo tener miedo a tener miedo. Fíjate qué filón para la amígdala.  Tener miedo al miedo nos puede hacer mucho daño emocional. Las emociones no son buenas ni malas; todas son necesarias. Lo que importa es lo que hacemos con ellas; deberíamos aprender a regularlas y transformarlas.

Si tenemos miedo a tener miedo podemos reaccionar con un bloqueo absoluto o, al revés,  con ataques de ira (enfado). En definitiva, multiplicamos sus efectos más extremos y la emoción deja de tener utilidad y se convierte en un obstáculo. En esta situación, somos rehenes del miedo y vivimos secuestrados por una realidad poco real porque está impregnada por el miedo menos adaptativo. Y, esta situación se va retroalimentando porque las emociones no distinguen entre realidad y ficción así que seguimos engordando  la idea de que tenemos que tener miedo a tener miedo. Y claro, actuamos como pensamos.

No tengamos miedo a tener miedo; no tengamos miedo a una emoción que nos ayuda a ser más prudentes y reflexivos. Aceptemos al miedo como parte de nuestra inteligencia emocional y saquemos lo mejor de él. El miedo nos prepara para la acción y si sabemos dosificarlo bien puede ser la clave para acertar o no errar.

Que viva el miedo y las personas que no tienen nada que temer porque sus intenciones son buenas.

Recuerda #lallaveerestú#.

Hoy no pensaba escribir pero, estoy preocupada

Hoy no pensaba escribir pero necesito compartir con quiénes estáis ahí, al otro lado una preocupación.

Si las redes nunca se han caracterizado por ser un remanso de paz, desde que comenzó el Coronavirus el grado de encrespamiento no sólo ha aumentado sino que se ha agudizado de forma notable.  Redes sociales como Facebook o Twitter así como Linkedin están mejorando sus marcas en comentarios vacíos, irresponsables, insolidarios, agresivos y carentes de cualquier cualidad positiva.

La tecnología nos está ayudando mucho como elemento de interconexión personal pero no tenemos ni puñetera idea de cómo usarla. Y no sólo es eso, lo peor, a mi manera de ver es que las redes nos están «chivando» cosas muy «chungas» y tristes. Sí, empleo la palabra «chungas» y no otras palabras porque verdaderamente lo creo.  Lo que se dice y cómo se dice es un ejemplo del manual de perfecto «analfabet@ multipotencial». En analfabetismo elevado a la  máxima expresión ; si sabe, ni lo parece. El discurso (por llamarlo de alguna manera) que emplea lo podría aplicar con igual éxito en cualquier conversación, en cualquier contexto y  en cualquier intervalo temporal porque no hay por donde cogerlo. Irradia malas intenciones, sólo eso.

No son la mayoría pero sí son una minoría muy insistente en su ignorancia y falta de respeto a todo y a todos.

Sería muy interesante analizar esta situación a través de datos numéricos porque es un barbaridad la cantidad de falsedades e insultos que se comparten cada segundo. Si esto es un reflejo real de nuestra sociedad, vamos de culo. Porque, me gustaría recordar, que las personas que tratamos de ser positivas no somos ni ilusas ni gilipollas; somos muy conscientes de todo porque nos informamos, tenemos nuestra formación, también nos viene bien el dinero, tenemos todo tipo de pensamientos, somos críticos, etc. Pero, sabemos que cualquier problema, sea de la magnitud que sea, sólo se resuelve a partir de una actitud positiva, constructiva y proactiva ( «En el agua estancada sólo salen sabandijas»).

Esto me preocupa pero aún me preocupa más otra cosa; las personas «normales» con sus  defectos y virtudes se están yendo porque no lo soportan más.  El problema no es que se salgan definitivamente o temporalmente de las redes; eso no me ocupa. El problema es el porqué lo hacen.  La insistencia de los ignorantes multipotenciales y, reconozcámoslo, su resistencia está superando con creces la buena voluntad de la mayoría. Si esto también ocurre a pie de calle, estamos perdidos.

Si esto es lo que pasa en cada casa, en cada barrio, en cada pueblo o cada ciudad reconozco que me estoy equivocando y que el cambio será a peor. En este momento, sigo apostando por mi teoría pero, alarmada y preocupada por no estar en lo cierto mando un SOS a todas aquellas personas que siguen creyendo en el ser humano como alguien constructivo ( que se equivoca sí, pero que no escupe veneno) y les pido que no decaigan. Que sigan en las redes o no, que hagan lo que quieran pero no se dejen superar y saturar  por las malas intenciones porque si no, por acción u omisión estaremos permitiendo que logren sus objetivos; encrespar y anular cualquier tipo de mejora. Que sean ellos los que acaben saturándose y se vayan por donde han venido ( o cambien su actitud). 

No sé a dónde llegará esta petición y tampoco sé si me he explicado bien o estáis de acuerdo conmigo. Sólo sé que quiero hacerlo porque me resisto a ser cómplice de los palmeros del «Coronavirus».

Gracias.

Cosas que pueden pasar un día de estos

Aunque a veces ya no sabemos en qué día vivimos los días van pasando y rápido.  Con este  confinamiento puede pasar como con los niños; una hora puede parecer eterna y  un año  se va en un abrir y cerrar de ojos. Ironías del tiempo y caprichos de la percepción.

Y en este mundo paralelo que cada uno crea al calor de  cuatro paredes pueden pasar cosas tan dispares como algunas de las que te cuento.

  • Preguntes cien veces qué día es y qué hora como si tuvieses prisa. Ah, a lo mejor lo preguntas porque te has hecho un planing de esos que se tarda más en hacer que en saltárselo. No te preocupes, la planificación es un mal necesario y hasta los expertos saben que se planifica dando por supuesto incumplimientos pero que es necesario para refrescar a nuestro cerebro, ayudarle a identificar tareas por hacer y formas de abordarlas.
  • No sé si te ha pasado alguna vez. Un grupo de personas que van a comer juntas; por los motivos que sea parece que no hay mucha comida.  Al final acaba sobrando comida. En otras ocasiones tenemos la percepción de que hay mucha comida, demasiada y ….no sobra nada!!!! Más allá del grado de glotonería del personal, ¿Qué crees que ha podido pasar? Cuando hay poca comida te haces a la idea de que vas a comer menos y así lo haces; te dosificas pensando en los demás. Nadie quiere ser el que más coma o incluso el que acabe la comida.  Eso pasa en muchos aspectos de nuestra vida en general; nos hemos creído que el mundo era un festín constante el que había que comer y beber más de lo que necesitábamos sin pensar demasiado en los demás. Día tras día hemos salido de casa para  buscar más, para tener más, para parecer más y el festín se ha acabado. Y sí, también hemos dado pero….hemos dado lo que nos sobraba NO HEMOS COMPARTIDO.  Y ahora, en casa (bien cargaditos de papel higiénico, las mejores teles, los sofás más confortables, la comida más rica) nos damos cuenta de que nada de todo esto es necesario en esas cantidades. Que nos sobran cosas y nos falta bienestar emocional.  Que nos sobran proyectos y nos falta ilusión de la de verdad, que nos sobran pensamientos y nos faltan decisiones, que es más doloroso que nos falte la salud a que nos falten las vacaciones (aunque haya quien aún no se haya dado cuenta). ¿Qué te sobra? y ¿Qué te falta?. No sabemos qué va a pasar pero dentro de lo que pase nosotros tenemos mucho qué decir y debemos intervenir para que sea lo mejor para todos.
  • Todas las horas del mundo para hacer lo que quieras (o para negociar con tus hijos); poco urgente aunque mucho importante. Y se acaba el día y no has llamado a quien quieres llamar y no has felicitado a tu querida amiga Esti. No tengo excusa, menos mal que soy de las de San Queremos y me permito felicitar cualquier día (como hoy, zorionak Esti!!!).
  • ¿Cómo puede ser? Pues puede ser que al cabo del día pases de un estado emocional a otro a la velocidad de la luz. Puedes estar pensando que el mundo es una mierda y un segundo después  aplaudir y agradecer que tantas personas sean tan generosas; puedes tener una ganas tremendas de dinamitar las redes sociales cargando contra los que consideras «terroristas de la red» mientras le están dando un like a una acción o información que consideras positiva. Así somos los seres humanos, intensos (y más en estados de alarma).
  • Puedes estar comiendo todo lo que te apetece porque el pijama o el chándal o la malla elástica  todo lo soportan y visionar bien sentado en el sofá rutinas de ejercicios. Simplemente, te estás planificando para el lunes o para cuando todo esto pase.
  • Puedes estar quejándote de cómo es la gente mientras sales a comprar las galletas que se te habían olvidado en las dos salidas anteriores. O, como le ocurre a un ‘amigo’ que me estoy echando que mientras saca al perro da lecciones al resto de paseantes sobre el confinamiento y sus bondades. El profe, necesita al menos una hora de clase para hacer su contribución social.  Ni el mandala que estuve pintando ayer fue suficiente suavizar mi perplejidad y enfado…Se lo dije un día pero el profe creo que no se sabe la lección.

Y así van pasando los días; entre incertidumbres reales y creadas, ajenas y propias, necesarias e innecesarias. Nos quedan varios días por delante, días que (sin asegurarlo mucho) es posible que no volvamos a vivir. Saquemos lo mejor que podamos de ellos y démosle sentido a lo que parece un sinsentido.

Feliz domingo, gracias a todos.

Después también es hoy

Hay una parte de mi que está encontrando mucho bienestar en el confinamiento; tiempo para estar con mis hijos, mucha reflexión y pocas prisas y tengo todo lo que necesito materialmente hablando. Creo que estoy viviendo el presente e ilusionando el futuro; me gusta. Es probable que el día antes de que todo esto acabe más de uno y más de dos tengamos cierta pena porque así sea y cuando volvamos a la rutina tengamos nostalgia de los días de recogimiento. Así somos los seres humanos.

Mientras tanto disfrutemos (cuanto y como podamos) los momentos positivos que nos da el confinamiento y aprendamos todo lo que podamos de las partes más duras y dolorosas.

LLegará el día en que salgamos de nuestras casa y sintamos cierta desprotección; después de todo ya no nos cobijan las cuatro pareces, todo vuelve a iniciarse o reiniciarse y hemos de coger ritmo. Y lo haremos, claro que lo haremos. ¿Cómo lo haremos? Pues eso depende de cada uno de nosotros. Aunque en algunos casos el margen de elección y maniobra pueda ser reducido SEGUIMOS SIENDO LIBRES y en teoría con alguna lección más aprendida. Pues pongámosla en práctica.  Demostrémonos y demostremos al mundo que somos dignos de él y que sabemos hacer mejor las cosas. ¿Nos queremos?, ¿Queremos a nuestros hijos? Pues de verdad demostrémoslo y demos un plus de humanidad, consciencia y responsabilidad a todo lo que hagamos y decidamos.

Leer, dar un like o recomendar es grato para quien lo hace y para quien lo recibe pero bueno….no es más que eso. Eso es fácil.

Estos días las redes están que arden; nos movemos buscando distracción, información, alivio, desahogarnos o encontrar posibilidades profesionales.  El Coronavirus no ha dejado ni dejará indiferente a nadie y nos tocará (ya lo está haciendo) las emociones, la salud y el bolsillo. Parece la receta perfecta para dejarnos KO; lo que más nos duele es lo que más vamos a tener que tocar, replantear e incluso modificar.

Pero, para de verdad salir reforzados de esta crisis, para superarla con el menor número de dolores posibles hay que «arremangarse» y ponernos manos a la obra. Tocar las teclas del ordenador cual juez lanzando veredictos no nos puede hacer creer que somos capaces de todo. Ni mucho menos.

Esto, si de verdad se quiere arreglar, no se hace desde un like, ni siquiera desde una pantalla de ordenador. El germen, la semilla que ha de florecer más fuerte y hermosa sólo puede ser plantada y cuidada por el ser humano y entre seres humanos. Porque detrás de un contacto físico, un espacio compartido, una mirada, un gesto, un silencio, un abrazo o un apretón de manos se sabe de verdad cuáles son las verdaderas intenciones.  La tecnología es un medio que  apoya, como no, y  permite que las  intenciones que conviertan en realidad.

Estés en la situación que estés (desempleado, trabajador por cuenta ajena, empleador, autónomo, gestor CEO de hogar, etc)  mírate y déjate mirar; no lo hagas todo por la red, acércate al otro y demuestra tus intenciones. A partir de ahí es cuando vamos a reconstruir y construir nuevas redes que nos permitan pescar más y mejor.

Esta situación que vivimos nos está demostrando qué manda y a quién debemos prestarle más atención. Debemos de poner en el foco más en el cómo que en el qué. Si queremos ser mejores e incluso conseguir más cosas está bien, hagámoslo, pero cuidando mucho el cómo lo hacemos.  No todo vale ni para nosotros ni para los demás; quien no entre a ello tarde o temprano se verá apartado tanto en el ámbito social como en el económico.

Escucho y leo atentamente las impresiones de numerosos expertos en áreas tan diversas como la economía, el ecologismo, la filosofía, la tecnología, la medicina…y, verdaderamente nadie sabe cómo va a reaccionar el mundo después de todo esto. No hay precedes similares a los que agarrarse para prever pero sí hay algo que todos comparten; es el ser humano (tú y yo) quienes serán la llave que abra o cierre la puerta de la solución.  

Por ejemplo, se me ocurre que, desde el confinamiento podemos;

  • Saludar amablemente a los vecinos y preguntarles cómo están o si necesitan algo.
  • Ayudar (poniéndolo en conocimiento de quien sea competente) a aquellas personas (niños y mayores) que sufren dentro de su hogar. No nos hagamos los tontos, que oír seguimos oyendo.  Tengo la sensación de que el Coronavirus nos ha mandado la mascarillas para que nos callemos un poco y aprendamos a escuchar y actuar. Este mundo es el de los valientes, el de aquellas personas que se han dado cuenta de que no pueden girar la cara y taparse los oídos frente al sufrimiento ajeno. Sí se puede, hay que hacer.
  • Pagar, pagar y pagar impuestos sin clamar al cielo y despotricar. Está bien auditar e incluso discrepar con  el cómo se gestionan pero dejémonos de quejas que es muy, muy cansino.
  • Hacer caso de lo único que se nos pide; quedarnos en casa.

De uno en uno se hace un millar, un millón y los miles de millones que estamos. De uno en uno ha de partir la solución. Es verdad que las decisiones de unos tienen más impacto que las decisiones de otros. Entre todos habrá que velar para que quienes decidan lo hagan lo mejor posible mientras cada uno de nosotros ejercitamos la coherencia y eso implica echarle un par.

#lallaveerestú#

Te entiendo pero no lo creo

los días pesan, o no….no lo sé.  Recuerdo aquellos tiempos en los que salíamos la calle y, cual militares, seguíamos un rutina semanal como si no hubiese más alternativas. Y llegaba el viernes y, todos contentos; la semana había sido muy dura y…No sé, sigo pensando en que algo no cuadra. No acabamos de encontrarnos demasiado sentido.

Hoy me levanto más reinvindicativa de lo normal (difícil pero posible) y tanto el cuerpo como el alma me piden «caña» así que os necesito para desahogarme.

En mi cabeza rondan ideas que quiero contrastar (aunque sea a través de la telepatía de las redes) con vosotros. Ahí van:

  • No, por el mero hecho de salir todos los días al balcón a aplaudir no te dan un vale para luego hacer o decir lo que te da la gana. Que no salgas si no quieres, pero deja de vomitar mierda y bulos a través de la red para crispar o meter miedo al personal. Tengo la sensación de que las redes se han convertido en una escupidera en la que cuando me aburro, estoy enfadado, no me entero o no sé gestionar mis emociones se puede escupir hacia todo aquel que se cruce con nosotros.
  • No, que tampoco pasa nada porque nuestros hijos no avancen en contenidos este curso. Que si no nos hemos extinguido por gilipollas no lo vamos a hacer porque acaben el curso sin saber todas las tablas de multiplicar. Está muy bien, por salud mental, tener rutinas en las que los niños afiancen conocimientos  adquiridos y que, como hay más tiempo (en teoría) puedan comprobar su importancia en el día a día al calor de hogar. Que ya cogerán ritmo, lo harán porque no les va a quedar otra. No caigamos en el error de pasarnos mañanas y mañanas mosqueados con nuestros hijos porque se les ha olvidado restar (como casi me pasa a mi jejejeje). En serio, ¿Qué queréis que recuerden vuestros hijos de esta experiencia? y, lo más importante ¿Cómo queráis que la recuerden y se la cuenten a sus propios hijos?. No, a mi no me gustaría que Jon les contase a mis nietos que su amama , en mitad de una crisis global por una pandemia, se puso de los nervios porque en un momento de despiste total, a él se le olvidó restar o que cada día era un «sinvivir»a cuenta de los deberes…. (Estamos locos o qué!!!!!)….No creo que ninguno de ellos pierda la oportunidad de ser lo que desea ser porque durante unos meses nos centramos en recordar y aplicar lo ya aprendido antes o avanzar en función de las demandas del niño.  Echemos la vista atrás y veamos que, muchos de los referentes sociales y profesionales, han tenido etapas de menor avance académico y han logrado curar a gente, encontrar vacunas, escribir los mejores relatos y hacernos vibrar con sus artes. Es posible que incluso esos momentos «difíciles» sean los que les hayan marcado, impulsado, inspirado y guiado más en su desarrollo personal y profesional. Esta es mi opinión, por supuesto respeto aquellas que no estén en la línea.
  • Los niños quieren salir, por supuesto que sí. Ayer precisamente hablaba yo con un íntimo amigo mío de 11 años que me contaba que  hay momentos en los que se necesita salir. En este sentido es importante comprender situaciones especiales,  muy concretas y específicas. Ahora bien, los niños NO NECESITAN SALIR como si del aire se tratase.  Creo que ellos tienen el umbral del dolor más alto que nosotros jejejee. Quiero decir, los niños, en estos momentos del confinamiento (llevamos en torno a 20 días) son capaces de estar más días en casa. Los son porque tienen una capacidad de adaptación brutal, porque a poco que les expliquemos  comprenden la gravedad de la situación y son muy solidarios. Que les viene bien, claro que sí. Que habría que plantear medidas si esta cuarentena se alarga mucho, mucho más también.  Hoy por hoy los niños son bandera del «Resistiré». Otra cosas somos los mayores. Creedme que lo digo con conocimiento de causa; estar sin salir de casa con un bebé de 8 meses y otros dos (más que movidos) de 3 y 7 años es todo un reto. Creo que más que los niños somos los mayores los que acusamos la necesidad de soltar a nuestras «fieras» para que liberen toda su energía y nos dejen espacio físico y mental  para nosotros. No, no somos malos padres ni malas personas cuando suspiramos deseando que todo esto pase para liberarnos de esa entrega 24×24. Es normal y hasta saludable. Pero, es ahora donde hemos de demostrar nuestra flexibilidad y resistencia (resiliencia) y aguantar  poniendo el foco en lo positivo de esta situación. Si esto no hubiera pasado jamás hubiéramos tenido la oportunidad de CONVIVIR  a jornada intensa y completa con nuestros pequeños; cuántas risas, abrazos, besos, sorpresas y emociones nos hubiéramos perdido. Hombre, si hay mucha necesidad se puede pedir al gobierno que, debidamente organizados, NOS saquen los niños un ratito al día (igual cuela). 
  • NO, todo no lo ha de hacer el gobierno. Tenemos el derecho e incluso la obligación de pedir ayudas que alivien esta situación. Faltaría más. Pero, cuando todo esto se acabe (bueno, desde ya mismo) todos hemos de darle una vuelta al tema y tomar decisiones de mejora.  A escala personal y local hemos de identificar áreas de mejora (relaciones, formas de vida, negocios, rutinas, etc.) más sostenibles y constructivas. Soy autónoma y me siento bastante vulnerable con respecto a las repercusiones de esta crisis global; pediré ayudas pero también buscaré nuevas forma de adaptación y contribución social que ayuden a establecer un equilibrio social . Lo que está claro que es nos toca currar y de lo lindo pero a lo mejor no de la misma manera ni con los mismo objetivos. Siempre he sido firme defensora de que toda persona ha de conocer su propósito vital; un para qué potente que va más allá de recompensas externas como el dinero o el reconocimiento.  Hacer por hacer es tontería.

Pues nada, ya me he desahogado.

Llave, ¿Tú que opinas?. #lallaveerestu#

Cómo resistir en tiempos de…no sé de qué

 

¿Ya te has cansado de quejarte?, ¿Has agotado las reservas del miedo paralizador?. Es posible que la respuesta sea NO.  El miedo, como el sol, es una fuente renovable y la quejas nunca se acaban.

Estrenamos mes y abril nos recoge un poco flojos para qué nos vamos a engañar. Es normal e incluso sano tener momentos de bajón; lo que estamos viviendo es algo sin precedentes, una crisis a todos los niveles que jamás pensábamos que nos iba a tocar vivir.

La «guerra» se libra a nivel sanitario, a nivel económico, a nivel social, a nivel familiar y a nivel personal.  Estar varios días seguidos compartiendo espacio con otras personas (por mucho que las queremos) y sin poder coger aire más allá del que tenga una terraza, balcón o una humilde ventana es todo un reto. Hay demasiada intensidad emocional para poco aire fresco y cuando uno parece estar más relajado el otro le toma el relevo con enfados y miedos…

Vale, todo esto es así y hemos de ser conscientes y sobre todo llevarlo de las forma más adaptativa que podamos. En casa hemos puesto una pizarra en la cocina en la que cuando alguien se porta «regular tirando a mal en tiempos de crisis» ponemos una carita triste al lado de su nombre. La verdad es que está resultando «mano de santo» porque nadie quiere tener caras tristes al lado de su nombre. Ojo, que seguimos con nuestros enfados y gritos pero bajo un umbral reconocido como aceptable por los baremos de la OMS (para familias numerosas).

Más allá de la anécdota me gustaría recordarte, por si te pueden servir, algunas ideas para sobre llevar mejor estos días e incluso sacarle partido a las horas de confinamiento:

  • Se ha demostrado como el hecho de hacer algo bueno por los demás afecta muy positivamente tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente. Venga, piensa en alguien y llámale para decirle algo positivo, darle las gracias, ayudarle en alguna cuestión….lo que se te ocurra. Y no, no lo dejes para luego que te conozco.
  • Finge hasta que los seas; no seré yo quien te diga que dejes de expresar tus emociones más desagradables pero si seré yo quien te diga que no te regodees en estados en los que te invada el miedo, la tristeza o el enfado. Una vez que te hayas desahogado, coge a esas emociones, dale las gracias por todo lo que te ayudan y enseñan, mételas en el bolsillo y empieza a fingir. Finge, finge y finge que sabes controlar tus emociones, que estás aprovechando el tiempo para estar mejor, finge que sabes que todo irá bien, finge que eres la persona que quieres ser en tiempo de crisis... Cuando todo esto pase te darán el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia familiar y personal. Mira, son las ocho de la mañana y mientras estoy escribiendo esto miro a la ventana. De repente, el cielo me regala un precioso arcoiris que, bajo el fondo gris, luce esperanza.  Mientras finges que lo eres , lo haces y los están siendo; de tanto hacer algo se pega jejejje.

  • Echa un ojo y gestiona lo mejor que puedas el grado de frecuencia, intensidad y duración que tienen las emociones dentro de ti y en tu casa. Sabemos que no hay emociones buenas ni malas porque todas nos ayudan a vivir y evolucionar. Aunque, por propia tendencia del cerebro, las emociones afines a la tristeza, miedo, ira y asco son más frecuentas, intensas y duraderas que aquellas vinculadas a los estados de alegría en estos días es cuando debemos hacer un verdadero esfuerzo en incrementar los momentos de alegría, humor, bienestar, confianza, tranquilidad, positivismo etc. y dosificar los estados de ira, miedo, asco y tristeza.  Crea, como si de un curso de cocina se tratase, tus propias recetas de alegría; comentarios, hábitos, ideas que ayuden a relajar y subir el ánimo.  Además de hacer lo que ya sabes que funciona te animo a tirar de creatividad y buscar nuevas fórmulas. El otro día me inventé un juego de simular animales y a los niños les encanta y yo me muero de la risa viendo como Niko imita a los monos.  A mi marido le inyecto humor, sorpresa y cuarto y mitad de inquietud a base de preguntas sorprendentes…Y a mí misma me inyecto escribiendo, bailando con mis hijos, haciendo bromas a mis hijos, mirando por la ventana, viendo todo tipo de programa en la tele, haciendo algún estiramiento, conectando con mi familia y sobre todo, imaginando situaciones nuevas, cambios. Te puede parecer una tontería pero con este pequeño consejo estás ayudando a tu bienestar emocional (mantener controlada la ansiedad, estrés, etc.) a tu bienestar mental (focalizas la atención en ideas más positivas y controlas tus pensamientos) y a tu salud en general a través del  sistema inmune porque se ha comprobado científicamente como el hecho de tener unas emociones u otras con determinada intensidad, frecuencia y duración puede ayudar o debilitar nuestro sistema inmune. Vamos, esta idea es una fuente de salud. Cógela.

y, para acabar ahí os dejo un pequeño «grito de paz».

Recuerda que #lallaveerestu#.

Abrazos virtuales.

Te digo a ti marzo

Se acaban tus días marzo y en Bilbao el cielo quiere llorar. Tú no has sido un marzo como cualquier otro; tu primavera nos ha pillado invernando. Nos has dado un lección de esas que todavía está entrando con sangre y aún no sabemos para qué servirá.

En mi casa, quiero decir, dentro de mí se lleva como se puede. No te voy a negar que para mí el confinamiento no es un gran esfuerzo y me ha permitido estar más tiempo con mis hijos y marido y reflexionando sobre cómo hago y cómo quiero hacer las cosas. A veces escuece. Y desde hace unos días llaman más a la puerta dos  inquilinas que creía controladas; la pena y la culpa.

La primera emoción se presenta en forma de lágrima fácil, pensamientos que se pasan de empáticos al imaginar cómo se estarán sintiendo algunas personas en están sufriendo en primera línea esta situación. A mi mente vienen imágenes de personas enfermas solas, sanitarios que tiran de humanidad cuando no hay nada más, familiares inmersos en el dolor, la impotencia y la incertidumbre, enfermos con alguna adicción y que no pueden salir de casa, personas sometidas a malos tratos encerrados con quienes les agreden, seres a los que asusta más la soledad  que el hecho de contraer el virus… No sé, a veces es no puedo con ello.

La segunda, la señora culpa ha venido hace poco y creo que alargará su estancia. Paro de escribir porque viene Jon a darme un beso y Niko me dice que él también me quiere mucho. Me siento culpable por vivir tan bien; por no poder hacer algo. En ocasiones fantaseo con la idea de saltarme la cuarentena y sentarme todo el día a la salida del hospital de Basurto. Allí, cada vez que salga un sanitario le daré las gracias le abrazaré con todas mis fuerzas y le acompañaré a casa para que se desahogue y llore conmigo por el camino. Qué tontería verdad?

Otras veces imagino que me puedo quitar las manos y se las dejo a las personas que están enfermas; guardarían todo mi calor y calmarían la soledad de la enfermedad porque se adaptarían a su cara o a sus manos cubriéndolas con amor protector. El hecho de tener una mano a la que agarrarse alimenta las fuerzas y la esperanza. Deberían inventar algo así.

Marzo, hasta el momento, a falta de flores, me dejas estas reflexiones:

  • La vida es cambio.
  • El mundo está más vivo que nunca y se defiende.
  • Esto no pasará no; esto continuará en la medida en que ha habido un antes y un después del Coronavirus.
  • Muchas personas somos empáticas y deseamos el bien para todos.
  • También hay otras personas que no han «despertado».
  • Esta situación es como una vida en un videojuego; o la pasamos bien o tendremos que repetir.
  • Me esforzaré más en ser mejor persona; conmigo misma y con los demás. Con el Coronavirus también van a morir prejuicios, desconfianzas y pasados.
  • Ahora poco puedo hacer, pero cuando acabe el confinamiento, algo idearé.
  • A pesar de todo, la vida merece la pena.
  • Gracias.

El cielo sigue llorando; en algunos sitios con lágrimas blancas.  En mi hogar hay actividad y calor. En mi, un poco de paz.

Gracias a quienes estáis ahí, leyendo tras esas pantallas que pierden su frialdad al calor de las emociones.

Y que no decaiga porque la llave somos nosotros.