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Mis máster en Inteligencia Emocional

Vivimos en un mundo en el que, aunque cada vez menos, reina la titulitis.  Hay quienes aún creen  que ser poseedor/a de un título formativo te certifica como la guinda del pastel; alguien que merece, cuanto menos, un trato especial.

Y no, eso no sólo sucede con la formación; seguramente recordarás haber oído algo así como » Y tú, ¿De quién eres?», » Es de buena familia porque su padre es…y tiene…».  El caso es que nadie puede quedarse sin etiqueta y en este mundo en el que vivimos se ponen (y nos colgamos) más etiquetas que en el Corte Inglés.  Ahora, muchas de ellas se cuelgan en forma de likes; tantos tienes tantos vales, tantos tienes tanto te quieren y, a veces,  tantos tienes tanto «tont@» te puedes volver.

Bueno, más allá de esta pequeña reflexión me gustaría contarte que yo, como buena ciudadana mediocre, en algún momento también pensé que tener muchos títulos formativos me harían merecedora del mejor de los tratos y consideraciones. El caso es que sí, que ni más ni menos que la media, he obtenido mis títulos.

Y ahora, rondando los 40 no me arrepiento de ello porque aprender he aprendido ( aunque no siempre el título implica aprender). Con todo ello,  me he dado cuenta de que, de entre la masa, lo que me puede diferenciar no es lo que tengo, es lo que soy. Ya ves, a mi edad y parafraseando un anuncio de relojes.  Lo que sé no sirve de nada si no transforma lo que soy, y menos aún, se quiero evolucionar en todos los sentidos.

Hace un mes comenzó mi cuarto máster en inteligencia emocional; se llama Malen y vino al mundo el 5 de agosto. Ella, junto a sus dos hermanos son mis verdaderos maestros; me ponen frente al espejo día sí y día también. Saben evidenciar y sino, ya me lo recuerdan, cada una de mi debilidades y errores pero refuerzan como nadie mis fortalezas. Los tres son intensos y exigentes (como su madre) pero tremendamente comprensivos conmigo. Saben que hago lo que puedo y que quiero aprender y hacerlo cada día mejor. Cuando no me salen las cosas como me gustaría me besan y con sus manitas me sujetan la cara mientras me repiten (como alguna vez hago yo) «No pasa nada, lo conseguirás». 

Me formo y me formo en inteligencia emocional y habilidades interpersonales. Busco en Internet, leo libros, asisto a cursos y cada día me doy más cuenta de que lo que vivo con ellos me aporta más aprendizaje que todo lo anterior junto. Cuántas veces buscamos fuera lo que tenemos dentro! Y esta reflexión se puede llevar al día día de cualquier persona; es en la calle,  escuchando y observando a las personas como de verdad aprendemos a desarrollarnos personal y profesionalmente. 

Te podría contar decenas de historias que nos pasan cada semana y, de hecho, te invito a descargarte mi siguiente podcast en el que te cuento mi primer día de colegio…. https://lallaveemocional.com/podcast/. Sin desperdicio.

https://lallaveemocional.com/podcast/

Y te preguntarás, Ana  ¿A dónde quieres llegar? Sinceramente, a nada en concreto. Simplemente quiero recordarte que el gran aprendizaje de la vida está dentro y muy cerca de nosotros.  El día a día es nuestro maestro; nuestras retos, amistades, conflictos, reacciones, emociones y reacciones son las que no «chivan» en qué punto del camino estamos para ser lo que queremos ser personal y profesionalmente.

Haz la prueba mañana. Desde que te levantes hasta que te acuestes, observa y pon atención tanto en ti mism@ como en tu entorno, observa cómo reaccionas con él y él contigo y, en poco tiempo, descubrirás respuestas que jamás vas a encontrar ni en Google, ni en Facebook, ni en Twitter ni en Youtube.

Recuerda que lallaveerestú.

¿Por qué la inteligencia emocional te lleva al éxito?

¿Exagerada? Ni mucho menos. Por mi propia experiencia y por todas las recogidas a lo largo de varios años dedicamos al mundo de la inteligencia emocional sé que no es una exageración. Ayer me lo comentaba un asistente a una de mis formaciones; «Esos diez días me cambiaron la vida», me dijo. No os voy a negar que me encantó oírlo; de alguna manera algo tuve que ver. Pero, no me engaño; no se trata de mí sino de él. No se trata de que me considere una persona de éxito sino una persona que cada vez está más cerca de lo que desea a nivel personal y profesional. Para mí eso es el éxito. Hacer de mi inseguridades y «mala hostia» mi gasolina para acercarme a lo que llamo éxito ha sido un triunfo personal y profesional. Cierto es que no todos los días lo consigo pero la mayoría SÍ. Sigo contando con mi «carácter» porque forma parte de mi pero, en general, soy yo quien lleva mi propio control; ni los demás, ni los acontecimientos ni mi propia mente manejan mi vida.

Voy por buen camino. Estoy tan en racha que igual me animo a reducir mi gran vicio (El Cola Cao). Ya veremos.

¿Por qué la inteligencia emocional te lleva al éxito?

  • Porque sólo ella hace que sepas ir formando ese puzzle mental y emociona eres tú (y yo). «Qué sorpresa saber eso de mí» dicen algun@s.
  • Porque saber qué emociones tienes y cómo manejarlas es un camino obligatorio si lo que quieres es desarrollarte personal y emocionalmente.
  • Porque sólo la inteligencia emocional es la que te va quitar la cara de «tont@» (por no decir otra cosa) cuando no has sabido reaccionar o lo has hecho de forma incontrolada en una situación más o menos importante. «Mi jefe grita que así no pueden seguir las cosas; mi equipo dice que me tiene miedo» dicen algun@s mandos.
  • Porque, independientemente de estar en lo cierto o no, tus decisiones van a ser mucho más tuyas porque van a ser más conscientes. » Estaba cansado de dar la espalda a los conflictos. No sabía cómo abordarlos» cuentan algunas personas.
  • Porque, con inteligencia emocional, vivirás TU vida acorde a tus valores. «Lo tenía todo y estaba hasta insatisfecho; ahora ya sé porqué».
  • Porque con inteligencia emocional te ves más atractiv@ y exitos@ ( es broma… o no). «Me siento más segur@ y hasta tengo la sensación de que la gente quieres estar más conmigo».
  • Porque no hay nada mejor que sentir satisfacción con un@ mism@; esa satisfacción de ir mejorando y evolucionando gracias al propio esfuerzo.La inteligencia emocional es un trabajo de «pico y pala» pero muy agradecida porque enseguida encuentras diamantes. «Una semana poniendo en práctica algunas técnicas y ya me han dicho que qué me pasa, que en las reuniones escucho y todo».
  • Porque trabajar la inteligencia emocional cuida de nuestra salud.
  • » Parece que mi estómago está más tranquilo y mi tensión también»

Son muchos más los motivos por lo que la inteligencia nos acerca al éxito; no son para contar, son para vivir así que recuerda que la llave eres tú.

Decisiones que cuentan tu historia personal y profesional

Estaba escuchando a Tony Robbins cuando, como casi siempre me sucede, me han venido muchas ideas y reflexiones a la cabeza. La que más ha resonado en mi inquieta mente ha sido la siguiente: Si nuestra historia es producto de nuestras decisiones, tendré que echar un vistazo y repasar las decisiones que más han afectado a mi vida personal y profesional.

¿Sería interesante hacerlo, no?. Después de todo así sabré si me conviene o no repetir la estrategia.

Cuando «contamos nuestra vida» podemos tender a echar balones fuera y responsabilizar a las fuerzas del bien o del mal (según nos conviene) de nuestra andadura y resultados. Es posible que para muchas personas el azar sea un jugador importante en la partida aunque, no nos engañemos, la capitanía la debemos de tener nosotros. Si no fuese así, no nos saldría a cuenta levantarnos de la cama.

Por cierto, ha llegado a mi memoria una experiencia más repetida de lo que me gustaría que aconteció en mi vida profesional hace ya más de diez años. Por aquel entonces yo hacía selección de personal y estábamos en una época (para algun@s gloriosa) caracterizada por el reinado del noble ladrillo. Costaba mucho encontrar personas disponibles para trabajar; había movimiento en el mundo laboral y encontrar peones para cadenas de producción se convertía en algo así como una proeza. En esos días oí, y más de una vez, de boca de chicos de no más de 20 años, sin formación pero con grandes pretensiones que «no se levantaban de la cama por menos de 1500 Euros». La risa tonta era lo que me entraba a mí; en aquellos tiempos me levantaba (y ahora, también lo hago y lo haría) por menos de esa cantidad. Lejos de juzgar conductas u otras épocas anteriores me pregunto qué será de ellos en éste, nuestro presente laboral. Quién sabe!!!

Más allá de esta anécdota no podemos negar que las decisiones que tomamos o no tomamos marcan nuestra vida profesional y personal. La clave está en saber identificar qué tipo de decisiones tendemos o no a tomar y si estamos satisfechos con ellas y con las consecuencias que nos han generado. Por mi parte he de decir que hay decisiones que he tomado que, aunque incómodas y dolorosas en su momento, han sido la antesala de mi nuevo hogar; donde quiero estar personal y profesionalmente.

Decidir qué hacemos o no hacemos, de quién nos fiamos, con quién nos aliamos, en qué nos formamos o cómo nos relacionamos son decisiones clave poner los cimientos de nuestra estructura vital. Los resultados son importantes sí pero no menos que la autoría; si te equivocas, por lo menos que sea tu equivocación porque tú conscientemente hayas decidido lo que querías hacer.


Y no te olvides de que siempre estamos a tiempo de cambiar de opinión, de que la llave eres tú y de que en agua estancada soló crecen sabandijas.

Y si te pregunto:

¿Sabrías identificar las tres decisiones más relevantes de tu vida personal y profesional), ¿Volverías a decidir lo mismo?, ¿Qué has aprendido?. ¿Te levantarías de la cama por menos de 1500 Euros mensuales? (La última, es broma).
Y no te olvides de que siempre estamos a tiempo de cambiar de opinión, de que la llave eres tú y de que en agua estancada soló crecen sabandijas.

Despierta! y evoluciona

Aviso, este post no va a ser formalmente correcto; yo muchas veces no lo soy, sobre todo, porque no quiero.

Antes me mosqueaba, después me entristecía y ahora, ahora me da la risa. No puedo evitarlo. Normalmente no lo dicen a la cara; no mantienen la mirada. La valentía no es una de sus cualidades.

Quieren aparentar, y lo hacen muy bien, que les da igual. Vamos, que le parece una gilipollez, que así no se llega a ningún lado y que sólo es una moda. Les parece más efectivo y profesional hacer los chistes de siempre, mirar para otro lado o ironizar más o menos descarnadamente sobre sí mism@s o sobre los demás. Toda la vida se ha hecho así y es lo que te hace llegar lejos, muy lejos.

Me genera curiosidad, y porqué no ternura, observar y analizar su comportamiento. No, no creo que estén en peligro de extinción pero sí que creo que son seres dignos de estudio. Se han empeñado en no evolucionar.

Son personas que creen que mostrar emociones es signo de debilidad, que el más fuerte es el que enseña dientes y puño, que el éxito se hace a base de hostias y que, si hay que dar hay que dar (porque, parece que no tienen más recursos). Ironizan cuando se tocan temas sensibles y a veces, huyen con la excusa de que no tienen tiempo que perder; «Saben hablar de posesiones, números y éxitos con habilidad y entusiasmo pero se cagan por las patitas abajo a la hora de reconocer costes emocionales o inversiones personales». Son analfabet@s emocionales que no se acaban de enterar de lo que vale una emoción mal invertida y que, encima, alardean de ello.

Se disfrazan de lo que no son y se lo acaban creyendo, tanto que acaban siendo marionetas y víctimas de su propia película. Les gusta llamar al atención y que les alaben. Cuando entran a un sitio tratan de ocultar a gritos la falta de autoestima y saben como nadie ridiculizar al otro para que no se vean sus propias debilidades.

Ovejas, Rebaño De Ovejas, Animales, Lana
Con perdón de las ovejas…

Algun@s de ellos tienen mucho dinero y poder, otr@s lo quieren aparentar y algun@s más se arriman a quienes lo tienen a ver si se les pega algo.

El caso es que parece que, a muchos de ell@s la vida les sonríe pero, no te engañes; deja que se engañen ellos si así lo quieren pero tú no caigas en esa trampa. No son lo felices que les gustaría porque no tienen ni idea de quiénes son ni lo que quieren, realmente no saben con quién pueden contar (dudan hasta de sí mism@s) y tienen un miedo paralizante que les incapacita para vivir de forma coherente y tranquila.

Detrás de esta sonrisa «Profiden» es muy probable que sólo haya soledad involuntaria, tristeza e incapacidad para reconducir una vida que saben, porque lo saben, que algún día acabará y nada, nada de lo que han valorado les acompañará.

Después de todo, esa persona podemos ser nosotr@s (o hemos podido serlo en algún momento) o quizás lo sea alguien de nuestro entorno. No lo ponen nada fácil pero sería deseable que lejos de ver la parte menos atractiva seamos capaces de ver la debilidad de quien vive una vida «postiza» y empatizemos hasta darle el cariño y la fuerza para que se den (si quieren) una nueva oportunidad.

Algún día, puede que nosotros también lo necesitemos.

«Los miedos de una»

Poco a poco vamos reflexionando sobre las emociones básicas y hoy, cual mariposa, nos volvemos a posar sobre el miedo. Muchas veces he pensado que el miedo es la emoción que «mueve el mundo» y sigo teniendo esa percepción. Tiene la capacidad de mostrarse sin maquillajes ni miramientos; una película de miedo o una situación de peligro real e inminente pueden ser ejemplo de ello. Por otro lado, es una emoción tan versátil que sabe disfrazarse y armarse de sutileza para que, a primera vista, no sepamos que es ella quien actúa por nosotros; dejar de hacer o decir algo por miedo a reacciones, mantener aparcados proyectos y conversaciones porque no sabemos qué puede pasar o qué consecuencias puede tener, atacar antes de ser atacados, seguir con la misma vida porque al final, «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer», etc. Ay madre cuándo daño ha hecho esta expresión!!!!

Más allá de pequeños hábitos vinculados a la rutina diaria no me considero una persona miedosa o, pensándolo bien, sí lo soy. Creo que tengo miedo, mucho miedo a no vivir la vida como siento y quiero. Creo que para mí sería un verdadero fracaso acabar mis días con la sensación de haber pasado por este sendero con el mero objetivo de existir. Sería capaz de hacer un pacto con el diablo, o quien tenga potestades, si me diera otra oportunidad jejeje.

Para ir eliminando pactos poco atractivos hace años que me dispuse a vivir y a transformar ese miedo en impulso. Suena bonito y un tanto utópico, lo sé, pero bueno, cada un@ tenemos derecho a fantasear y buscar lo que queramos.

La cuestión es que el tema se complica, la maternidad es un verdadera tabla de ejercicios ante el miedo; ya no sólo estás tú, de hecho tengo dos hijos y en camino viene la tercera. Por si se te ha pasado por la cabeza; ni estoy loca, ni pertenezco a ninguna corriente, ni tengo mucho dinero, ni na de na. Simplemente voy a ser mamá de familia numerosa y aunque jamás lo hubiera imaginado ahora no lo concibo de otra manera. Ya te he dicho que quiero vivir a mi manera y ésta es mi fórmula: Mamá familia numerosa+autónoma+rebelde por naturaleza. Eso sí, mis hijos son gran parte de mi impulso y mi trabajo me encanta; además, cuento con la complicidad del mejor compañero de vida.

Y, volviendo al tema del miedo supongo que entenderás que, en parte, se multiplique; de vez en cuando aparece el miedo a no abarcar todo como creo que debería, miedo a no ser la madre que me gustaría, miedo a no estar a la altura profesionalmente (de la otra, me conformo con el 1.59 cm), miedo a… Soy muy consciente de que el miedo, bien llevado y trabajado, lejos de bloquearnos o paralizarnos nos aporta prudencia y nos protege. Por eso, cada día me llevo mejor con él; ya nos vamos conociendo y sé cuándo quiere chivarme algo interesante, cuando quiere volverme loca, cuando quiere protegerme o cuando, simplemente, busca recordarme algunos aspectos que mi mente olvidadiza no recuerda. De cualquier manera, él hace su trabajo y el mío es saber que está ahí, agradecerle todo lo que hace por mí y pararle los pies si creo que se extralimita en sus funciones. De alguna manera, también hemos de ejercer como madres y padres con el miedo; si le dejamos, si no le educamos y le malcriamos él hace con nosotros lo que quiere.

«Mi vida estuvo llena de desgracias…»

No recuerdo quién fue la primera persona que lo escribió por primera vez, o por lo menos, de quién lo leí. Lo cierto es que esa frase podía ser perfectamente mía, sobre todo, durante algunos años.

Te propongo un pequeño ejercicio para el día de hoy: Piensa o, mejor aún, haz un pequeño (o grande, lo que salga) listado de todas o muchas de las cosas que te preocupan. De este listado, selecciona aquellas que «más quebraderos de cabeza te dan» y escoge a aquella que entiendas prioritaria para atender.

Ahora, imagina que eres un ser con la capacidad de observar y atender desde todos los ángulos; algo así como una preciosa y ligera mariposa que revolotea en silencio alrededor de ti mism@ y puede ver esa «preocupación» desde todas las perspectivas. ¿Qué te cuenta la mariposa?, ¿Qué perspectivas te da?, ¿Qué sentimientos te genera?. Recuerda! ni tú ni la mariposa os dejáis llevar por los pensamientos porque éstos vienen y van como las nubes. Déjalos ir. Céntrate en las sensaciones que te genera la mariposa y escúchale. Ella tiene toda la información y sabe lo que te puede ayudar.

Hace unos años un amigo me contó que en los lugares donde hay mariposas no hay contaminación.

Estoy convencida de que, si has seguido los pasos, la mariposa te ha llevado a percepciones y sensaciones que te ayudan a relativizar, encontrar la perspectiva más sana y aliviar ideas preconcebidas.

Porque sí, «Mi vida estuvo llena de desgracias, MUCHAS DE LAS CUÁLES NUNCA SUCEDIERON».

#lallaverestu#

IE para Semana Santa

Vacaciones de Semana Santa, cuántas expectativas por delante!

Por si te pueden inspirar o ayudar, ahí van algunas anotaciones, reflexiones o ideas (como las quieras llamar) que viene muy bien recordar si lo que queremos es disfrutar, cargar pilas y aprovechar estos días para coger energía y mejorar.

Toma nota:

  • Las vacaciones siempre generan expectativas pero sólo serán positivas si eres consciente de que hay una gran parte de ellas que dependen de ti y otras que no están dentro de tu zona de control. En cualquier caso ( y en la mayoría de las ocasiones) tú tienes la liberta de poder sentirte y reaccionar como quieras; tú tienes la responsabilidad y el control.
  • Recuerda que el tiempo es tu tesoro más preciado; elige cómo y con quién lo pasas. Supongo que en tu agenda estarán planes más o menos voluntarios. Selecciona todo lo que puedas y elige tus compañías; marca la diferencia.
  • Sonríe, sonríe y sonríe. Si llueve, si los planes no salen como esperabas o si algo o alguien te saca de tus casillas, no dejes de sonreír. Con esto no quiero decir que no te enfades o no estés triste; a lo que me refiero es que hagas un esfuerzo por sacar el aprendizaje y la moraleja de lo que sucede. Sonríete y quiérete; te lo mereces.
  • Las vacaciones pueden ser un buen momento para relajarte, disfrutar en compañía y en soledad; regálate descanso y reflexión. Dedica algo de tiempo para invertir en mejoras que puedas disfrutar y aplicar cuando vuelvas a la rutina.
  • No le tengas miedo a la vuelta a la rutina; identifica todas las cosas buenas que te da el día a día rutinario y agradece. Busca áreas de mejora y proponte pequeños hábitos que te ayuden a ser más feliz más allá de las vacaciones. Recuerda que la vida va más allá de los fines de semana, los puentes, la Semana Santa, el verano o la Navidad. NO desperdicies tu vida.

Te deseo la mejor de las vacaciones. Te deseo la mejor de las vueltas y la mejor de las rutinas. Este es el reto; autosuministrarnos «lo mejor».

Gracias!

La vida de otr@s

Tu vida es tu vida y mi vida es mi vida. No es una mera frase; si de verdad tomamos consciencia de lo que ello conlleva no nos queda otra que responsabilizarnos un poco más de nuestra vida y dejar a los demás que hagan lo que quieran o puedan.

Todos sabemos lo que tienen que hacer l@s otr@s para mejorar sus vidas y sus problemas e incluso podemos llegar a enfadarnos si no lo hacen.

Tú eres tú y yo soy yo. Otra frase más que añadir a la primera. Y no, no voy a preguntar ¿Quién es más tonto de los dos?. O sí, porque me gustaría preguntarte (echándole un poco de sentido del humor?. ¿Quién es más tont@, la persona que dice a otro lo que tiene que hacer, sentir o ser o la que le hace caso?.

Cierto es que hay momentos en la vida en la que por diferentes circunstancias somos más vulnerables y permeables al entorno; la niñez, las épocas de baja autoestima o, simplemente, la falta de autoconocimiento o información pueden ser ejemplo de ello.

Lejos de querer culpabilizar a nada ni a nadie me gustaría recordar que tod@s tenemos el derecho e incluso la obligación con nosotros mismos de ser honestos y coherentes con lo que queremos y sentimos; vida personal y profesional acorde a lo que conscientemente queremos y/o elegimos.

Haz un breve repaso mental ¿Cuántas cosas has hecho o sigues haciendo en tu vida que verdaderamente no quieres hacer? Me refiero a «cosas» que hacemos que para nosotros no tienen un para qué importante; conductas y hábitos que en realidad puedes elegir no hacer pero, por alguna razón, te sientes «obligad@».

Te pongo algunos ejemplo:

  • Ir, asiduamente de vacaciones a algún lugar.
  • Relacionarte con algunas personas.
  • Haber estudiado determinada carrera.
  • Consumir servicios o productos que ni te gustan ni te satisfacen.
  • Tener horarios concretos.
  • Reírte de los chistes que no te hacen ni pizca de gracia.
  • Callarte y tragarte (en demasiadas ocasiones) tus palabras para evitar males mayores.
  • No ir o no hacer o no decir por no molestar o enfadar a alguien.
  • Un largo etcétera.

Pueden parecer temas baladíes pero no lo son. Si, a varias de estas cuestiones, has respondido afirmativamente (y, verdaderamente no entiendes para qué lo haces) puede ser un buen momento para reflexionar porque, a lo mejor, sin darte cuenta, pasas gran parte de tu tiempo viviendo la vida de otr@s y no te has dado cuenta. Has de saber que ser consciente de ello y obrar en consecuencia tiene un precio «social» pero es una inversión en libertad.

Pase lo que pase y hagas lo que hagas #lallaveerestu#

La tristeza de no querer ir

¿Te ha pasado alguna vez?, ¿En alguna ocasión no has querido ir, por ejemplo, al trabajo?.

En anteriores post hablamos de las emociones en general y de la alegría en particular. Comentamos que la alegría es una emoción básica y que junto a ella, hay cinco más. Una de las cinco acompañantes es la tristeza.

La tristeza es la «capitana» de una cuadrilla de emociones entre las que se encuentran la pena, el duelo, la desesperanza, la desilusión, la apatía, etc.

Como idea general podemos decir que la tristeza es una emoción que tenemos como consecuencia de una percepción de «pérdida». Nuestra mente percibe que ha «perdido» (algo material, un trabajo, una relación, dignidad, una amistad o un ser querido) y responde con mayor o menor intensidad en función de lo que se percibe perdido.

No es fácil lidiar con un estado de tristeza, entre otras cosas, porque a veces no sabemos identificarla. Nuestro cuerpo ha recibido de nuestra mente ese mensaje de pérdida y reacciona para protegernos; de ahí que en muchas ocasiones cuando estamos tristes no tenemos ganas de hacer nada, estamos apátic@s. La mente le manda al cuerpo un recado; le dice algo así como «Guarda, guarda que no estamos para más pérdidas» y el cuerpo se recoge y se encoje, la mirada baja y las energías se ponen modo «bajo consumo».

Una vez sabido esto (que aunque es meramente introductorio creo que puede resultar ilustrativo) has de recordar que no hay emociones buenas ni malas y que todas son «chivatas» de algo que debemos saber y gestionar.

Cuanto alguien no quiere ir a algún lado o hacer algo (de forma reiterada) es muy posible que en un primer momento no manifieste tristeza; nos resulta más fácil manifestar ira (otra emoción básica) y despotricar de algo o de alguien hasta creer que hemos soltado y nos hemos desahogado lo suficiente como para autoengañarnos y pensar que todo ha pasado. Lo cierto es que no, no ha pasado y tiempo después vuelve a aparecer.

Como si fuésemos cebollas, puede ser interesante indagar un poco más y quitar la primera capa de «la mala hostia» para ver qué hay detrás. Son muchas las ocasiones en las que, detrás de la citada aparecen las lágrimas y las lamentaciones porque nuestro trabajo no nos motiva, porque no nos sentimos queridos o valorados por nuestros compañer@s, porque no nos valoramos a nosotros mismos…

¿Qué saber de la tristeza?

  • Que es una emoción que nos ayuda a sobrevivir y superarnos.
  • Que hemos de saber identificar signos de tristeza en nuestra forma de pensar, sentir, relacionarnos, actuar y hablar.
  • Que la tristeza nos ayuda a parar, reflexionar y reconducir nuestra vida.
  • Que estados de tristeza pueden ser el germen de estado de alegría y mejora pero para ello hay que entender que no debemos agarrarnos a la tristeza como si fuese nuestra única compañera de vida; las emociones y estados emocionales hay que reconocerlos, aceptarlos, superarlos y saber dejarlos ir si es lo que nos conviene.

Ideas que te sugiero para ir identificando tus emociones:

  • Como si fueses un observador: mírate y escúchate desde fuera. No te juzgues, simplemente toma nota de lo que sientes, cómo, cuándo y dónde lo sientes (imagina que eres un bonito pájaro que te ves desde las alturas y puedes visualizar desde todos los ángulos). Esta es una de las llaves maestras para comenzar a identificar la emoción.
  • Toma nota de pautas que se repiten; pensamientos, personas y comentarios, acciones, resultados, etc. que generan en ti tristeza. Después, reflexiona e indaga un poco más en cada uno de ellos.

Todo esto que te estoy contando es aplicable a cualquier situación que nos inquiete, tanto para niños como para adultos, tanto en el ámbito personal como profesional. Dedícale un poco de tiempo a estos pequeños ejercicios y habrás emprendido el camino de la mejora en tu coeficiente emocional. Sólo si sabemos lo que sentimos podemos gestionarlo; de lo contrario seremos veletas. Sólo si entendemos lo que sienten los demás podremos ayudar a nuestro entorno.

Si este pequeño post se torna en acción para ti y para mí estamos de enhorabuena; hemos despegado y más pronto que tarde seremos nuestra propia llave porque, recuerda, #lallaveerestu#.

Asertividad &»Equilibrios emocionales»

Estrenamos semana así que mucho ánimo y por ella!

Siempre lo he sabido aunque he de reconocer que hay momentos en los que me resulta muy complicado. ¿Cómo hacerlo?, ¿Cómo equilibrar valores vitales con este sistema en el que vivimos?.

Desde dentro, desde lo más profundo de nuestra cabeza y corazón nacen susurros que nos nos dicen que no debemos permitir esto o lo otro, que no es justo y que no es lo que queremos para nosotros ni para nuestro entorno.

Hay veces que les hacemos caso porque hacemos del querer poder. Y nos sentimos muy bien.

Otras veces, hacemos como que no pasa nada, nos tapamos los oídos y tiramos cuál autómatas. Es entonces cuando estos susurros internos se convierten en gritos que se manifiestan externamente como malestar, enfado, tristeza, malas contestaciones, apatía, disgustos…

Qué difícil es conciliar los valores con este sistema, en algunas ocasiones, tan pervertido . Te podría poner mil ejemplos; mirar hacia otro lado ante situaciones que nos parecen injustas, callar para no meternos en líos, simular acuerdo con personas que sabemos que están obrando con malicia, omitir acciones para no vernos salpicados, hacernos cómplices de actos que reprochamos para protegernos de represalias…

Dime, ¿Cuántas veces te ha pasado esto?. A mí, muchas. Por más que me esfuerzo en ser lo más reivindicativa y asertiva posible reconozco que no estoy al nivel que me gustaría. Estoy en ello.

Esta forma de obrar, aunque pensamos que nos protege externamente, no es más que una forma de dilatar algunas agonías. Si nos «tragamos» lo que realmente nos gustaría soltar, si dejamos de hacer lo que verdaderamente creemos que debemos hacer, si avalamos por acción u omisión aquello que luego criticamos sin parar, ¿qué estamos haciendo?.

Con ello no te estoy invitando a que te «sueltes la melena» y te dejes llevar por todo tipo de emociones. Por más ganas que tengas y por más razones que te avalen no sirve para nada bueno pillar por banda a tu jefe y soltarle una sarta de bondades; serán siete segundos de desahogo y siete años de consecuencias. Nada que ver.

En concreto, me refiero a esforzarnos por buscar un equilibro sano entre nuestros valores y la realidad de nuestra vida y nuestro entorno. Me refiero a ser lo más honestos y coherentes con nosotros mismos. Una buena aliada para llevar este reto a cabo es la asertividad.

La asertividad es la capacidad que tenemos de defender y proteger nuestros derecho y opiniones sin ofender al otro. La asertividad nos ayuda a saber decir no y a manifestarnos y reivindicarnos como personas con todo el derecho a decir lo queremos decir.

Te cuento una anécdota real que escuché en la radio: LLamaba una señora contando que hasta los 10 años de vida de su nieta se había encargado de su día a día. Gran parte de la rutina diaria de la niña era supervisada y cuidada por su abuela; colegio, comida, extraescolares, etc. La buena señora se manifestaba feliz de haber compartido todo ello con su nieta. Un día, su hijo y su nuera fueron a su casa y le dijeron que les gustaría tener otro hij@ pero que sólo le tendrían si era ella quien les ayudara tal y como lo había hecho con al primera. ¿Qué crees que hizo la abuela?.

Todo sabemos lo que han de hacer lo demás con su vida y cómo han de resolver sus problemas y no dudamos en manifestarlo en voz alta; somos la sabiduría en persona. Pero luego, no nos atrevemos a decir pequeñas o grandes cosas que nos ayudarían a mejorar nuestra vida y estar en paz. Y lo curioso es que, ya saturad@s, cuando lo hacemos elegimos el momento y forma menos adecuada…

Trabaja tu asertividad y verás como #lallaveerestu#