Y dice La Pelaya: «A más luz, más sombra»

Apliquen ustedes esto tanto a empresas como a personas. No hay luz sin sombra. ¿Qué quiero decir?

Todos, sin excepción, tenemos talentos y habilidades capaces de generar mucho valor. La cuestión está en que hay muchas personas que aún no lo saben y, de saberlo, no los han identificado. Otro aspecto a tener en cuenta es cómo se usan; muchas veces esos talentos y habilidades son los medios para la consecución de fines éticamente cuestionables. Pero bueno, eso es objeto de otro debate. Hoy quiero centrarme en las sombras que dan luz.

Una persona con muchas virtudes, habilidades y dones emana luz; ilumina el camino propio y ajeno. Compartir tiempo y espacio (tanto personal como profesional) con estas personas es un privilegio porque facilita la vida, el camino, el aprendizaje y la superación.

Muchas personas quieren ser luz sin saber que ya lo son. ¿Por qué no lo saben? Porque sólo ven su sombra. Y, ¿por qué sólo ven su sombra? Porque sienten y  ven una sombra muy grande. ¿Grande? Si, grande. Un persona con mucha luz también da mucha sombra. Ya sabes, como el ying y el yang.

Cuando alguien es muy valorado es muy probable que, al menor error, sea igual de menospreciado. No sólo por los demás, sino por sí mismo.

Alguien que cuenta con talentos y habilidades destacables es posible que también tenga incapacidades notables.

Una empresa con una imagen prestigiosa también puede tener partes igualmente oscuras.

Un profesional con fortalezas puede ser igualmente débil en otras áreas.

Cuanta más luz; más sombra. La validez de esta idea a veces no está basada en la objetividad sino en la subjetividad; en la PERCEPCIÓN.

Los seres humanos estamos «enganchados» a las expectativas sobre situaciones, personas, presentes y futuros. Y, como enganchados que estamos, así pensamos; en términos de todo o nada. O soy el mejor o no soy bueno. O me quieren o me odian. O todo o nada. O me sale del todo bien o me sale una mierda. O están conmigo o están contra mí.

Y claro, si estoy en pleno proceso de desarrollo personal, me cuesta entender cómo si cada vez soy y estoy mejor me siguen apareciendo sombras. Y, lo que puede resultar más incomprensible, por qué cada vez parecen mayores.

Nos cuesta entender cómo es posible que si estamos avanzando profesionalmente cada vez aparezcan más y más retos, inseguridades y dudas.

Quizás la clave está en centrarse más en la luz que en las sombras. Enfocarnos en la parte «positiva» y constructiva de nosotros mismos, de nuestro entorno y de nuestra sociedad hará que lograremos ganarle terreno a la sombra.  Así, poco a poco, «clarearemos» la oscuridad.

Otra perspectiva puede basarse en mirar con agradecimiento, sin miedo y con ganas hacia nuestra sombra y ponernos a trabajar.

Y es que, lo mires como lo mires, todo pasa por sacar el pico y la pala y ponernos a trabajar.

Y, entre pico y pala, también conviene descansar. Que tengas un buen día.

#lallaveerestúconacentoenlaú

 

 

 

 

Y dice La Pelaya: «La autoestima de tu empresa…»

Todos tenemos autoestima. Las empresas también. Ellas no hablan ni expresan explícitamente sus percepciones, opiniones o creencias pero eso no significa que no las tengan. Lo hacen de muchas otras maneras.

No olvidemos que las organizaciones están integradas por personas y, por lo tanto, son en muchos casos el reflejo de las mismas. Lo que opinan los profesionales de sus empresas influye en cómo hablan, o no, de ellas.

Hay personas que están orgullosas de sus empresas . Cualquier ocasión es buena para concretar en dónde trabajan y, a pesar de las debilidades o errores que se pueden cometer, se sienten identificados con la esencia de su organización. Se trata de entidades muy consientes de sus debilidades y fortalezas porque se conocen a sí mismas, son capaces de reconocer logros y resultados no deseados, confían en sus posibilidades, asumen riesgos y se responsabilizan de sus acciones. No son perfectas pero sí se acercan a lo que quieren ser ¿Sabes por qué? Porque saben lo que quieren ser. Además, aceptan los cambios con actitud positiva. Gestionan las emociones globales de forma adaptativa.

¿Comenten errores? Muchos. Pero saben que el error es el foco del aprendizaje. Una cosa es ser un error y otra cometer un error. Y lo saben.

Hay profesionales que se avergüenzan de sus empresas . No lo dicen explícitamente pero, si pueden, evitan pronunciar su nombre. El hecho de que sea una organización grande o conocida es indiferente. Da igual la inversión que se haya realizado en publicidad para reforzar su autoestima e imagen social; el profesional no conecta con ella. El sueldo y ciertas comodidades son los nexos de unión.

¿Por qué no se conecta? Hay muchos aspectos a tener en cuenta para dar respuesta acertada a esta cuestión. Uno de ellos: LOS VALORES.

Sí, ya sabes, los motivos más profundos  que tenemos para la acción. Todas las personas y todas las organizaciones tenemos objetivos (qué conseguir) y son muchos y muy variados los caminos que se pueden recorrer para conseguirlos. Los valores determinaran cómo conseguir el objetivo; son líneas rojas que se quieren respetar y son inspiraciones para la acción.

¿Alguna vez te has parado a observar y leer la página web de tu empresa? Echa un vistazo. Seguro que encuentras una pestaña que hace alusión a la misión, visión y valores de la organización. Pocos lo leen.

Esos principios deben de ser los que rijan las acciones, decisiones y omisiones de la praxis habitual. Debería ser así. Además, esos valores han de ir en la misma línea de los valores de sus profesionales porque, de lo contrario, se producirá el conflicto. Sí, aquí está un foco de conflicto.

La autoestima de la empresa, al igual que la de sus profesionales, ha de ser mimada y cuidada. De ella dependerán las decisiones y acciones organizacionales habituales. De estas últimas, surgirán las resultados.

Quienes dirigen y/o lideran la organización deben de ser consientes de cómo está la autoestima de su organización. No vaya a ser que estén echando órdagos con las cartas y actitud equivocada.

¿Cómo hacerlo? conectando o reconectando con los profesionales que integran su mundo organizacional. Invirtiendo tiempo y recursos para afianzar el compromiso que posibilita el desarrollo del valor y conectando emocionalmente con la familia profesional. Un buen profesional no sólo se mueve por un sueldo o condiciones económicas.

lallaveemocional.com

 

Y dice la Pelaya: «No es tener, es sentir».

Estaba yo pensando que muchas veces utilizamos el lenguaje equivocado, o ¿no?. Mejor dicho, creo que más bien el lenguaje nos delata y representa nuestra realidad.

Cuando hablamos de emociones solemos decir «tengo tristeza», «tengo preocupación», etc. Y ya sale por ahí esa necesidad de posesión que embarga nuestro mundo equivocado. Las emociones NO se tienen, se SIENTEN. Las emociones viene y van; las sentimos más o menos tiempo (en función de lo percibido) pero su naturaleza es trashumante. Van y viene, vienen y van. A veces se comportan de forma notoria e impactante y otras veces lo hacen de forma neutra y discreta.

Cuando hablamos de tener, hablamos de posesión y esto puede implicar que nos identificamos en demasía con ellas.

Y eso sucede con muchos otros aspectos. Lo intangible de la vida está más ligado con el sentir que con el tener.

Un cargo de responsabilidad se puede tener pero si no se siente, es muy complicado que se desarrolle de forma adecuada o satisfactoria. Si un líder de equipo tiene el cargo pero no siente ni la responsabilidad ni el compromiso mal andamos.

Si un líder de equipo tiene el cargo pero no siente autoconfianza o implicación o ganas…(acaba tú la oración).

A veces creo que es mucho más complejo sentir que tener. Es más, por mucho que tengas si no lo sientes de poco te sirve.

Si tengo un maravillosa pareja a mi lado pero no lo siento así…

Si tengo muchas capacidades y habilidades pero no lo siento así…

Si tengo mucha gente que me quiere pero no lo siento así…

Si tengo buenos resultados profesionales pero no lo siento así…

Si tengo mucho dinero pero no lo siento así…

Si tengo grandes proyectos personales o profesionales pero no lo siento así…

¿Y cómo poder sentir si no se siente? Muy buena pregunta. Habría que empezar por hacernos buenas preguntas a nosotros mismos para averiguar en dónde puede estar la fuga. Con esas respuestas podemos seguir investigando sobre lo que nos impide sentir. A veces la fuga está en que deseamos cambios de vida, cambios de conducta, hacer cosas nuevas o cubrir otras necesidades.

Otras veces la fuga está mucho más adentro y es necesario contar con la ayuda de un profesional para localizarla.

Sea como sea, debemos localizar la fuga. No te engañes pensando en que desaparecerá. No lo hará. No te dejará sentir y crecerá cada vez más.  Batalla perdida.

Es mejor localizarla, unirnos a ella y escucharla. Luego, pasar a la acción. Así, más posibilidades de victoria. Y por supuesto, más posibilidades de sentir más y mejor.

Te lo dice una que está en pleno proceso de localización y neutralización de fuga.

No sé lo que me encontraré pero sé que en cualquier caso lallavesoyyo.

Como también sabes que #lallaveerestúconacentoenlaú.

 

¿A qué huele tu empresa?

En las empresas pasan cosas. Y, en la tuya también.

Las personas hacemos que pasen cosas y eso se percibe en el ambiente. Tanto es así que cada organización puede llegar a tener su fragancia.

He tenido la oportunidad de pasar tiempo de diferentes empresas o, lo que es lo mismo, diferentes familias organizaciones. Según cruzas el umbral de la puerta el aroma comienza a asomar; ¡madre mía! (pienso).

Hay empresas que huelen a fragancias cargadas de mal rollo, enfado y frustración

Hay empresas con aromas a estrés del bueno, motivación y risas en el café

Hay empresas que huelen a pocas ganas

Hay empresas con fragancias «mejor callar, por si acaso»

Hay empresas que huelen a miedo

Hay empresas que huelen a «en cualquier momento estalla la tercera guerra mundial»

Hay empresas con fragancia «odeté» o «jódete» (como decía el chiste)

Hay empresas de aromas cálidos, de «venga, vamos»

Hay empresas con olor a concentración y pincho de tortilla

¿A qué huele tu empresa?.

Lo sé, una empresa puede oler a varias fragancias a la vez. Depende del día o de los retos asumir. Incluso, un departamento puede oler diferente a otro.

Quien ostente la responsabilidad general sobre una organización ha de saber que la clave está en identificar cómo suele oler su organización porque eso será lo que contagie a empleados, directivos, proveedores, clientes, etc. Ese olor será el que genere atracción o pérdidas de valor, mejor o peor imagen, más o menos pérdida de recursos por malos entendidos, conflictos enquistados, gestiones emocionales desadaptativas, etc.

Quien trabaje o colabore en una empresa ha de preguntarse cómo huele su organización y en qué medida él o ella contribuye a ello. Porque los olores no vienen de la nada; los olores emocionales proceden de las emociones individuales y colectivas de quienes integran un colectivo. Todos añadimos aroma. Todos dejamos impronta emocional.

Como con casi todo, si no te gusta la fragancia de tu empresa, se puede cambiar. ¿Cómo? Para empezar, cambiando tú (auque sea sólo un poquito). Además, puedes recurrir a formaciones, talleres, etc.  en los que los participantes recuerden y/o aprendan cómo es un buen profesional y las ventajas que ofrece la inteligencia emocional tanto a nivel laboral como personal.

Después de lo vivido, nos merecemos un premio; desarrollar nuestra inteligencia emocional.

Porque siempre, #lallaveerestúconacentoenlaú

#lallaveemocional

#empresasemocionalmenteinteligentes

«Ande yo caliente…», atención al cliente.

«Son rachas», me digo a mi misma para consolarme pero he de reconocer que «me hierve la sangre».

Sea por un tema emocional o por mi orientación personal y profesional hacia la atención a las personas (en algunos contextos, clientes) siento la necesidad de hablar del tema.

Estas últimas semanas he podido disfrutar de varios escenarios con respecto a la atención al cliente que me han llamado la atención y han afectado a mi emoción.

Escenario 1: Se me estropea el portátil. LLamo a una empresa para preguntar por sus posibilidades de arreglo. Rápidamente me dicen que al día siguiente  mandarán un mensajero a recogerlo para hacer una valoración y hacerme un presupuesto. Si no accedo al servicio  me lo volverán a enviar abonando la cantidad de 26 euros para su transporte. Me pareció razonable y, fruto de mi desesperación, no me ocupé de buscar reseñas. Recibo un correo electrónico dándome un presupuesto de entorno a 300€. Les respondo que no me compensa hacer esas inversión y que pago los 26€ para que me devuelvan el portátil.  Horas después recibo de la misma empresa  un segundo presupuesto 100€ más barato argumentando que por mi condición de autónoma pueden hacerme esa bonificación. Qué majos ellos!  No me gustó esa praxis. Le contesto amablemente que he decidido no arreglar el ordenador. Les digo que me paso por sus instalaciones a recoger el portátil y les abono el importe pactado de 26€. Me contestan que me lo tienen que enviar y he de abonar previamente en torno a 45€. No doy crédito. Descubro que la sede que viene en internet no es real: no sé dónde está mi portátil y … continuará.

Escenario 2: En esos mismos días se nos estropea el lavavajillas. Llamo a un técnico; en  pocas horas está en casa. Parece ser que se trata de una pieza, etc. 100€ de adelanto. Me dice que me llama a lo largo de la semana para poner la pieza. Hasta entonces me deja con la puerta que cubre al lavavajillas desmontada en la cocina. Y llega el viernes, y no sé nada. Llamo para saber cómo va el tema, dejo recado pero no obtengo respuesta. Vuelvo a llamar el lunes siguiente y vuelvo a solicitar lo mismo. Pasadas unas horas, me llama otro técnico para venir a poner la pieza. El miércoles arreglan el lavavajillas bendito; tarda aproximadamente entre 10 y 15 minutos en poner la pieza y montar la puerta. Total factura: en torno a 175€.  No sé si la cantidad responde a la avería; de eso me enteraré. Lo que sí se es que la atención al cliente no es que brille por su ausencia, es que es NEGATIVA.

 

Ideas fundamentales que cualquier empresa, autónomo o persona hemos de recodar si se quiere avanzar profesionalmente :

*La atención a las personas no ha pasado ni pasará nunca de moda. Y, no lo hará, porque quienes vivimos en este mundo tan curioso e impactante somos las personas. Quienes compran, venden, necesitan, desean, preguntan y responden son personas. Detrás de las máquinas hay personas que tienen memoria.

*Un cliente amable, empático y paciente no es un cliente «gilipollas» así que mejor no caer en el error de tratarle como tal no haciéndole tanto caso como al cliente protestón o altanero o retrasando sus demandas en favor de las de otros. Si se hace, el cliente empático se irá, como ha llegado, silenciosamente. Este tipo de cliente  es consciente de sus derechos y  también sabe poner quejas y reclamaciones. Este cliente tiene amigos y contactos a los que de forma cordial pero firme les contará su experiencia. Créeme que eso impacta, y mucho.

*Las emociones que «contagia» la marca desde la que se hace esa atención al cliente no son precisamente las mejores para invitar a comprar o contratar servicios. Una mala atención al cliente tiene retorno SEGURO. Cuándo, cómo y dónde está por ver y depende de muchas casuísticas.

*Las emociones que «contagia» la persona ( que no profesional) tampoco son las mejores para atribuirle a alguien. El mundo es lo suficientemente pequeño como para quien no sepa tratar al cliente pierda su trabajo y el resto de empresas sepan de sus formas de hacer. Mal camino amigo. Te lo digo a ti Mari Carmen ( o eso pone al pie del mail).

Podría enumerar muchas ideas que argumentan la importancia de una buena atención al cliente. Estamos en tiempos en los que la competencia está muy igualada y el trato marca la diferencia.

No voy a entrar en charcos de «conciencia» porque una ya se ha dado cuenta de que algunas personas usan una o tienen varias de repuesto en función de cómo, cuándo, dónde y con quién. Cada cual sabrá.

Sí, lo sé. Este post está escrito desde un «enfado asertivo» que también es muy terapéutico.

Seguro que a vosotros también os ha pasado algo similar alguna vez.

La buena noticia es que al final somos libres.

La mejor noticia es que al final somos llave. Tenemos la posibilidad de responder como queramos ante lo que sucede.

Hago un llamamiento para que, en la medida de nuestras posibilidades, no premiemos a quienes no tratan a las personas adecuadamente. Premiemos la profesionalidad.

Gracias #lallaveerestúconecentoenlaú, #lallaveemocional, #premiarlaprofesionalidad

Y dice La Pelaya: Si lo crees, así es.

En casa hay un patinete azul (regalo de Reyes) y dos patinetes rosas (heredados de amistades).

«Yo no quiero ese patinete porque es rosa». De acuerdo, pues no lo saques. Eso, el primer día.

Segundo día. «Los dos hermanos queremos sacar patinete pero no queremos el rosa porque es de chicas». De acuerdo, no lo saqueis. Una pena, porque el rosa es el más rápido.

Ah! ¡pues yo lo quiero! (dijo el pequeño). Todo estupendo; cada hermano sacó un patinete.

Al rato de haber salido el mayor también cogía el patinete rosa. Debe de ser que se le habían quitado las verguenzas al ver que por la calle nadie les miraba raro ni se reía. Bueno, más que las verguenzas, había abandonado la creencia. Una creencia LIMITANTE.

Pues cosas así nos pasan a los mayores. Lo que sucede es que estas creencias no sólo nos afectan en temas baladí como el color de una camiseta, un patinete o la compra de un producto básico. Las creencias influyen en cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo vemos a los demás y al mundo en general.

«La gente va a lo suyo».

«No soy capaz de…».

«Las cosas son como son y no se pueden cambiar».

«La gente no cambia»

«El dinero corrompe a la gente».

«Está parado porque quiere».

«Tiene un buen trabajo porque está enchufado».

«Si le ha pasado eso, algo habrá hecho para merecerlo».

Esta es una pequeña representación de creencias que cualquier persona puede tener. Ten muy en cuenta que son creencias, NO VERDADES ABSOLUTAS. Te lo digo porque acostumbramos a tratarlas como verdades absolutas universales que condicionan nuestra forma de vernos, ver a los demás y actuar. Claro, como puedes suponer, los resultados no suelen defraudar; son coherentes con las creencias. Tiene su lógica; si creo que no valgo y le doy a esa creencia condición de ley no me esforzaré ni haré nada para mejorar. Resultado; todo igual o peor. Creencia reforzada. Pescadilla que se muerde la cola.

La clave está en ser conscientes de que hablamos de creencias y no de verdades.

La llave está en identificar si éstas creencias son limitantes o potenciadoras. Es decir, si nos acercan más al problema o a la solución o mejora. Aquí el concepto de UTILIDAD nos puede ayudar mucho.

¿Me es útil pensar eso? Si la respuesta honesta es sí pues adelante con la creencia. Si la respuesta es no, elige si quieres mantener esa creencia y cambiarla por otra más útil que te ayude a mejorar.

Revisa tus creencias; escucha lo que piensas y dices.

Que tengas un buen día.

 

Y dice La Pelaya: ¿Trabajar con «House»?

No creo en las casualidades. Más bien, soy partidaria de las causalidades.  Pero oye, esto es cuestión de percepciones.

En los últimos tiempos y por motivos varios en algunas de mis conversaciones se ha colado un señor llamado House. Sí hombre!!, seguro que lo recuerdas.  Es el protagonista de una serie muy conocida de televisión. En la serie se llama Gregory House; un genio de la medicina tan agudo como satírico. Me gusta la serie; es rápida, intensa, reflexiva, impactante y sobre todo, no me deja indiferente. House, tampoco. Tiene su punto.

El caso es que, serie de televisión a parte, seguramente todos conozcamos a personas «House». No pasan desapercibidas. En muchos casos,de coeficiente intelectual van más que sobradas; otra cosa es el coeficiente emocional.  Y no estoy hablando de personas con algún tipo de diagnóstico determinado. Hablo de personas con formas de actuar basadas fundamentalmente en el yo, mi percepción, mi razón e incluso mi zona de confort.

A los perfiles «House» se les suele justificar, «perdonar» o pasar algunos comportamientos o conductas porque tienden a solucionar los problemas con relativa facilidad. O eso parece. Pero, ¿cómo los solucionan? Ay, amigos, ese es otro cantar.  Desde que el problema se genera hasta que se soluciona hay muuuucho tiempo para que «l@s houses» sean capaces de levantar todos los conflictos habidos y por haber. Me explico:

  • Su propia gestión emocional se parece más a un conjunto vacío que a cualquier otra cosa.
  • La comunicación con sus compañeros o equipo de trabajo se parece mucho a un campo de minas. Según van hablando o callando levantan ampollas y conflictos entre y con compañeros.
  • Aciertan sí, pero a la vez arrasan. La hierba deja de crecer una temporada por donde pasan.
  • Puede que se den cuenta, pero no le dan importancia. También puede que no se den cuenta.

Mucha gente quiere conocer a un «House» e incluso ficharlo en su empresa. Parecen eficientes. Otra cosa es tenerlos cerca. No es fácil trabajar con ellos. A veces, parece que se les olvida que son y somos personas. Se mueven con soltura en lo lógico y racional. Lo emocional les bloquea, altera e incluso les daña. Ahí, no saben por dónde tirar; darse cuenta de ello les hace sentir indefensos y vulnerables.

Entretiene verlos en la tele pero no motiva sufrirlos en la realidad.

Recordemos que «los houses» son personas que sienten (aunque no lo demuestren). No es cuestión de atacarles.

Recuerden «los houses» que su doctor referente al acabar el show se sentía solo, triste y aislado. Merece la pena «humanizar» el trabajo. Es una inversión personal, profesional y social el saber integrar las emociones en todos los contextos en los que nos movemos.

Hemos venido al mundo para avanzar y sin amor jamás se hará. Y cuando digo amor me refiero al cariño, consideración, agradecimiento, apoyo y reconocimiento a las personas junto a las que trabajamos.

Integrar la gestión emocional en la praxis personal y profesional nos acerca no sólo a la eficiencia sino tambíen a la excelencia.

¿Un líder «house»?

¿Un compañero «house»?

¿Qué opinas?

La Pelaya sabe lo que es compartir espacios con «houses» y, aunque puede y quiere empatizar con ellos, desea que los «houses» hagan un poquito más calor de hogar y dejen los hielos para la fracturas.

Buena semana.

Siempre #lallaveerestúconacentoenlaú

Y dice La Pelaya «Es increible»

Estoy, que no sé cómo estoy. Me tiemblan las manos y mi voz está alterada por la mezcla de emociones que siento.

Os cuento. Ya sabeis que llevo un tiempo con este blog y que bien sea a través de La Pelaya (una versión un poco más desinhibida de Ana) o de la propia Ana he compartido reflexiones personales y conocimientos vinculados a las hoy llamadas «soft skills» o habilidades blandas.

Y, he de reconoceros que, aunque no tenía grandes pretensiones, sí me encanta que la gente lea lo que cuento, comparta y, por supuesto, le pueda ayudar. El caso es que llevaba tiempo sin ver las estadísticas ni los mensajes de entrada. Entre las formaciones, las cosas de cosa, la familia numerosa y los momentos de «vagueo» no había caído en la cuenta de hacerlo.

Además, todo hay que decirlo, cada vez que entraba en las «entrañas» de la web me ponía ( y me pongo) mala porque hay miles de mensajes de esos que te quieren vender viagra o quién sabe qué.  Hasta hoy no he llegado a encontrar la manera de eliminarlos todos de golpe sin tener que ir uno por uno. Aunque cada vez me llevo mejor con la tecnología, todavía no nos hemos hecho amigas íntimas; lo mío son más las personas.

Bueno, al grano.  El caso es que esta mañana he entrado en las «entrañas» de mi web en busca de un mensaje en concreto y…..

De repente, me veo leyendo mensajes y mensajes comentando mis entradas al blog y agradeciéndo mis reflexiones.

Oh, Dios Miooooooo!!!!! Son muchos.

Oh, Dios Mioooo!!! Y la mayor parte en inglés.  Y una, aún necesita del traductor . Miedo me da pensar qué he puesto en algunas respuestas.  Os pido disculpas por adelantado. Prometo contestar a todos poco a poco.

Estoy emocionada!!! Gracias de todo corazón.

Mis hijos están sorprendidos al verme como una niña la mañana de Navidad. Ha sido una lotería descubrir y leer los mensajes tan bonitos que me mandaís. Seguiré trabajando en ello.

Eso sí, me voy a quitar del medio a todos estos mensajes de Spam y voy a estar más atenta a vuestros comentarios.  No sé cómo ha sido, no sé nada; no puedo dejar de reír y dar las gracias con un poco de verguenza porque, al fin y al cabo, sólo soy una humilde formadora o facilitadora de ideas, reflexiones y contenidos.

Gracias,

Thanks!!!

Seguimos compartiendo porque

#lallaveerestúconacentoenlaú

Y dice la Pelaya que los domingos también se reflexiona

Sí, ya sé que es domingo pero oye, una también tiene derecho a reflexionar cuando tenga la necesidad. ¿A que tú también reflexionas mucho los domingos?.

Pues eso, que me he levando con el cuerpo alterado y un revoltijo de ideas en la cabeza. No busque  orden en este post, no va a servir de nada. Sólo quiero compartir reflexiones; así me desahogo y de paso te altero un poco más a ti.

Ideas que tengo yo dentro:

📌 NO espabilamos. Mira que somos listos. Mira que que tenemos estudios. Mira que somos más altos y guapos que nunca. Mira cuánta información tenemos. Mira lo ciegos que estamos. Me explayo (que lo necesito).

🗝️En la vida: Todos sabemos que estamos de paso, que la vida son dos días, que cuando el show finalice sólo quedará lo que sentimos e hicimos sentir. Pues oye, nos empeñamos en agobiarnos por tonterías, en enfadarnos por tonterías y en quejarnos por tonterías. Qué rapido se nos olvidan los aprendizajes más importantes  de la vida y qué pronto volvemos a las rutinas automatizadas de quienes sólo parecen querer tener y no ser. ¿Qué tiene que pasarnos para que de una vez por todas nos enteremos de lo que de verdad queremos?. Ya sabes, esas cosas raras del propósito vital, la alegría de vivir el aquí y el ahora, la gratitud y la ayuda al otro.

🗝️En el trabajo: Porque son lunes nos sentimos con derecho a estar bajos de energía, a rendir menos, a no sonreír, a estar más pesimistas o incluso a no permitirnos darnos un capricho. Anda ya!! ¿Dónde hemos aprendido eso?, ¿qué virus circula por nuestros circuitos neuronales?. Mucha gente robotiza su trabajo con la esperanza de que el tiempo pase lo más rápidamente posible y llegue el tan ansiado y valorado viernes. Porque, todo el mundo sabe, que el viernes la vida es mucho mejor.

🗝️Con el Covid: El que cree, el que no cree, el que cree tanto en el riesgo del Covid como en que si no cumple las normas tampoco va a pasar nada. El que no cree y sólo por ello se siente con derecho a no cumplir y a calificar de títeres al resto.  Y digo yo: tanto si creemos como si no creemos entiendo que todos queremos recuperar ciertas rutinas, posibilidades, alternativas o derechos que creemos perdidos. Para ello, todo esto ha de pasar. Y, para que pase lo más rápidamente posible, todos hemos de colaborar. Ni más ni menos. De lo contrario ya sabemos lo que va a pasar.

Podría pasarme todo el domingo dándote guerra pero creo que si le damos vuelta a estos tres temas, nuestra vida será más sencilla y gratificante; si no ahora, un poquito más adelante.

Mientras tanto, salud y consciencia de que #lallaveerestúconacentoenlaú🗝️

El fondo de armario de la Inteligencia Emocional

Da igual a lo que te dediques o quieras conseguir. Para evolucionar, siempre hay que hacerlo desde una base; tú.

Como si de un edificio se tratase, la construcción de nuestra vida es mejor hacerla desde los cimientos, desde la persona. Hacerlo así garantiza más probabilidad de éxito, más capacidad de resistencia a la frustración y resiliencia y sobre todo, más habilidades para la superación de obstáculos y consecución de objetivos.

Las emociones son parte de nosotros. Es más fácil despergar un chicle del pelo que despegarnos de nuestras emociones. Por algo será.

Hemos de convertir a las emociones en aliadas para conseguir reto y superar obstáculos. Para ello es importante conocer su idioma.

Identificar la emoción desde la que hablamos  y desde la que  nos habla nuestro compañero de trabajo, nuestro cliente o nuestra jefa nos ayuda a empatizar y hacernos entender mucho mejor. No hacerlo, nos acerca peligrasamente al conflicto destructivo.

Sabemos que las emociones se contagian asi que, especialmente en momentos importantes o complejos, tengamos muy claro desde qué emoción queremos comunicarnos porque será la que contagiemos.

Si nos comunicamos desde cualquier emoción de la cuadrilla de la alegría sabremos que podremos contagiar confianza, seguridad, tranquilidad, alivio, humor…

Si nos comunicamos desde la tristeza contagiaremos tristeza o incluso enfado.

Si nos comunicamos desde la ira contagiaremos ira al cuadrado.

Si nos comunicamos desde el miedo transmitiremos poca credibiliadad y contagiaremos miedo.

Y así sucesivamente.

Podemos contagiar lo que nos de la gana (faltaría más) pero luego, seamos conscientes de las repercusiones y no culpabilicemos exclusivamente  a los demás de las respuestas que obtenemos.

Las emociones no son buenas ni malas, son necesarias. Cómo reaccionamos a lo que sentimos y cómo los transmitimos es la clave para superarnos. Servidora tiene a la ira bien cerquita y poco a poco está sacando lo mejor de ella.

Siempre, #lallaveerestúconacentoenlaú