Día de confinamiento

Buscamos respuestas. Desde que el Coronavirus llegó a nuestras vidas, buscamos respuestas en forma de vacuna y también en forma de explicación.

La vacuna llegará.

La explicación sobre el origen y especialmente sobre las repercusiones de esta pandemia quizás llegue, quizás no o quizás ha llegado pero no sabemos interpretarla todos de la misma manera. ¿Y si la respuesta estuviese ya? ¿Y si en el fondo de nuestro corazón todos intuimos o sabemos el origen de esta situación tan terrible como reveladora?

Es posible que haya muchas personas que no crean que hay moraleja o lección a aprender de todo esto y estén más pendientes de los deberes del colegio de sus hijos o del informe que ha de hacer en la oficina o en las ventas de su negocio. Es posible y tan real como, a mi modo de ver, preocupante.

Vaya por delante que yo también me ocupo de que Jon lea un ratito todos los días y recuerde aprendizajes adquiridos. También me preparo para cuando (quién sabe cuándo) vuelva a dar formaciones presenciales y replanteo mi economía familiar y….pero nada de eso tiene el protagonismo  en estos momentos de nuestra vida.

Sin «comernos demasiado la cabeza» ni generar mayor desasosiego del necesario hablamos y nos cuestionamos nuestra forma de vivir, nuestras prioridades, valoramos y agradecemos lo que tenemos, y entre grito y grito reímos todo lo que podamos. Y así, cuando llamamos a los abuelos ellos perciben (porque así es) que, a pesar de todo, estamos bien y tenemos ganas de superar esta adversidad sin dejar de vivir y disfrutar de los pequeños momentos. Es nuestra forma de contribuir a nuestro bienestar y al de las personas que queremos y que nos quieren. A veces cuesta, pero se puede; basta con obligarnos un poquito y dejarnos llevar.

Porque la vida, a pesar de todo, sigue y en cada hogar los más pequeños crecen a todos los niveles, los «medianos» estamos en constante aprendizaje y entrenamiento logístico, emocional, laboral y relacional y muchos mayores observan desde su fragilidad una situación nunca antes vista en su intensa vida.

Por aquí todo sigue;

  • Jon pasa los días negociando y peleándose con sus estados de ánimos. Su mayor reto; ganarle la partida a la frustración. En general lo está haciendo muy muy bien. Le gusta ejercer de hermano mayor; coger en brazos y cuidar a Malen y chinchar y jugar con Niko.
  • Niko se ha «desenganchado» de la mortadela y se ha pasado al chocolate negro. Luce un bonito bigote y se afana en esconder el chocolate en los rincones más insospechados de la casa. Ha aprendido la expresión «Ay, mis huevos» (si, si lo que te imaginas). Lo ha aprendido de su hermano mayor pero el pequeño la utiliza en cualquier ocasión. Si se da un golpe en el pie «Ay, mis huevos!, si se roza en la rodilla !Ay mi huevos!. Le vale para todo. Optamos por no decirle nada; tarde o temprano se cansará.  Eso me recuerda a la tendencia que tenemos los adultos a repetir ciertos «mantras» que hemos oído en algún lugar como si de verdades absolutas se tratasen y, como Niko, lo aplicamos para todo y para todos. Por ejemplo: ¡Cómo es la gente!
  • Malen sigue en su mini mundo feliz. Su máxima pretensión es moverse por la casa lo más rápido posible. Intenta seguir a sus hermano y poco a poco está cogiendo carrerilla. Es una guindilla y apunta maneras. Empezó el confinamiento siendo un bebé y quien sabe si cuando salga de casa lo haga casi casi andando (bueno, de aquella manera).

Cada uno de ellos son como un Máster intensivo en Inteligencia Emocional. Todo puede cambiar en un segundo; podemos estar «como la seda» y de repente empezar la tercera guerra mundial….Pueden ponerme el termostato del enfado a 100º para, con un beso y un «te quiero» derretirme en un pis-pas.

Y los días pasan y la vida sigue. Pero estos días no son como los demás; los vivimos con nudo en la garganta, agradecimiento e ilusión. No soy ninguna ilusa y sé que hay muchas personas que están viviendo esta situación desde la ira, el rencor y poco aprendizaje positivo quieren sacar. Lo sé y aunque no me da igual, no me importa. Cada uno que haga lo que quiera y pueda y, por supuesto, que asuma las consecuencias de su elección-

Hoy, más que nunca, creo que en el humano que se adapta, aprende y evoluciona. Confío en Darwin. Confío en el poder de la conciencia y porqué no, en el Karma.

 

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