Autor: lallaveemocional

¿Para qué sirvo?

Criar es un reto.

Durante una conversación-discusión con mi hijo mayor lanza al aire la siguiente pregunta ¿Para qué sirven las amatxus?. Lo hace con aire de reproche porque está frustrado y necesita buscar culpables. Seguro que yo tengo algo de responsabilidad pero  es mucho el trabajo que he realizado conmigo misma para saber tratar con la culpa. Ahora, por ejemplo, me viene genial todo el esfuerzo de autoconomiento hecho años atrás ( y en constante activación).

Yo no soy culpable de nada.

Desde que nacemos traemos mochilita; no sé  si cargada de pan pero seguro que cargada de emociones. El entorno, nuestras experiencias y cómo las registramos hacen que esa mochilita crezca con mayor o menor peso. Uno de los pesos pesados que suelen cargar muchas personas es la culpa. A veces es muy sutil y parece que no está pero cuando se manifiesta lo hace estrategicamente; se coloca en la espalda, pecho y garganta y genera bloqueo, frustración, impotencia, tristeza y más culpabilidad.

La culpa engendra al «No merecer».

Como ser individual, pareja, amigo, padre, madre, conocido, profesional, vecino y demás roles  siempre tenemos el reto de servir. Se nos inculca la productividad antes que la felicidad. Desde nuestro nacimiento se espera de nosotros que seamos buen@s, fáciles de llevar, «los más algo» y sobre todo que produzcamos. En el ámbito personal hemos de producir amor, tranquilidad, orgullo, seguridad, bienestar, etc. En el ámbito profesional buscan resultados en forma de números y buena praxis.

De alguna manera tod@s buscamos productividad tanto en nosotros mismos como en los demás y, en ocasiones, nos comportamos como seres perversos. Se nos olvida que no somos máquinas, que nuestro valor es otro.

Las personas necesitamos que nos acepten tal y  como somos sin que se nos juzgue despiadadamente  y sólo así en algún momento evolucionaremos. También necesitamos pertenecer; a pesar de que tengamos defectos buscamos sentirnos incluidos dentro de diferentes grupos.

No hace falta ser el padre que siempre sabe lo que responder y hacer, ni el profesional que se equivoca más bien poco y parece brillante, ni la pareja que llene la vida de nadie, ni el hijo perfecto,  ni…. No hace falta nada de eso. Lo que hace falta es que asumamos que somos seres perfectamente imperfectos que, como decía mi carpeta de adolescente, necesitamos que nos quieran cuando menos lo merecemos.  A partir de ahí, evolucionaremos y aliviaremos culpas que no son nuestras y nos sentiremos merecedores de todo lo buenos que nos pase y queremos conseguir así como responsables, que no culpables, de muchas de los acontecimientos de nuestra vida.

Qué bonitos los días en que no nos sentimos  ahogados con la necesidad de producir para que nos quieran y acepten porque son aquellos ´días en los que, precisamente, generamos más valor que nunca.

No servimos para nada pero lo somos todo.

Antes de llegar al ecuador de esta entrada de blog, mi hijo me acaricia y sonríe. Creo que ya sabe para qué sirven las amatxus.  Criar sigue siento un reto precioso.

#lallaveerestú#

 

Hoy, como es lunes

Hoy, como es lunes la mayor parte de la gente vuelve a despertarse con el despertador. Much@s se levantan enfadados; su presencia alerta de rutinas, obligaciones y responsabilidades. Los lunes no gustan y los viernes sí. ¿En serio, George?. Creo que en el fondo eso de «Estar de lunes» es sólo una expresión hecha; por lo menos, eso espero.

Hoy lunes, mientras estás leyendo esto puedes sentirte bien, muy bien. Será que está ahí, con capacidad para aprender y reflexionar, respiras y sigues teniendo la oportunidad de mejorar tu vida. ¿Qué más se puede pedir?. No me lo digas! Que te toque la lotería, cobrar más, trabajar menos, que sea viernes, que…Déjate de excusas y espabila. Agradece al lunes todo lo que te da; deja de quejarte de cómo te trata la vida y piensa en cómo la tratas tú a ella.

Ya sé que eso de quejarse de vez en cuando no viene mal pero, en su justa medida. Que lo poco gusta y lo mucho cansa ( o algo así).

¿Qué plantas los lunes? ¿Quejas?, ¿Pereza?, ¿Mosqueo?, Pues no esperes recoger otra cosa del lunes. Pero vamos, ni del lunes ni del viernes.  Las personas que odian algún día de la semana seguramente es porque odian alguna parte de su vida y eso es tratar mal a la vida.  Sustituye la queja por petición y concédete el deseo de cambiar.

Mis objetivos para esta semana; quejarme poco, trabajar bastante y reír mucho más. Anda, no te hagas el remolón o remolona y cuéntame los tuyos.

Pues nada, que tengas una buena semana y ya sabes, #lallaveerestú#.

Ana no es un monstruo

Noooo, no lo soy. A veces lo parezco pero no lo soy; o, por lo menos no soy un monstruo al uso. Hace poquito  finalizamos un taller en el que trabajamos activamente la magia de la comunicación y como no, mis compañer@s de taller lograron hacer pura  magia con sus exposiciones.

Cuánto le tengo que agradecer a todas las personas que acuden a los talleres que imparto; me enseñan, facilitan y posibilitan que cada día sea más feliz en mi trabajo. Es un placer ver cómo cada uno de ell@s ser supera y lo hace con mucho esfuerzo. Concibo las  formaciones o los talleres como experiencias vivenciales y eso implica esfuerzo, mucho esfuerzo no sólo por mi parte sino (especialmente) por parte de quienes «osan»  venir.

Entre todos generamos en clima más proclive al aprendizaje y entre risa y risa salimos de la zona de confort continuamente. Menudo reto!.

En este último taller he tenido el placer de compartir experiencia con doce personas más; una docena de magos capaces de comunicar desde la cabeza y desde el corazón.

Con los años cada vez me estoy haciendo más forofa del esfuerzo; cuánto se puede conseguir se le echamos un par (de lo que sea) y salimos de la zona de confort con esfuerzo y superación. Cuando se hace, a lo mejor no somos conscientes, pero ya nada es igual, algo ha cambiado y ese algo crecerá si lo seguimos alimentando.

En cada sesión formativa despiertan de su letargo muchas emociones y se mezclan de forma magistral el humor, con el miedo, la incertidumbre, la pasión, la superación, la frustración…Y en mitad de este batiburrillo de emociones Ana puede parecer un monstruo; algo así como una «tocapelotas» que te pincha y te reta hasta que todos tomemos más CONSCIENCIA de nosotros mismos.  Cuando eso ocurre, Ana parece un monstruo porque es la cara visible de un reto personal y profesional y me encanta, para qué nos vamos a engañar.

En este  2020 prometo aprender esforzarme más y más por dar lo mejor de mi en cada minuto compartido porque CREO firmemente en los talleres y en la formación como herramienta básica de crecimiento personal y profesional y porque creo que todos merecemos subir y subir hasta echar una sonrisa «tonta» de esas que se echan cuando has logrado hacer algo que no pensabas que ibas a poder.

Feliz 2020 para tod@s y especialmente para quienes en 2019 han compartido minutos de aprendizaje y superación (que, por suerte han sido much@s) y a todas las personas con las que compartiré el 2020. 2019 GRACIAS; 2020 BIENVENIDO.

Por cierto, espero que ahora que han pasado las fiestas y su exaltación de las emociones y los propósitos sigas deseando lo mejor tanto para ti como para muchas personas que te rodean; ahora es cuando hay que demostrar que estamos dispuestos a ser cada día más felices y, por lo tanto, evolucionar como personas y profesionales.

No hay excusa que valga porque #lallaveerestú#

 

¿Dónde están l@s tóxic@s?

Deben de ser much@s y/o muy ruidos@s. A lo mejor simplemente es que se han puesto de moda. La cuestión es que en los últimos meses no paro de escuchar y leer titulares en los que se habla de personas tóxicas; «Aléjate de ellas», «Te chupan la sangre», «No te merecen», «Se aprovechan de ti», ´»Están amargadas», «No te dejan vivir en paz», «Te manipulan», etc.

Vaya percal, no? El tema no tiene muy buena pinta. Están en nuestras familias, en nuestros trabajo, en el vecindario e incluso en Internet. Todo el mundo parece tener alguna o algunas personas tóxicas en su entorno personal o profesional y, por lo que cuentan, es lo peor. Nos persiguen. No hay ser humano que no conozca a alguna persona tóxica pero nadie se reconoce como tal. ¿Dónde están?, ¿Quiénes son?.

Esto me recuerda cuando mi hijo Jon tenía 4 años y llevaba un parche corrector en uno de sus ojitos. Después de cuatro horas debía quitárselo. Un día le pregunté si se acordaba de quitárselo y cómo lo hacía. El me contó que iba a donde estaba su profesora y le preguntaba si llevaba el parche; si la profesora le decía que si, se lo quitaba. Me hizo mucha gracia comprobar como  no era consciente de si llevaba o no el parche; seguramente porque ya se había acostumbrado a llevar un ojo tapado y no recordaba que sólo veía por el otro.  Pues algo así nos debe de pasar a los adultos con la toxicidad; todos tenemos claro quiénes son las  personas tóxicas de nuestro entorno pero poco vemos o queremos ver de nosotros mismos.

 

Máscara, Máscara De Gas, Tóxico

La cuestión es que, por estadística, hay personas tóxicas o que en ocasiones se comportan como tal que no se han dado cuenta de que lo son porque, sino, ¿Dónde están todas esas personas de las que se habla?. El compañero de trabajo que malmete, el familiar que todo lo ve negativo, la pareja que nos manipula, el jefe que sólo ve los errores ajenos, la amiga que te pone la cabeza como un bombo, el vecino que…

Estas personas van vestidas de colores y no echan humo (por lo menos, aparentemente) y, unas más que otras, incluso son amables, inteligentes, organizadas, responsables, cariñosas, detallistas, diligentes e incluso guapas. ¡Qué barbaridad! ¿Cómo pueden ser tóxicas y todo eso a la vez?.

Después de muchos meses dándole vuelta al tema y procurando observar más atentamente a estas peculiares criaturas he de reconocer que he descubierto algo escalofriante. He observado a much@s profesionales, a muchas amistades, a muchos conocidos y a much@s desconocidos. También me he observado y escuchado a mi misma.  LO RECONOZCO; en algunas ocasiones me comporto como una persona tóxica conmigo misma y con mi entorno.  No creo ser una persona tóxica pero a veces tengo esos pensamientos, actitudes y comportamientos. Y lo hago cuando me descontrolo emocionalmente, cuando algo me duele, cuando me siento atacada y vulnerable, cuando…

Desde este humilde rincón me gustaría hacer un llamamiento para que por un lado nos quitemos el parche de una vez y reconozcamos (lo que debamos hacerlo) que a veces, somos o podemos ser tóxicos. Eso no nos hace malas personas; sólo nos hace más fuerte porque el hecho de reconocer algo es el primer paso para mejorarlo. Las personas tóxicas «con certificado acreditativo» son una minoría con estados y situaciones complejas. El resto, somos seres humanos en constante evolución que se equivocan, caen, se levantan e incluso son amables.

La próxima vez que hablemos de personas tóxicas tengamos la delicadeza  de tener empatía con ellas (porque son personas que no son felices) y asegurémonos de no ser nosotros los que en bocas ajenas estemos como «personas tóxicas». Va a ser que algun@s se lleven una sorpresa porque sino, las cuentas no me salen.

Si ves a una persona tóxica no hace falta que huyas, simplemente trata de empatizar sin contagiarte de su estado (ya sabes, #lallaveerestú#)  y (en la medida de tus posibilidades) échale una mano. Si ves que eso, en este momento, no es lo que quieres o puedes  aléjate pero no la etiquetes porque, si nos ponemos a etiquetar, hay etiquetas para todos.

Buena semana para tod@s.

#lallaveerestú#.

 

En la mesa de Navidad, conversan las emociones

No sé muy bien porqué pero la Navidad no es algo que me enloquezca. Tampoco la rechazo y menos teniendo niños cerca. Creo que en otra vida he debido de liarla parda en estas fechas (o me la han debido de liar) porque cada vez que asoman las fechas navideñas me siento más alterada. Si no tiro de inteligencia emocional la Navidad puede resultar de lo más desastrosa.

Me gusta la gente, quiero a mi familia y soy defensora de las buenas intenciones pero siempre he sido rebelde y no me gusta hacer o sentir las cosas por imperativo legal o navideño. Estos días me resultan un poco autoritarios y con un contenido emocional difícil de digerir. Ahora no vayáis a pensar que voy por ahí gruñendo cada vez que me dicen feliz navidad o cosas similares; nada que ver. De hecho, soy yo la que felicita la Navidad.  Me refiero a un sensación más íntima y personal de cierta rebeldía hacia tanto exceso material, emocional y conductual.

Por otra parte, me divierte tremendamente observar cómo funcionan las emociones en estos días y cómo se contagian. Como son fechas de tantas interrelaciones personales es mucho más fácil identificar las emociones predominantes en cada persona. Aunque todos pasamos por decenas de emociones cada día, ya hemos hablado alguna vez de que hay personas que se identifican especialmente con unas más que otras. Tanto es así es así que, por ejemplo,  si visualizamos una cena de Nochebuena típica (quien sabe, a lo mejor pasa en tu casa) o una cena de trabajo o amigos  podemos encontrar al típico cuñado o cuñada que mantiene la calma, es correcta e incluso simpática o divertido; a su lado en la mesa estará quien parece que nació enfadado y manifiesta ira, envidia o reproches hacia todo lo que pasa (incluso hacia  el tiempo que hace). A su izquierda está el típico familiar que en su conversación sólo sabe hablar de miedos y incertidumbres; cuando se junta con quien en la mayor parte de las ocasiones ve todo desde la tristeza, desde la melancolía o desde el pesimismo, apaga y vámonos. También nos podemos encontrar a quien todo lo mira desde la sorpresa y no se puede creer nada de nada. En frente, a lo mejor está quien todo lo percibe desde al asco y así lo manifiesta; le parece una mierda cenar todos los años lo mismo, desprecia el comentario de otros o no sabe cómo la gente puede ser diferente a él…

Esta mesa es el fiel reflejo de las emociones personificadas. Echa un vistazo a tu alrededor; cuando salgas a tomar algo, tengas cena familiar o de trabajo. Muchos de tus acompañantes se moverán de emoción en emoción sin mayor problema pero también habrá quien parece instalad@ en la alegría, la tristeza, el miedo, la ira o el asco (sin que hay ningún argumento objetivo que lo justifique).

Otra cuestión más que interesante es el observar el impacto de la sobredosis emocional: De todos es sabido el estrago que puede hacer el alcohol en las reuniones en general y en las navideñas en particular. Pues algo así puede pasar con las emociones; nos emborrachamos de emociones y sentimientos que generan otro tipo de resaca a la ya conocida y afecta notablemente a nuestra salud física, mental y como no, a la salud de nuestro bolsillo.

De todas maneras, que vivan las navidades. Después de todo son días de vida y aprendizaje. En pocos días damos paso a los buenos y verdaderos propósitos como si los anteriores hubiesen sido de corta y pega; y así parece ser la vida, de corta y pega. Pues me rebelo!!!! y quiero tener buenos propósitos todo el año, comer turrón cuando me apetezca y desearle lo mejor a los demás cualquier día.

Acuérdate de seguir siendo feliz el día 7 de enero, tanto o más que cualquiera de los festivos anteriores. Este será nuestro triunfo y sólo nosotros lo podemos conseguir porque #lallaveerestú#.

El día que me tocó la lotería

El día que me tocó la lotería, ni me enteré. Bueno, a decir verdad me ha tocado varias veces y esos momentos no puedo decir que fueron los más felices de mi vida. Para qué nos vamos a engañar; muchas de esas veces pensé que me «había tocado el gordo» versión tragedia.

Fueron decisiones y acciones de otras personas (probablemente influenciadas por las mías) las que en algún momento me cayeron como un balde de agua fría; ¿Cómo podía pensar yo que me estaba tocando la lotería?.

En otras ocasiones me ha ido cayendo la pedrea y tampoco me he enterado.

Han sido los años los que me han chivado cómo va la lotería y qué es esto de que te caiga el gordo de verdad.

La lotería que te toca un día como hoy se siente de forma diferente a la que yo te hablo. Cuanto sale tu número en la tele supongo que entras en nebulosa; primero no te lo puedes creer y después, cuando ya te lo crees, ves la vida de color de rosa (aunque sea, durante un rato) y piensas que es probable que gran parte de tus problemas se pueden solucionar.

Las estadísticas hablan de otras versiones pero no nos vamos a detener en ellas.

La lotería de la que yo te hablo y que te quiero recordar es la lotería que te toca al amanecer; sí, también cuando nos levantamos después de una mala noche o con pocas ganas de afrontar lo que toca ese día. Salvo excepciones, también ese día nos toca la lotería porque siempre hay esperanza de mejora.

En mi caso, cada vez que alguien me cuenta algo positivo de la sesión formativa que hemos compartido me toca la lotería y lo hace también con cada sonrisa y abrazo de mis tres pequeños, lo hace cada vez que suspiro aliviada cuando se salvan de un golpe o caída, cuando el Dalsy hace efecto o cuando duermen toda la noche (aún no le sé porque Malen es muy chiquitina, pero lo sabré), cuando la quimio parece que hace su efecto o cuando no hizo falta. Me toca la lotería cuando suena el teléfono y al otro lado habla alguien contándome problemas banales o cuando escucho en el autobús conversaciones típicas sobre el tiempo o cómo está el tráfico.

La verdad es que me toca mucho la lotería y no me entero, o no me enteraba porque hace tiempo que tomé la decisión de valorar y valorarme en presente y no tras una desgracia. Porque la lotería es caduca y no dura siempre pero, mientras dura que viva la celebración.

Mientras escribo esto, tengo de fondo el sonido cantarín de l@s niñ@s de San Ildefonso. Ya ha salido el Gordo (esta vez ha madrugado mucho, pero nos nos ha ganado).  A mi derecha Malen duerme en su cunita y Niko ve dibujos todo lo tranquilo que de momento sabe estar. Momento lotería!!!!!

Que te toque el Gordo de la Lotería tiene que ser muy guay, sobre todo cuando lo necesitas especialmente. Ojalá nos tocase a todos una vez en la vida.

Para cuando te toque, te deseo que estés tan bien que sepas disfrutarlo. ¿Qué sentido tiene si te tocan una porrada de millones y no sabes o puedes disfrutarlo?. Que no te pille despistad@ y estate preparad@. Cuida de ti y de los demás, mantente alejado de lo no te gusta pero por favor, no te resignes, lucha por una mejora y un desarrollo. Suena a tópico típico todo lo que digo y quizás lo es pero….no por ello no deja de ser una realidad; la lotería es un sentir de ilusión y de ganas de que el mundo sea mejor.  Detrás del deseo que de que nos toque están otros más profundos; sentirnos mejor, más tranquilos, ver a los que nos rodean más felices, solucionar problemas, sonreír, descansar, disfrutar de la vida…Y todo estos deseos no se hacen con o sólo con dinero; no te engañes.

Compra décimos todos los días; ya verás cómo te toca. Yo, haré lo mismo.

Tanto si nos gusta como no, Feliz Navidad para tod@s.

#lallaveerestú#

 

 

 

SACAR PINCHOS

Son muchas las ocasiones en las que la gente me pregunta a qué me dedico. Me explico; a simple vista y en términos coloquiales acostumbro a decir que soy formadora. La verdad es que no he acabado de sentirme a gusto con este concepto, quizás porque le doy una serie de connotaciones con las que no me identifico.  En lugar de formación suelo decir taller y reconozco que me chirría la palabra «cursillo».  No en vano, para mí las palabras son importantes porque creo firmemente en que crean nuestra identidad y dibujan nuestra realidad. Desde que soy más consciente de ello procuro cuidar lo que digo y cómo lo digo y hacerlo con mayor intencionalidad.

Hace unos días, mientras preparaba (o esa era mi intención) unas patatas a la riojana  le daba vueltas a los contenidos de un taller que debía de dar próximamente. Para mí, cada sesión es un mundo y la preparo para luego hacer «lo que me da la gana». Eso sí, gracias a que planifico el taller puedo modificarlo a mi entender en función de cómo se vaya desarrollando la sesión, los participantes, sus estados anímicos…

Y, en una de las muchas reflexiones, pensé una vez más en el concepto de formadora. Y, no me digas porqué, me acordé de un pincho y del malestar o dolor que sientes cuando lo tienes clavado.  Al principio quizás no nos hemos dado cuenta de que nos hemos  clavado un pincho o bien por no ser conscientes o bien porque no duele lo suficiente; más tarde la molestia o el dolor se hacen más intensos por lo que ya no podemos hacer como que no pasa nada. Nos nos queda otra que mirar; duele porque está bastante clavado y la zona está roja. En ocasiones ya está dentro de nosotros; la transparencia de nuestra piel no avisa de que hay algo dentro que no debería estar. Aquí viene el momento más «jodido» porque hemos de decidir si pasamos del pincho y esperamos que salga sólo o desaparezca por ciencia infusa ( asumiendo consciente o inconscientemente el riesgo de infección) o si nos atrevemos a sacarlo. De hacerlo, sabemos que nos espera un rato de malestar o dolor pero cuando logremos sacarlo (o le pidamos ayuda a alguien para que nos le saque) estaremos aliviados, muy aliviados y sabremos que somos capaces de quitarnos un pincho.

Valga éste símil para explicar a lo que siento que me dedico yo; me dedico a ayudar a quitar pinchos y gracias a ello, me quito los míos. 

Con cada concepto, con cada emoción y con cada dinámica nos quitamos pinchos porque tomamos consciencia de nuestro estado; de nuestras fortalezas y debilidades.

Me encanta ayudar a quintar pinchos y agradezco a todas aquellas personas que confían en mí para hacerlo porque gracias a ellas mis pinchos salen y soy mejor persona. No diré que debería pagar por ello porque oye, mi prole también come, pero qué menos que agradecer a todas las personas con las que he compartido, comparto  y compartiré horas y horas de reflexión, aprendizaje y desarrollo personal y profesional.

La patatas no me salieron tan bien como me hubiera gustado pero  me quité un pincho de encima; ahora sé explicar mejor a qué me dedico.

#lallaveerestú#buendia.

 

Mis máster en Inteligencia Emocional

Vivimos en un mundo en el que, aunque cada vez menos, reina la titulitis.  Hay quienes aún creen  que ser poseedor/a de un título formativo te certifica como la guinda del pastel; alguien que merece, cuanto menos, un trato especial.

Y no, eso no sólo sucede con la formación; seguramente recordarás haber oído algo así como » Y tú, ¿De quién eres?», » Es de buena familia porque su padre es…y tiene…».  El caso es que nadie puede quedarse sin etiqueta y en este mundo en el que vivimos se ponen (y nos colgamos) más etiquetas que en el Corte Inglés.  Ahora, muchas de ellas se cuelgan en forma de likes; tantos tienes tantos vales, tantos tienes tanto te quieren y, a veces,  tantos tienes tanto «tont@» te puedes volver.

Bueno, más allá de esta pequeña reflexión me gustaría contarte que yo, como buena ciudadana mediocre, en algún momento también pensé que tener muchos títulos formativos me harían merecedora del mejor de los tratos y consideraciones. El caso es que sí, que ni más ni menos que la media, he obtenido mis títulos.

Y ahora, rondando los 40 no me arrepiento de ello porque aprender he aprendido ( aunque no siempre el título implica aprender). Con todo ello,  me he dado cuenta de que, de entre la masa, lo que me puede diferenciar no es lo que tengo, es lo que soy. Ya ves, a mi edad y parafraseando un anuncio de relojes.  Lo que sé no sirve de nada si no transforma lo que soy, y menos aún, se quiero evolucionar en todos los sentidos.

Hace un mes comenzó mi cuarto máster en inteligencia emocional; se llama Malen y vino al mundo el 5 de agosto. Ella, junto a sus dos hermanos son mis verdaderos maestros; me ponen frente al espejo día sí y día también. Saben evidenciar y sino, ya me lo recuerdan, cada una de mi debilidades y errores pero refuerzan como nadie mis fortalezas. Los tres son intensos y exigentes (como su madre) pero tremendamente comprensivos conmigo. Saben que hago lo que puedo y que quiero aprender y hacerlo cada día mejor. Cuando no me salen las cosas como me gustaría me besan y con sus manitas me sujetan la cara mientras me repiten (como alguna vez hago yo) «No pasa nada, lo conseguirás». 

Me formo y me formo en inteligencia emocional y habilidades interpersonales. Busco en Internet, leo libros, asisto a cursos y cada día me doy más cuenta de que lo que vivo con ellos me aporta más aprendizaje que todo lo anterior junto. Cuántas veces buscamos fuera lo que tenemos dentro! Y esta reflexión se puede llevar al día día de cualquier persona; es en la calle,  escuchando y observando a las personas como de verdad aprendemos a desarrollarnos personal y profesionalmente. 

Te podría contar decenas de historias que nos pasan cada semana y, de hecho, te invito a descargarte mi siguiente podcast en el que te cuento mi primer día de colegio…. https://lallaveemocional.com/podcast/. Sin desperdicio.

https://lallaveemocional.com/podcast/

Y te preguntarás, Ana  ¿A dónde quieres llegar? Sinceramente, a nada en concreto. Simplemente quiero recordarte que el gran aprendizaje de la vida está dentro y muy cerca de nosotros.  El día a día es nuestro maestro; nuestras retos, amistades, conflictos, reacciones, emociones y reacciones son las que no «chivan» en qué punto del camino estamos para ser lo que queremos ser personal y profesionalmente.

Haz la prueba mañana. Desde que te levantes hasta que te acuestes, observa y pon atención tanto en ti mism@ como en tu entorno, observa cómo reaccionas con él y él contigo y, en poco tiempo, descubrirás respuestas que jamás vas a encontrar ni en Google, ni en Facebook, ni en Twitter ni en Youtube.

Recuerda que lallaveerestú.

¿Por qué la inteligencia emocional te lleva al éxito?

¿Exagerada? Ni mucho menos. Por mi propia experiencia y por todas las recogidas a lo largo de varios años dedicamos al mundo de la inteligencia emocional sé que no es una exageración. Ayer me lo comentaba un asistente a una de mis formaciones; «Esos diez días me cambiaron la vida», me dijo. No os voy a negar que me encantó oírlo; de alguna manera algo tuve que ver. Pero, no me engaño; no se trata de mí sino de él. No se trata de que me considere una persona de éxito sino una persona que cada vez está más cerca de lo que desea a nivel personal y profesional. Para mí eso es el éxito. Hacer de mi inseguridades y «mala hostia» mi gasolina para acercarme a lo que llamo éxito ha sido un triunfo personal y profesional. Cierto es que no todos los días lo consigo pero la mayoría SÍ. Sigo contando con mi «carácter» porque forma parte de mi pero, en general, soy yo quien lleva mi propio control; ni los demás, ni los acontecimientos ni mi propia mente manejan mi vida.

Voy por buen camino. Estoy tan en racha que igual me animo a reducir mi gran vicio (El Cola Cao). Ya veremos.

¿Por qué la inteligencia emocional te lleva al éxito?

  • Porque sólo ella hace que sepas ir formando ese puzzle mental y emociona eres tú (y yo). «Qué sorpresa saber eso de mí» dicen algun@s.
  • Porque saber qué emociones tienes y cómo manejarlas es un camino obligatorio si lo que quieres es desarrollarte personal y emocionalmente.
  • Porque sólo la inteligencia emocional es la que te va quitar la cara de «tont@» (por no decir otra cosa) cuando no has sabido reaccionar o lo has hecho de forma incontrolada en una situación más o menos importante. «Mi jefe grita que así no pueden seguir las cosas; mi equipo dice que me tiene miedo» dicen algun@s mandos.
  • Porque, independientemente de estar en lo cierto o no, tus decisiones van a ser mucho más tuyas porque van a ser más conscientes. » Estaba cansado de dar la espalda a los conflictos. No sabía cómo abordarlos» cuentan algunas personas.
  • Porque, con inteligencia emocional, vivirás TU vida acorde a tus valores. «Lo tenía todo y estaba hasta insatisfecho; ahora ya sé porqué».
  • Porque con inteligencia emocional te ves más atractiv@ y exitos@ ( es broma… o no). «Me siento más segur@ y hasta tengo la sensación de que la gente quieres estar más conmigo».
  • Porque no hay nada mejor que sentir satisfacción con un@ mism@; esa satisfacción de ir mejorando y evolucionando gracias al propio esfuerzo.La inteligencia emocional es un trabajo de «pico y pala» pero muy agradecida porque enseguida encuentras diamantes. «Una semana poniendo en práctica algunas técnicas y ya me han dicho que qué me pasa, que en las reuniones escucho y todo».
  • Porque trabajar la inteligencia emocional cuida de nuestra salud.
  • » Parece que mi estómago está más tranquilo y mi tensión también»

Son muchos más los motivos por lo que la inteligencia nos acerca al éxito; no son para contar, son para vivir así que recuerda que la llave eres tú.

Decisiones que cuentan tu historia personal y profesional

Estaba escuchando a Tony Robbins cuando, como casi siempre me sucede, me han venido muchas ideas y reflexiones a la cabeza. La que más ha resonado en mi inquieta mente ha sido la siguiente: Si nuestra historia es producto de nuestras decisiones, tendré que echar un vistazo y repasar las decisiones que más han afectado a mi vida personal y profesional.

¿Sería interesante hacerlo, no?. Después de todo así sabré si me conviene o no repetir la estrategia.

Cuando «contamos nuestra vida» podemos tender a echar balones fuera y responsabilizar a las fuerzas del bien o del mal (según nos conviene) de nuestra andadura y resultados. Es posible que para muchas personas el azar sea un jugador importante en la partida aunque, no nos engañemos, la capitanía la debemos de tener nosotros. Si no fuese así, no nos saldría a cuenta levantarnos de la cama.

Por cierto, ha llegado a mi memoria una experiencia más repetida de lo que me gustaría que aconteció en mi vida profesional hace ya más de diez años. Por aquel entonces yo hacía selección de personal y estábamos en una época (para algun@s gloriosa) caracterizada por el reinado del noble ladrillo. Costaba mucho encontrar personas disponibles para trabajar; había movimiento en el mundo laboral y encontrar peones para cadenas de producción se convertía en algo así como una proeza. En esos días oí, y más de una vez, de boca de chicos de no más de 20 años, sin formación pero con grandes pretensiones que «no se levantaban de la cama por menos de 1500 Euros». La risa tonta era lo que me entraba a mí; en aquellos tiempos me levantaba (y ahora, también lo hago y lo haría) por menos de esa cantidad. Lejos de juzgar conductas u otras épocas anteriores me pregunto qué será de ellos en éste, nuestro presente laboral. Quién sabe!!!

Más allá de esta anécdota no podemos negar que las decisiones que tomamos o no tomamos marcan nuestra vida profesional y personal. La clave está en saber identificar qué tipo de decisiones tendemos o no a tomar y si estamos satisfechos con ellas y con las consecuencias que nos han generado. Por mi parte he de decir que hay decisiones que he tomado que, aunque incómodas y dolorosas en su momento, han sido la antesala de mi nuevo hogar; donde quiero estar personal y profesionalmente.

Decidir qué hacemos o no hacemos, de quién nos fiamos, con quién nos aliamos, en qué nos formamos o cómo nos relacionamos son decisiones clave poner los cimientos de nuestra estructura vital. Los resultados son importantes sí pero no menos que la autoría; si te equivocas, por lo menos que sea tu equivocación porque tú conscientemente hayas decidido lo que querías hacer.


Y no te olvides de que siempre estamos a tiempo de cambiar de opinión, de que la llave eres tú y de que en agua estancada soló crecen sabandijas.

Y si te pregunto:

¿Sabrías identificar las tres decisiones más relevantes de tu vida personal y profesional), ¿Volverías a decidir lo mismo?, ¿Qué has aprendido?. ¿Te levantarías de la cama por menos de 1500 Euros mensuales? (La última, es broma).
Y no te olvides de que siempre estamos a tiempo de cambiar de opinión, de que la llave eres tú y de que en agua estancada soló crecen sabandijas.