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Me engañas, cerebro

Ya  empieza a no colar. Son muchos años los que vengo entrenando como para que nada ni nadie me adelante por la derecha. Aún así, he estado a muy poquito de dejarme llevar.

Me quieres engañar, quieres que piense mal. No lo estás pasando bien y te quieres desahogar.

Ya lo estudié. En alguna formación ya me contaron que funcionabas así. No me lo tomo como nada personal; sé que en mayor o menor medida todos andamos igual. Estás ahí para eso; para cuidarme y protegerme. Como si fueses un padre temeroso y cascarrabias tratas de evitarme y evitarte sufrimientos.

¿De qué me has de proteger? De la vida, pensarás.  Sí, la vida conlleva muchos peligros pero precisamente no son los que tú crees. Peligroso es no vivir. Peligroso es tener más miedo que ilusión. Peligroso es todo aquello que nos impide adaptarnos, aprender y mejorar. Y, reconócelo; te has quedado un poco anticuado. Me ayudas a subsistir (y, te lo agradezco) pero tienes demasiado miedo a dejarme volar sola.

Te han enseñado a ahorrar, sólo así estás tranquilo. Y tratas de inculcarme los mismos valores que a ti te han servido. Gracias. Los tengo en cuenta.

Ahora, que ya te conozco bien, te pido que tú también me tengas en cuenta a mi. Quiero que seas mi aliado. Llevo tiempo preparándote para ello; ya has hecho muchas cosas de forma diferente a la que te hubiera gustado. Has visto que no pasa nada. Has comprobado que todo va bien. Te estás redescubriendo. Tú también estás en tu propio proceso de crecimiento. Tu parte más joven te está enseñando; tu parte más antigua te está protegiendo. No hay nada que temer.

Esto del confinamiento nos ha puesto a prueba. Nos ha acelerado. Hay días en los que necesitas dar rienda suelta a mis emociones y ponerme en lo peor.  Es tanta la incertidumbre, tan intenso el miedo y tan insistente la tristeza que es fácil caer.

Pero, cerebro. Ya sabemos que así nada va ni irá bien. No te dejes llevar por los viejos hábitos, no me quieras engañar.

Ha llegado el momento, la gran oportunidad de demostrar que cada vez soy mejor. Prometo tratarte bien; darte una mejor alimentación, oxigenarte, evitarte información innecesaria. Y tú, pónmelo más fácil, sólo un poco más.

Por la noche, cuando organices acontecimientos y pensamientos recuerda que sólo nos sirve lo que suma, lo útil. Tenemos que hacer limpieza en la azotea; está sobrecargada.

Somos amigos, debemos llevarnos bien pero, no olvides que soy yo la que mando. Yo elijo.

Ayúdame a ser más libre.

 

Después también es hoy

Hay una parte de mi que está encontrando mucho bienestar en el confinamiento; tiempo para estar con mis hijos, mucha reflexión y pocas prisas y tengo todo lo que necesito materialmente hablando. Creo que estoy viviendo el presente e ilusionando el futuro; me gusta. Es probable que el día antes de que todo esto acabe más de uno y más de dos tengamos cierta pena porque así sea y cuando volvamos a la rutina tengamos nostalgia de los días de recogimiento. Así somos los seres humanos.

Mientras tanto disfrutemos (cuanto y como podamos) los momentos positivos que nos da el confinamiento y aprendamos todo lo que podamos de las partes más duras y dolorosas.

LLegará el día en que salgamos de nuestras casa y sintamos cierta desprotección; después de todo ya no nos cobijan las cuatro pareces, todo vuelve a iniciarse o reiniciarse y hemos de coger ritmo. Y lo haremos, claro que lo haremos. ¿Cómo lo haremos? Pues eso depende de cada uno de nosotros. Aunque en algunos casos el margen de elección y maniobra pueda ser reducido SEGUIMOS SIENDO LIBRES y en teoría con alguna lección más aprendida. Pues pongámosla en práctica.  Demostrémonos y demostremos al mundo que somos dignos de él y que sabemos hacer mejor las cosas. ¿Nos queremos?, ¿Queremos a nuestros hijos? Pues de verdad demostrémoslo y demos un plus de humanidad, consciencia y responsabilidad a todo lo que hagamos y decidamos.

Leer, dar un like o recomendar es grato para quien lo hace y para quien lo recibe pero bueno….no es más que eso. Eso es fácil.

Estos días las redes están que arden; nos movemos buscando distracción, información, alivio, desahogarnos o encontrar posibilidades profesionales.  El Coronavirus no ha dejado ni dejará indiferente a nadie y nos tocará (ya lo está haciendo) las emociones, la salud y el bolsillo. Parece la receta perfecta para dejarnos KO; lo que más nos duele es lo que más vamos a tener que tocar, replantear e incluso modificar.

Pero, para de verdad salir reforzados de esta crisis, para superarla con el menor número de dolores posibles hay que «arremangarse» y ponernos manos a la obra. Tocar las teclas del ordenador cual juez lanzando veredictos no nos puede hacer creer que somos capaces de todo. Ni mucho menos.

Esto, si de verdad se quiere arreglar, no se hace desde un like, ni siquiera desde una pantalla de ordenador. El germen, la semilla que ha de florecer más fuerte y hermosa sólo puede ser plantada y cuidada por el ser humano y entre seres humanos. Porque detrás de un contacto físico, un espacio compartido, una mirada, un gesto, un silencio, un abrazo o un apretón de manos se sabe de verdad cuáles son las verdaderas intenciones.  La tecnología es un medio que  apoya, como no, y  permite que las  intenciones que conviertan en realidad.

Estés en la situación que estés (desempleado, trabajador por cuenta ajena, empleador, autónomo, gestor CEO de hogar, etc)  mírate y déjate mirar; no lo hagas todo por la red, acércate al otro y demuestra tus intenciones. A partir de ahí es cuando vamos a reconstruir y construir nuevas redes que nos permitan pescar más y mejor.

Esta situación que vivimos nos está demostrando qué manda y a quién debemos prestarle más atención. Debemos de poner en el foco más en el cómo que en el qué. Si queremos ser mejores e incluso conseguir más cosas está bien, hagámoslo, pero cuidando mucho el cómo lo hacemos.  No todo vale ni para nosotros ni para los demás; quien no entre a ello tarde o temprano se verá apartado tanto en el ámbito social como en el económico.

Escucho y leo atentamente las impresiones de numerosos expertos en áreas tan diversas como la economía, el ecologismo, la filosofía, la tecnología, la medicina…y, verdaderamente nadie sabe cómo va a reaccionar el mundo después de todo esto. No hay precedes similares a los que agarrarse para prever pero sí hay algo que todos comparten; es el ser humano (tú y yo) quienes serán la llave que abra o cierre la puerta de la solución.  

Por ejemplo, se me ocurre que, desde el confinamiento podemos;

  • Saludar amablemente a los vecinos y preguntarles cómo están o si necesitan algo.
  • Ayudar (poniéndolo en conocimiento de quien sea competente) a aquellas personas (niños y mayores) que sufren dentro de su hogar. No nos hagamos los tontos, que oír seguimos oyendo.  Tengo la sensación de que el Coronavirus nos ha mandado la mascarillas para que nos callemos un poco y aprendamos a escuchar y actuar. Este mundo es el de los valientes, el de aquellas personas que se han dado cuenta de que no pueden girar la cara y taparse los oídos frente al sufrimiento ajeno. Sí se puede, hay que hacer.
  • Pagar, pagar y pagar impuestos sin clamar al cielo y despotricar. Está bien auditar e incluso discrepar con  el cómo se gestionan pero dejémonos de quejas que es muy, muy cansino.
  • Hacer caso de lo único que se nos pide; quedarnos en casa.

De uno en uno se hace un millar, un millón y los miles de millones que estamos. De uno en uno ha de partir la solución. Es verdad que las decisiones de unos tienen más impacto que las decisiones de otros. Entre todos habrá que velar para que quienes decidan lo hagan lo mejor posible mientras cada uno de nosotros ejercitamos la coherencia y eso implica echarle un par.

#lallaveerestú#