Y dice la Pelaya

¿Qué a qué hora me he despertado? Prefiero no entrar en detalles. Sólo te confirmo que Niko ha preguntado varias veces «cuándo se hacía de día». Como en día anteriores, no ha faltado la pataleta. En estos momentos me acuerdo de aquel simposio de gente muy culta, importante, reflexiva y resolutiva que durante unos días se reunieron para hablar de la vida y consensuar ideas. Conclusión acordada final: «Todo pasa». Hombre, podían haberselo currado un poco más y concretar cómo hacer para que algunas cosas pasen más rápido, ¿no?.

La verdad es que, con lo que respecta a las pataletas ya me sé la lección; paciencia. Ya sabes, ese amor de la la pandilla de la alegría que hace que todo sea más llevadero y menos impactante. En esas estamos.

Y hoy, ¿de qué te quiero hablar? A veces se me va «el santo al cielo»…Ah! ya lo recuerdo. Te quiero recordar eso que suele decir Ana. Ya sabes, que no hay decisión sin emoción. Vamos, que cuando vayas a decidir algo tengas muy en cuenta desde qué emoción lo haces. No vaya a ser que la líes.

Estamos en tiempos en los que el miedo, la ira y las tristeza campan a sus anchas. La situación es y está complicada. Si no controlamos nuestras emociones, el tema puede empeorar y mucho. Sí, sin paños calientes. Especialmente ahora, las emociones cobran protagonismo; nos avisan de cómo estamos por dentro y de las posibles consecuencias externas.  Te están avisando, luego, no te quejes que nos conocemos.

En fin. Cada vez que decidas algo más o menos importante asegúrate de que lo haces desde alguna emoción de la pandilla de la alegría (amor, esperanza, ilusión, seguridad, tranquilidad, paciencia, etc.). Hacerlo así, te acerca al éxito. Y, si decides decidir desde la ira, el miedo o la tristeza hazlo conscientemente y con la dosis adecuada. Ya sabes, como si fuera sal.

Tomar decisiones «secuestrados» por la emoción implica un alto precio de rescate.

Con o sin confinamiento perimetral #lallaveerestúconacentoenlaú#

Y dice la Pelaya

¿Sabes quiénes son Masha y el Oso? Son unos dibujos animados. Masha es una niña con pañuelo en la cabeza que tiene en un sinvivir al oso. Muy entrenidos, no lo dudes.

Pues en mi casa tengo una Masha sin pañuelo pero con ricitos. Un terremoto que madruga. No sé dónde lo han aprendido pero mis tres hijos madrugan, y mucho. El caso es que normalmente la mañana transcurre con «relativa» tranquilidad. Ayer y no no. Os enseñaría una foto de cómo queda la casa pero preferiero que tiréis de imaginación.

El caso es que una pataleta de las gordas de un niño de 3 años, un terromoto quejoso por no haber dormido bien y uno «comonotengotabletymeaburrovoyachincharyjugarconmisheramanos» a las 6:20 de la mañana es todo un reto para mi inteligencia emocional. Para la mía y para la del vecino de abajo. Sin duda, le hacemos pasar por mil emociones cada día. La última vez que hablé con él me contó que algún día le gustaría tener hijos. ¿Seguirá pensando lo mismo? No me atrevo a preguntar.  Niko y Jon le han hecho un dibujo acompañado de una petición de perdón. La hemos dejado debajo de su felpudo. Tal y como están los tiempos no sé si se atreverá a cogerlo. Quizás el título del sobre: «Para mi vecino Daviz» le de alguna pista.

Y, ¿qué te quiero contar con esto?. Además de desahogarme (que nunca bien mal) me gustaría decir que, a pesar de todo, merece la pena. Y es que todo lo bueno, lo bueno de verdad. requiere de algún sacrificio y esfuerzo. Forma parte del camino. La maternidad o paternidad, proyectos profesionales, emprendimientos, superación personal, relaciones personales..Todo ello tiene tanta luz como sombra. Es, lo que es. Aceptar lo que nos agrada y motiva implica aceptar también esfuerzo y sacrificio. Y, aunque hay momentos más o menos fáciles, complejos o duros, merece la pena.

A estas alturas no creo que creas a pies juntillas que la vida es o son sólo  fotos o momentos aislados de Instragram o Facebook. Efectivamente, gusta, recrea e inspiran esas fotos. Siempre es motivador visualizar imágenes que nos agradan e incluso impulsan a empezar, continuar o finalizar algún reto. Pero, la vida es más. Detrás, al lado y delante de esas fotos también hay esfuerzo. Y no me refiero únicamente al esfuerzo que requiere hacer una foto, transmitir  un contenido, seleccionar un estilismo o elegir un escenario. Me referio al esfuerzo emocional de hacer cuando no apetece, de seguir cuando estamos tristes, de insistir aunque no estén los likes deseados, de reafirmarnos ante las críticas, etc.

En las peliculas, en las redes sociales e incluso en la vida cotidiana no se suelen ver esos esfuerzos y superaciones. Pero están. ¿Es bueno que se vean? Puede serlo. Ayuda a no dar una imagen sesgada de la vida ¿Es bueno que la vida también se vea bonita? Por supuesto que sí. Aunque no sea más que porque nos relaja o entretiene siempre viene bien. Pero  además, puede inspirar y motivar a quien en ese momento no se sienta inspirado o motivado.

¿Dónde puede estar el secreto? Quizás en que cuando alguien construye la vida que desea, los sacrificos no son tales. Se perciben como parte del camino. Se sobrellevan mucho mejor porque hay un fin que nos merece la pena.

Que tengas un precioso día. Construye tu propia vida. Protagoniza tu propia historia. Porque #lallaveerestúconacentoenlaú#.

 

 

Fatiga decisoria , así se llama lo que muchas personas pueden estar sintiendo a lo largo de estos últimos tiempos. Decidir, lo que es decidir todos los días lo hacemos muchas veces; dicen que en torno a 35.000 veces. Muchas me parecen. La posibilidad de error no es pequeña.

Claro está que hay decisiones más importantes que otras, pero en estos tiempos uno a veces ya no sabe cúales son cuáles. Y deberíamos saberlo.

Con esto del Covid y su intensa capacidad de contagio nuestra capacidad decisoria todavía está más estresada. ¿Quién no se ha visto preguntándose repetidamente si está haciendo lo correcto? ¿Quien no ha tenido que decidir al respecto mil veces al día?. Resulta agotador. Si salgo a tomar algo o no,  si voy al pueblo a ver a mis padres o no, si estoy a la distancia suficiente o no, si salgo a comer con unos amigos o no, si esto está bien o no, si esto es solidario o no, si esto es responsable o no…

Tiene su miga. En muchas ocasiones, por muy raro que parezca, el hecho de que prohiban o permitan algo nos alivia de tanta  decisión. En los últimos tiempos, mi hijo Jon es un fiel seguidor de Urkullu. Lo que él diga marca su vida; de Urkullu depende que vea o no a sus abuelos (como dice él) o que pueda jugar al fútbol en equipo o no… Eso sí, hemos de estar atentos y no caer en la tentación de perder innecesariamente  energía en el despotrique contra la norma o los comportamientos ajenos. Por ahí puede haber grandes fugas no sólo de energía sino también de alegría y motivación.

Y es aquí donde yo, la Pelaya, tiro para lo mío y te recuerdo que no hay decisión sin emoción  . Todas las decisiones están promovidas  por  las emociones. En otras palabras, que cuando vayas a tomar una decisión, seas muy consciente de qué emoción sientes porque ella va a condicionar mucho tus decisiones. Cualquier decisión tomada desde la tranquilidad es diferente a la tomada desde el miedo, el enfado o la tristeza. Casi nada. Saca tus propias conclusiones. Las emociones siguen mandando amig@ mí@ y hay que tenerlas muy en cuenta para que no sean ellas las que controlen nuestro comportamiento y condicionen nuestros resultados.

Además, siempre viene bien preguntarnos algo: Realmente, de alguna manera ¿Me es lo más útil hacer lo que he decidido hacer?. Si la respuesta en «Claramente sí» a por ello. Si hay dudas, dale otra vuelta al tema. Si la respuesta es  «No» paraliza la operación; a otra cosa mariposa.

Pues eso es lo que te quiero contar hoy. Con esto del cambio de hora no sé ni qué hora es pero lo que siempre tengo claro es que #lallaveerestúconacentoenlaú# y yo, claro.

Que tengas un bonito domingo y un lunes agradecido.

 

 

Y dice la Pelaya

«Estaba pensando yo en estas cosas del pasado. Dicen (seguramente será cierto) que todos tenemos pasado y presente. Lo del futuro es otro cantar. Hay quien se empeña en darlo por hecho pero, «ay! amigo» ¿Quién lo sabe?. No, no tengo ganas de ponerme trascendental. Para eso ya tenéis a Ana. A mí,  me va más lo de andar por casa.  ¿Qué tal te llevas con tu pasado? No es por ser cotilla que, un poco ya lo soy. Más bien es por hacerte pensar en cosas más raras que rutinarias. Ya sabes, cosas de las que no se come o vive pero que te comen o consumen si no lo haces.

Si no lo has pensado quizás deberías hacerlo porque, claro, si no nos llevamos un poco bien con nuestro pasado es muy posible que andemos enfadados con el presente y fastidiemos un poco el futuro. Eso pienso yo.

Con esto del pasado no me refiero a una película de miedo o asuntos turbulentos. Más bien estoy pensado en situaciones como acciones o conductas de las que nos arrepentimos, «cosas» importantes  que nos hubiera gustado hacer y no hicimos, relaciones rotas sin saber muy bien por qué, una mala palabra en un mal momento, etc. De eso, quien más quien menos, todos tenemos.

Y puede parecer una tontería pero, no lo es. Una digestión mal hecha en la pasado puede ser una indigestión continuada a en el presente y una úlcera en el futuro.  Quien no dijo, hizo, perdonó o aceptó algo importante para él, es posible que hoy siga con el dolor, el enfado, la frutracción, el desencanto y un sinfín de emociones sin digerir.  No va a desaparecer por sí sólo. No caigamos en la tentación de pensar en que lo que no se habla o piensa no existe.

¿Qué hacer? Pues un «chequeo mental y emocional». Como la ITV de los coches, una revisión de cuestiones pasadas. ¿Alguna nos afecta más de la cuenta? Si la respuesta es «No»  revisión pasada. Todo en orden. Si la respuesta es SÍ, no cerremos el libro. Leamos lo que nos quiere decir o decidamos qué hacer.

Si deseamos hacer lo que no hicimos, hagámoslo.

Si deseamos pasar página sin mayores cambios entendamos que forma parte del pasado, agradezcamos lo que nos ha enseñado, perdonémonos recordando que todos tenemos derecho a equivocarnos, aprender y seguir. Y, sigamos.

Si no tenemos valor para enfrentarnos a ello seamos honestos con nostros mismos y permitámonos no estar al 100%. Pactemos una tregua con nosotros mismos con el compromiso de pasar la ITV en cuento nos sintamos preparados.

Puedes estar pensando en que parece fácil pero no lo es. Tienes toda la razón. No digo que sea fácil porque tiene su complejidad. Eso si, hacerlo es tremendamente útil y liberador. Merece la pena el esfuerzo. Incluso muchos más que llevar unos zapatos tan bonitos como incómodos, ir al gimnasio o ponerte a dieta.

El pasado afecta al presente y condiciona el futuro. Merece la pena poner en orden el pasado para liberarnos hoy y evolucionar mañana.

Creo que Ana me está «comiendo la cabeza» porque a veces hablo como lo hace ella. Si es que, las malas compañías…

Anda, aunque sea sábado, entre paseo y paseo, cervecita y cervecita o película y película, dale una vuelta al tema que en agua estancada sólo crecen sabandijas.

#lallaveerestúconacentoenlaú#  

 

Qué diferente!

Aprovechando que la Pelaya está haciendo sus quehaceres, quiero hablarte de algo. Siempre lo he sabido pero han sido estos tiempos los que más conciencia me han dado de ello. Qué diferente se ve todo según la posición en la que estemos! Por muy obvio que sea o parezca tendemos a olvidarlo.

Si lo estás pasando mal, a quien esté en mejor momento que tú es posible que le sea complicado empatizar hasta tal punto que  pueda comprender  tus peores acciones. Es humano e incluso deseable. La empatía tienes sus ritmos, equilibrios y situaciones. No es fácil saber empatizar; una dosis equivocada puede dejarnos en la indiferencia o frialdad, en lo «formalmente correcto» e incluso en la pasada de vueltas. Cuando hablo de «pasada de vueltas» me refiero a esos momentos en lo que empatizamos tanto que en lugar de ser parte de la solución acabamos siendo parte del problema. Empatizar con alguien que lo está pasando mal porque no sabe salir de un pozo y quedarnos a llorar con él puede resultar tan empático como esteril.  Hay casos y casos.

Pero bueno, a lo que voy es al tema de la PERCEPCIÓN. Todos tenemos dos ojos pero no todos miramos igual. La genética, la situación personal, el entorno, los valores, las experiencias y los aprendizajes hacen que veamos de una u otra manera. Y, el lugar o posición  en el que nos encontremos, también.

En torno a toda esta situación del Covid se han generado otra serie de experiencias humanas de las que podemos aprender mucho.

Imagina que has quedado con unos amigos (no me atrevo a cuantificar cuántos) para tomar algo. Vas con la doble intención de respetar las normas y de disfrutar de lo que hace tiempo que no haces. Y se produce el encuentro. Alegra encontrarse con amigos, conocidos y lograr una conexión social que en algunos momentos no hubo. Al igual que tú, otros muchos han tenido reencuentros  en el mismo lugar. Estás dentro y te dejas llevar por la alegría y todo lo demás pierde protagonismo. Unos más y otros menos intentan autocontrolar movimientos y colocarse la mascarilla después de cada trago. Como en tantos otros casos; unos lo hacen y otros no. De hecho, hasta los más disciplinados pueden caer en la tentación de dejarse llevar. Posible interpretación; «Sólo estoy tomando algo con mis amigos. No pasa nada. Intento respetar las normas. He sacado la mascarilla y casi siempre la llevo puesta. Hay que seguir haciendo vida normal».

Imagina que ahora eres tú quien pasa por la carretera, justo al lado del lugar de los encuentros. Paras en un paso de cebra y observas. Parece que con el Covid nos han inyectado un chip en el que se localizan antes «aglomeraciones» y «seres sin mascarilla». Durante los pocos segundos que dura la parada fotografías la escena. Aparecen unas cuantas personas cercanas entre  sí, riendo, bebiendo e incluso saludándose como antaño se hacía y quedan ganas de hacer. No sabes si será causalidad o una forma general de actuar pero en tu fotografía más de la mitad aparecen sin mascarilla. Su alegría te enfada. Muchas emociones contrapuestas.  Posible interpretación: ¿Cómo es posible que esto esté pasando?. La gente no respeta, no es consciente de la situación. Así, es normal que estemos como estemos y esto dure más de la cuenta».

Estas son dos escenas-situaciones que a menudo se repiten. La forma de verlas puede variar en función de nuestra posición-percepción. Siendo la misma situación, la mirada es diferente y, por lo tanto, la explicación también. ¿Cuál es la verdadera?. Buena pregunta.

Quizás, para muchas personas la verdadera será la que le resulte más útil en ese momento.

Ideas a tener en cuenta:.

Todo puede tener  su argumentación e intención positiva. Nadie fuma porque quiera enfermar;  lo hará por socializar, relajarse, desahogarse o darse el famososo Kit Kat.  Esto lo podemos aplicar también a estas situaciones; no hay intención negativa.

La falta de consciencia es una de las trampas mentales que a veces nos lleva a actuar sin pensar más allá. Esto posibilita que sepamos autojustificarnos  mejor que nadie para defender una actuación de la que a lo mejor ni siquiera nosotros estamos tan convencidos.

La llave siempre somos cada uno de nosotros. A pesar de todo, siempre tendremos la libertad interior de decidir lo que  en mayor medida sentimos y pensamos.

Que tengas un feliz día y recuerda que #lallaveerestú# con acento en la ú.

 

Y dice la Pelaya

«¿Conoces a alguien que siempre le echa mayonesa, ketchup o tomate a todo o casi todo lo que come?. Seguro que sí. Otra versión de esta tendencia está en los que les gusta echar salsa a todo aquello de lo que no se fían y se van a comer…

Sea lo que sea, siempre tiene sabor a algo que no es exactamente lo que se está comiendo.

Pues lo mismo pasa con las emociones. Hay personas que tienen la «capacidad» de darle aroma emocional a la mayor parte de cosas que hacen o dicen.

Aquellas  personas que le dan aroma  de alegría, tranquilidad, esperanza, ilusión o calma consiguen que su presencia sea reconfortante en cualquier situación. Un contratiempo, una mala noticia o un problema no deja de serlo pero, a su lado, todo parece y resulta más llevadero y cercano a la solución. Y, a su lado,  los momentos  de alegría se multiplican e intesifican.

Aquellas  persona que le dan aroma de tristeza, miedo o ira  a su presencia y acción complican un poco las cosas . Los buenos momentos se empañan y rebajan por los aromas de emociones que poco pintan en ese manjar. Seguro que conoces a alguien que tiene tendencia a impregnar de miedo todo lo que hace, que hasta en las fiestas se manifesta desde la ira o que al recibir un elogio pudiera parecer más posible un lloro que un agradecimiento. Parece exagerado pero no lo es. Mecachisenlamar que dirían algunos.

Sentir, disfrutar y aprender de las emociones puras merce la pena. Permitirse sentirse alegría, trsiteza, miedo, ira, asco o desprecio no tiene nada de malo. Otra cosa es no controlar las reacciones que tenemos. Si te pasa algo bueno, si te hacen un halago o si algo te hace reir ríete coño!. Si tienes miedo, siente el miedo y averigua de qué tienes miedo. Si sientes enfado, déjalo salir y utiliza su energía para «por mis narices lo que me pasa lo solucino yo».  Y, si sientes tristeza déjala sentir, déjala trabajar y, en cuento tengas un poquito de energía haz cosas que te distraigan y den alegría.

No hay ninguna necesidad de protegernos más de la cuenta. Si se nos va la mano con la protección dejamos de disfrutar e  incluso de protegernos de verdad. Bajen ustedes los escudos y dejénse sentir cóño! Que para eso hemos venido. Ya hay y habrá tiempo para los escudos y las salsas que disfracen los sabores. Pero han de ser tiempos limitados, como las ofertas.

No sé qué planes tienes para hoy. No sé cómo se te presenta el día ni cómo te sientes. Seguro que habrá de todo y para todos. Tan seguro como que todo pasa y que, para que pase cuanto antes lo que menos nos gusta, lo mejor es pensar y hacer cosas enfocadas en la solución y NO en el problema. El cerebro a veces nos juega malas pasadas y tiende a que le demos vueltas y vueltas al problema hasta hacerlo mucho más grande o profundo de lo que es.  No le dejes. Recuérdale que aquí mandas tú porque #lallaveerestú#.

Que tengas un buen fin de semana. Y que el lunes recuerdades que, al igual que los sábados, #lallavesiguessiendotú#

Y dice la Pelaya

» Quizás has pensado que te has librado de mí; no te lo crees ni tú. Vamos, que aquí sigo. He tenido mucha plancha y poco tiempo para darte guerra pero aquí estoy. A tu servicio y a mi libre albedrío.

¿Cuál es tu estación del año preferida? La mía, el otoño. Si no fuera por el frío…Los colores, los olores o la simple caída de la hoja invitan a una buena taza de cacao, un «carajillo» o cualquer placer de la vida de estos que  animan, relajan y alimentan emociones. Ver hojas que caen o caídas me ayuda a darle una vuelta a esto de la vida,  parar y reflexionar. Comienzo a desnudarme para dejar atrás pesos innecesarios. Hacer espacio interior para la nueva temporada otoño-invierno siempre es buena idea.

Estoy seleccionando una foto para mi libro. Cómo suena, «mi libro». Mi hijo me diría que no me ponga «chulita» porque la verdad es que eso de ser escritora suena pretencioso. Dejémoslo en que he escrito algo que espero y deseo que aporte a quien lo lea. Ni más ni menos. El caso es que tenía seleccionadas dos fotos…A mí me parece que soy yo pero debe ser que los años no perdonan (una es la foto de mi web). Con tanto cariño como sutileza mi entorno me ha invitado a reflexionar sobre si he cambiado o no; debe ser que mi expresión no es la misma. Debe de ser que los años dejan huella y la expresión de mi rostro se ha completado con la experiencia del tiempo, las arrugas de mi más que intensa expresividad, los avatares de la maternidad y las caricias de todo tipo de emociones e intensidades. Ay madre! Que ya soy una «señora» .

Hay quien cree que vestidos ganamos y desnudos perdemos. Pueder ser o no. Esta es una buena frase que nos ofrece la  excusa perfecta para no ver más allá. Lo que esconde tu camisa no es otra cosa que tu corazón . Deberíamos ganar desnudos.  Vamos, que ya se que en el mejor de los casos mi imagen externa puede ser lo más parecido a una uva pasa por dentro quiero mantenerme fresca como una lechuga. Lo que soy, lo que siento, lo que añoro y deseo no hay paso del tiempo que logre arrugarlo. Y, lo tuyo, tampoco. No lo olvides.

Esta noche he dormido con «el del medio de los Chichos». Sigue con sus crisis vitales intermitentes pero tan genuino como siempre. Después de unos minutos de achuchones varios, me pregunta «¿Cúando nos despertamos?». Me encantan estos líos lingüísticos que tiene. Me hacen sonreir y me inspiran. ¿Cuándo despertaremos? Buena pregunta.  No es fácil pero mola muchísimo ir cogiendo la capacidad de sentir una tranquilidad y una paz interior que aguante estoicamente vaivenes del día a día. Para mí, eso es el despertar. Ir más allá de lo evidente. Respetarme y aceptarme. Quedarme e irme si lo necesito y dejar ir si lo necesitan.

Y, por todo eso y por mucho más he tomado decisiones. Algunas de ellas:

  • No soy escritora pero me voy a permitir compartir lo que escribo en un libro . Mira qué chulita soy.
  • Ya no soy tan joven pero quiero mantenerme fresca como una lechuga por dentro. Por ello, he decidido que voy dar el salto a Instagram. Dicen que allí están los más jóvenes; a ver si se me pega algo.
  • He decidido que soy perfectamente imperfecta. Que si conociese a alguien como yo primero echaría a correr pero luego volvería porque lo  bueno no tiene por qué ser fácil, ni comprensible ni cómodo. Lo bueno es bueno. Y yo, soy buena. Y ya está.
  • Y que me voy a permitir compartir alguna foto más personal. Veremos qué sale.

Ya ves que con la caída de la hoja una tiene más ganas de levantarse y dar guerra. ¿Serán los años o será que lallavesoyyo?

Que tengas buen lunes y mejor semana. Que no olvides a qué has venido. Que te portes todo lo mal que puedas pero con la mejor de las intenciones y que nunca nunca olvides que lallaveerestú  

Si quieres que hagamos pandilla en Instagram sólo tienes que seguir a La LLave Emocional.

Un abrazo.

P.D: Vaya lio de post, no?

 

 

Y dice la Pelaya

«¿Que no te gustan los domingos? No entiendo por qué.  Pues a mí sí. Que no estoy para tantos remilgos. Los domingos también tienen su encanto. Dale una vuelta al tema y lo comprobarás. Te lo permiten todo; vaguear, trabajar, comer, beber y descansar. Son el presagio de una nueva semana cargada de vida y proyectos y el final de una cadeneta de días intensos y variopintos. El descanso de l@s guerrer@s.

Pero bueno. Que hoy yo quiero hablarte de otro tema. LLevo varios días pensando el las apariencias. Cómo engañan las jodidas!! Y es que son muchas las personas merecedoras del Óscar a la mejor película (quizás, yo también). Cuando nos pasa algo más desagradable que agradable o escuchamos lo que no sabemos  interpretar empezamos a rodar. Tres, dos, uno y acción!!!   Película mental al canto. Y, qué más quiere el cerebro que carnaza para que nos pongamos a la defensiva o incluso que nos preparemos para atacar.

Que no entiendo lo que fulanito me ha dicho o querido decir. Empezamos a rodar «No me chilles que no te veo». El ciego habla pero si el sordo no puede leerte lo labios…

Que he visto a lo lejos a un grupo de personas que parece que están más cerca de lo recomendado para esto del Covid. Empezamos a rodar «los Vengadores». Alguien tiene que juzgar aunque ni  sepa ni respete las leyes…

Que he cometido un error. Ya me doy el papel principal en la película de «El patito feo» pero sin final feliz.

Que he cometido un error y lo ha visto mucha gente. Pon la película que tú quieras…

Que parece que la gente no se preocupa por mí porque no dicen o hacen lo que yo quiero que lo hagan pero tampoco lo digo.

Que alguien me mira «raro»…

Ya lo sé. Si tiramos de refranero nos viene muy a cuento «Piensa mal y acertarás». Pues no joder, no. Piensa bien, que pensar mal lo hace cualquiera.  Y cuando digo pensar bien me refiero a darle su tiempo al pensamiento y a la reflexión.  A veces puede salir cara y otras veces saldrá cruz. Pero, en cualquier caso, pensar «bien» es un acierto.

El caso es que por h o por y, no paramos de hacernos películas mentales. ¿Cuál es el problema? Pues que de tanto repetírnoslas acabamos creyéndolas y comportándonos de esa manera.  Y, claro»Como me equivoqué y todos los vieron creí que ya no valía para eso. Y, asumí el rol de no valer. Y, efectivamente, demostré que no valía». Convertimos lo que era ficción en realidad. Y, encima nos creemos los más listos del mundo por habernos dado cuenta de todo!!!!

Un niño que cree que sólo tendrá amigos si hace el tonto en clase, un jefe que se muestra distante y frio porque cree que así tendrá más autoridad, una persona que vive entregada a otra porque cree que ser servicial hará que la quieran más…Películas mentales.

Mira, de eso ya me estoy quintando yo. Que he descubierto que es un lío andar con tanto rodaje. No me pagan la suficiente. Prefiero ser yo e invertir en mejorar mi versión pero sin andar con tanto cambio de vestuario. Que luego parezco lo que no soy y me tratan como no quiero.

Ya lo decía mi abuela; cada uno, primero, que barra su parcelita.

Por cierto, dale mimos a la tarde de domingo y ya verás como se vuelve cariñoso.

Y, ya sabes; la eres .  Abre y cierra las puertas siendo consciente de lo que haces. No vaya a ser que luego te tengas que quejar y eso, eso es mu cansao y cansino.

 

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Y dice la Pelaya

«Ahora, nuestra nevera la custodia Pocoyó. Problemas con la goma de la puerta han hecho que tengamos que pedirle que nos eche una mano. Todo un acierto porque, no hay más que verle, ganas le pone. A Malen no le ha gustado tanto la idea; a la menor oportunidad lo agarra para llevárselo. Al igual que muchas otras personas, aún no es consciente de que la gente valemos para más cosas de las que pensamos. Sólo que ella sólo tiene 13 meses y esas personas de las que te hablo…alguno más.

Creo, llámame tonta que (entre otras cosas) todos y digo TODOS y TODAS tenemos dos cosas; talentos e ilusiones  . Algunos talentos, los jodidos de ellos, están bien escondidos pero  «haberlos haylos».  Habrá que buscarlos. Pero que a mi nadie me diga que no sirve para nada porque no me lo creo. Todos sabemos hacer cosas rutinarias. No me refiero a eso. Hablo de algo especial y diferente. Ya sabes, cosas como contar historias, hacer manualidades, bailar, cantar, hablar en público, arreglar cosas, hacer reír,  crear, pintar y mil cosas más. «Cosas» que tiene gran valor y utilidad en la sociedad. Si no has encontrado tu talento date vida porque el tiempo para compartirlo es oro .

En este confinamiento infantial que hemos vivido (y que quién sabe si volverá) Niko y Jon han tenido una cerdo imaginario. Bueno, un «txon» como dicen ellos. Todas las mañana y todas las tardes preparaban afanosamente su comida. En un balde azul elaboraban un suculento manjar a base de hojas y raices de plantas varias con agua. Todo bien revuelto; ya sabes, con los bracitos bien metidos en agua. Luego, se lo daban al susodicho. Niko andaba un poco mosqueado porque nunca veía al txon pero como Jon actuaba con normalidad él también lo hacía. He de hacer una puntualización; el txon no es txon, es txona. Se llama Ramona y creo que en breve va a tener cerditos y cerditas (los veterinarios han confirmado que en torno a 10 crías). Y así, felices los cuatro (buenos los tres). Jon ha vuelto al cole y Niko se ha quedado al cuidado.

Y, a parte de lo maravillosa que es la inocencia infantil,  ¿ qué te quiero contar con esto?. Pues, sencillamente que recuerdes que tú y yo tenemos sueños e ilusiones. No sé si a tí también te ilusiona tener un cerdo pero seguro que alguna otra cosa más tienes en mente. Todos tenemos deseos, objetivos y sueños. Y, como al cerdito, hay que alimentarlos porque en cualquier momento se pueden convertir en una realidad. Ser más feliz con uno mismo, mejorar las relaciones con los demás, conseguir un trabajo, aumentar los ingresos, mejorar la salud, montar tu propio negocio, aprobar una oposición, saber disfrutar del momento, conocer a más gente, enamorarte, solucionar algún conflicto, reirte más…Todo puede suceder pero para ello es fundamental alimentarnos con buenas ideas y alimentar al entorno con acciones constructivas.  O, lo que es lo mismo; sin jodernos la vida a nosotros mismos y sin jodersela a los demás (igual así me has entendido mejor).

Pues nada, que son las 7:10 de la mañana y tengo mucho lío por delante . Que tengas un buen dia. Que seas lo más feliz que puedas y que hagas un poquito más feliz a los demás. Si ves que no puedes, con tal de que no jodas a los demás, suficiente. Ya habrás puesto tu granito de arena.

A la espera del futuro alumbramiento me despido. Espero que Ramona tenga una horita corta (que dirián las abuelas).

Y, como dice la otra, recuerda que #lallaveerestú#.

A las 19:20

Una decisión, dos decisiones, tres decisiones…Todos los días tomamos muchas. Las hay más trascendentales y menos trascendentales pero todas ellas marcan el rumbo del día, de la semana, del mes o de la vida.

No todos los días ni exactamente a la misma hora pero  el tren sigue pasando como señal de buen augurio. Los pequeños le esperan con ilusión y entusiasmo. Y si responde a sus saludos con pitidos de los suyos acaba siendo la experiencia más impactante de buena parte de la tarde. Absortos en quién sabe qué, le ven alejarse sin dejar de bajar sus bracitos saludantes. Y los adultos, acabamos contagiándonos de la ilusión, nostalgia y esperanza de los más pequeños.


Siempre se ha dicho que las oportunidades vienen en trenes y que somos nosotros quienes elegimos subir o no subir. Incluso dicen que si alguno no coges, no vuelve a pasar. Yo, prefiero pensar que lo volverá a hacer sólo que hará otra ruta diferente.

Desde el alba al ocaso todo está por decidir . Y lo hacemos. A veces por acción y otras veces por omisón. Porque cuando no decidimos estamos decidiendo ser víctima de las circunstancias. Si fuese la Pelaya la que te habla te diría que espabiles; que tu vida es tuya y tú eres quien ha de vivirla. No darnos cuenta de ello, tomar demasiadas decisiones por omisión (es decir, no tomarlas y dejar que las tome la vida u otros por nosotros) no es la mejor alternativa. Tu cerebro se puede volver loco dando palos de ciego.

La mayor parte de nuestras decisiones deberían ser conscientes. ¿Para qué? Para que estemos orientados a la solución. Para que nuestros cerebro tenga una ruta que seguir. Porque, cuando elegimos lo que estamos haciendo es aislar alternativas y quedándonos con una.  Hemos de comprometernos con la decisión tomada y obrar en consecuencia. El miedo  a perder es lo que hace que muchas personas no decidan. Ya sabemos que el miedo en proporciones altas puede paralizarnos y convencernos de que «Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer» . Quien inventó esa frase debía de ser muy habilidoso tomando decisiones…

Toma tus propias decisiones. Hazlo conscientemtemente, desde emociones reguladas y comprometiéndote  con lo que haya que hacer. Así, nunca fallarás. En el peor de los casos, aprenderás.

Yo sigo deciendo compartir contigo este blog. Me gusta hacerlo. Y decidí, con muchas dudas, presentarte a La Pelaya. Espero no haber metido mucho la pata.

Porque #lallaveerestú# .

Por cierto, La Pelaya no tardará en venir. Anda liada con un proyecto del que algún día de estos os hablará.

Buen lunes. Feliz día.