Categoría: Sin categoría

Y dice La Pelaya: «Siempre levantan la cabeza»

Hola, ¿Cómo estás?

Al habla, La Pelaya

Me pasa muchísimas veces. En bastantes formaciones y con diferentes colectivos.

🧐 A todos les interesa.

No estaba en el guión pero es inevitable que aparezca.

Es mencionarla y levantan la cabeza.

Después de todo, ¿quién no tiene?.

Cuando te expones ante los demás porque haces una charla, una clase, un taller o una formación ella está muy presente. Suele ser la que responde en la adversidad.
Ante la crítica, las situaciones complejas o lo retos ella salta o se repliega. Todo depende de cómo está.

Y es que la 🧬 AUTOESTIMA siempre es un tema a tocar.

Los que continuamente nos estamos exponiéndonos ante los demás, quiero decir, los que lo hacemos un poco más que la media, necesitamos tenerla aún más presente.

Y es que hay dos cuestiones claras:

👉1.Nuestras forma de formar dependerá de cómo anda nuestra autoestima.
👉2.Para que se produzca el aprendizaje hemos de «tratar» adecuadamente a la autoestima de los demás.


A groso modo podríamos decir que hay personas con autoestima alta y estable ☀️ Esta mola porque, quien la tiene, en la mayor parte de casos está seguro y tranquilo consigo mismo. No se toma a la tremenda muchas de las cosas que pueden pasar en un proceso formativo y están más orientados  al aprendizaje y superación (estoy hablando tanto de formadores como de alumnos). Los acontecimientos externos no debilitan su confianza y ganas de mejorar.

También podemos encontrarnos con personas con autoestima alta pero inestable.⛅️ Se sientes seguros y confiados hasta que los acontecimientos externos no digan lo contrario. Imagina lo que puede ser eso. Si un asistente a una formación manifiesta descontento, pierde la seguridad y concentración. Si alguien le contradice se altera, bloquea o empequeñece el resto de la formación. Depende demasiado de los acontecimientos externos…Y lo mismo le puede pasar a un alumno o asistente a una formación.


¿Qué me dices de la autoestima baja y estable? 🌧 Ya sabes, da igual lo bien que lo haga, el  feedback que reciba, los resultados positivos que obtenga…Nada de ello hace cambiar la perspectiva negativa sobre sí mismo y su situación. Hay formadores y alumnos con esta autoestima. Como formadores debemos trabajarla para evitar que interfiera negativamente en nuestra labor (entre otras cosas) y ser conscientes de la importancia de «alimentar» positivamente el clima que se genera a fin de incentivar ese cambio de mentalidad en quien no se valora a sí mismo.

Por su lado, quien tiene autoestima baja e inestable 🌩 aún sufre más las variaciones externas.Todo o casi todo es motivo para ser y estar más negativo. Siempre hay tiempo para quererse menos y peor. Un formador con esta autoestima es «carne de cañón» y el sufrimiento es su pan de cada día. Una alumno con este perfil, si no se sabe gestionar, es fuente de desmotivación, conflicto y analfabetización.

Y, ¿Qué me dices de formadores y alumnos con autoestima inflada? 💨 Todo un reto. Profesionales que creen que saben más que nadie, lo hacen mejor que nadie y nunca se equivocan. Y, si lo hacen, es por culpa de los demás. Alumnos que no se hacen responsables de sus fallos y conductas. No saben y tampoco les gusta escuchar ¿Para qué si siempre tienen razón?.

Y este sería una pequeña reflexión sobre autoestima-formador-alumno o asistente (como lo quieras llamar).

A dónde quiero llegar:

Si quieremos hacer mejor nuestro trabajo, en las clases, en las formaciones y en las presentaciones no sólo debemos gestionar y trasladar contenidos. Necesitamos alimentar positivamente las autoestimas; la propia y las ajenas.

📌 El primer gran paso. Identificar qué tipo de autoestima tenemos en este momento. 📌

¿Cómo está la tuya?

P.D: Aplicable también a profesionales de sectores varios. Mejor dicho, aplicable a profesionales. 

Buen día.

La Pelaya.

¿Para qué sirve un formador?

Joe, Pelaya. ¡Qué preguntas haces! Lo sé, puede parecer que tengo una visión utilitarista del formador.  Y lo que parece puede ser o no. El caso es que, como ha ocurrido en otras muchas profesiones, las formaciones han cambiado, y mucho.

Quien crea que un formador es únicamente una fuente de información se está perdiendo la canción más importante del repertorio. El baile formativo ha cambiado y  quien no haya cogido el paso ya  que se ponga las pilas porque si no le puede pasar lo mismo que al “walkman”.

Eso sí, quien coja el paso… Hoy, más que nunca, un buen formador genera valor.

¿Recuerdas cuándo íbamos a los conciertos?  Esperábamos ansiosos a nuestras canciones favoritas  mientras disfrutábamos del ambiente.

Pues algo así es una formación de hoy en día. Un concierto al que acuden (con más o menos ganas) los asistentes. La mayor parte de ellos se saben el repertorio y quieren corearlo con el formador; quien se supone que canta mejor.  Otros no se lo saben y quieren aprenderlo de manera fácil y, si puede ser, amena.

¿Qué otras cosas buscan en la formación?

  • Buscan canciones-contenidos inéditos. Los formadores debemos estar actualizados en nuestros conocimientos.  No hace falta volverse loco buscando y buscando contenidos y añadirlos como si no hubiera un mañana en slides del Power Point.  Se trata de estar informados sobre avances, cambios, mejoras, etc. en nuestra temática.
  • Buscan ser La sorpresa es una emoción clave en las formaciones. Podemos inyectar  sorpresa a través de experiencias personales, cambios de tono, datos inéditos, dinámicas grupales, etc.
  • Buscan buen ambiente. Hombre, si lo que buscas es distraer al personal cualquier cosa puede ser buena para amenizar pero, si eres formador profesional ,no todo vale, y amenizar implicará motivar. Has de recordar que el aprendizaje no se genera en mal ambiente formacional.
  • Buscan utilidad. Quieren que lo que cuentes les resulte útil y los datos son interesantes e inspiradores pero no útiles. Para qué nos vamos a engañar. Útil es aquello que sirve para solucionar algún problema, duda o preocupación  de quien acude a nuestra formación. Para mí, el concepto de UTILIDAD es clave a la hora de planificar y desarrollar mis formaciones.
  • Buscan verte en acción; que hagas lo que dices que hay que hacer. El papel todo lo soporta. ¿Cuánto puedes soportar tú? Demuestra personalmente todo lo que puedas y conectarás.

Entonces, ¿para qué servimos los formadores?

  • Para poner a disposición de los asistentes información relevante y útil para ellos. Un formador hace un filtrado previo exhaustivo de diferentes fuentes de información y selecciona aquello que verdaderamente es necesario, útil y relevante para quienes acuden a su formación. Pero no sólo eso.
  • Porque además de filtrar esa información saben transmitirla de manera que sus oyentes pueden entenderla. Por lo tanto, un formador logra que una persona conozca y comience a aprender en tiempo y forma inmensamente más rápida y efectiva que si lo hiciese por su cuenta. ¿Cuánto valor tiene eso en energía, tiempo y dinero? Calcula. Ahí es nada.
  • Y hay más. Un formador sabe generar el clima positivo necesario para favorecer el aprendizaje. Es como un hortelano que conoce cómo sembrar y trabajar el terrero (los asistentes) para obtener cosecha (aprendizaje). Si no se prepara el terreno…no hay cosecha. Bueno, a lo mejor alguna mala hierba…
  • Y sí, un buen formador sabe gestionar situaciones complejas, potencialmente conflictivas e incómodas. Por ejemplo,  un “No estoy de acuerdo…”
  • Un formador motiva hacia el aprendizaje. Sabe encender la chispa de las ganas.
  • Un formador no es el protagonista de una formación, y lo sabe. Eso sí, es quien la lidera. Guía hacia la mejora de las personas.

Y, ¿cómo consigue servir para tanto? Trabajando su perfil profesional y personal; conociendo cómo funciona su contenido y cómo funcionan las personas. Potenciando sus talentos hasta hacer de ellos una seña de identidad.

Los formadores somos agentes para la movilización del aprendizaje.

Somos quienes hacemos de llave para quienes no saben y quieren aprender.

Somos puertas para quienes quieren avanzar

Somos ascensor para quienes quieren superarse.

Somos sistemas de seguridad que impiden o evitan malos hábitos.

Somos “refrescos” mentales.

Somos aliados de las personas, entidades públicas o empresas privadas para conseguir sus objetivos.

¿Para qué te cuento todo esto?

Para que te sirva de inspiración ante posibles preguntas incómodas de clientes. Ya sabemos que hay quien valora mucho la formación pero hay quien no….Incluso quienes acuden a formación o quienes la contratan a veces dudan. Hay formadores que aún no han cogido el paso y dejan una huella no muy positiva.  Los que cogemos el paso debemos cambiar esa creencia limitante.

Para que pongas en valor toda tu labor. Vamos, que te valores. Si no te pasa, me alegro. Si te pasa, es normal. A veces, no nos valoramos y eso lo perciben los demás. Y, ¿qué pasa? Pues que si nosotros no creemos en nosotros, ¿quién lo hace?

Para que no tengas miedo en poner  valor económico a lo que sabes hacer. Ten muy en cuenta el valor que aportas y generas. Eso de ponerle precio…a veces se lleva mal. Todo es pico y pala y entrenar; hablar de dinero con comodidad.

Para que sepas que, si te cuesta coger el ritmo, no pasa nada. Hay muchos recursos que te pueden ayudar a interiorizar la melodía. Ya sabes, fórmate y cogerás ritmo.

Somos profesionales de las personas y del aprendizaje.

¿Quién da más?

 

 

¿De qué se quejan los asistentes a las formaciones?

Creo saber lo que estás pensando. El título no es de lo más motivador para un formador. Pero  sólo es a simple vista. A  nadie le gusta recibir quejas pero a todos nos interesa saber de qué se queja el personal.  Por eso en este blog, las quejas nos las tomamos como críticas constructivas que nos ayudan a mejorar como formadores.

Después de unos cuantos años, de formaciones varias a colectivos variados (como ves todo muy variopinto) he tirado de carpeta y de feedback recibido para hacer examen de conciencia. Es una carpeta pequeña y naranja. Ahí están mezclados cientos y cientos de post it que en algún momento me regalaron para darme pistas de por dónde andaba como formadora.

En algunos post it simplemente se recogen sensaciones generales, en otros adjetivos más concretos y en otros utilizan la técnica MIMO para valorar mi formación; esto es:

  1. “Cosas” a mantener en mis formación M
  2. “Cosas” a incorporar a mi formación I
  3. “Cosas” a modificar en mi formación M
  4. “Cosas” a omitir en mi formación O

Con esta técnica se recoge mucha información de valor porque, de alguna manera, “obliga” a quien hace la valoración a hacer críticas constructivas que nos ayudan a mejorar.

No te voy a negar que leer las valoraciones me ayuda a motivarme cuando ando baja de moral o dudo sobre mí. Son un salario emocional.

Y, además, me permiten tomar nota de las áreas de mejora y ponerme a ello.

Además, a lo largo de estos años, también he preguntado a muchas de las personas que han acudido a mis formaciones cuestiones como:“¿qué le pides a un formador?”, o “¿qué le recriminas a un formador?”. Con esta pregunta busco saber cuáles son las líneas rojas que un formador debe respetar.

“¿Qué le pides a un formador?”, ahí van algunas de las respuestas más repetidas:

Hombre, Personas, Masculina, Retrato

-Capacidad de comunicación; fluidez de palabra y expresión.

– Lenguaje cercano.

-“Que no me dé la sensación de perder el tiempo”.

-Puntualidad.

-Sesiones amenas.

-Dominio del tema.

-Generar confianza e ilusión de aprender.

-Empatía.

-Saber escuchar.

-Honestidad.

-Saber llevar al grupo y a las personas individualmente.

-Aportar algo diferente.

-Flexibilidad y adaptación.

¿Cómo lo ves? La ideal es cumplir con estas características pero oye, no somos perfectos. Y ni falta que nos hace. No buscamos la perfección sino la superación.

Si hay alguna que se te resiste, no te agobies porque se puede trabajar. Todos estos requerimientos o habilidades se pueden entrenar y desarrollar.

Y, ¿qué me han dicho que le recriminarían a un formador?

Hombre, Moda, Retrato, Expresión, Cara

-Que no se ocupe o considere a quien acude a su formación.

-Que no sepa de lo que habla.

-Que no escuche; a veces estamos tan pendientes del contenido  que  nos podemos olvidar de las personas.

-Que la comunicación no sea fluida.

-Que no se conecte.

-Que se genere sensación de pérdida de tiempo y nos lancen al foso de las formaciones y los formadores mediocres (esto último es de mi cosecha).

-Que sean sesiones aburridas.

-Que no se tenga en cuenta la diversidad.

Como verás, hay muchos “noes” por ahí.

¿A dónde quiero llegar? Si te soy sincera, quiero arrimar el ascua a mi sardina. Si quieres ser mejor formador, por supuesto que has de contar con conocimientos pero, por favor, ten muy presente tus habilidades comunicativas y emocionales. Te aseguro que yo también estoy en ello.

Indiscutiblemente el conocimiento en un recurso clave para el formador. Eso sí, el conocimiento no llega a ningún lado si no se sabe transmitir. Si el formador no conecta ni tiene en cuenta a las personas a las que se dirige…

Lo que va a marcar la diferencia. Lo que te va a diferenciar de los demás eres tú. Tu forma de contar lo que sabes, tu capacidad para interactuar con quienes acuden a tus formaciones, tu forma de liderar la formación… Será tu marca de identidad profesional.

Seguro que tú también has asistido a varias formaciones. ¿Qué le pides a un formador? Tu opinión importa, y mucho.  La opinión de quienes acuden a nuestras formaciones también importa; en algunos casos,  incluso más que la nuestra.

Sé lo que estás pensando. Los formadores somos “seres multidisciplinares”. Pues sí, si queremos hacer bien nuestro trabajo y evolucionar en todos los sentidos no queda otra que conocer y gestionar adecuadamente personas, contenidos y técnicas en un contexto positivo.

Parece más complejo de lo que es.

Merece la pena darnos una vuelta como formadores para generar mejores formaciones.

¿Preparad@?

Mi gran maestra: mi mala h…..

Hola, ¿cómo estás? Al habla Ana La Pelaya. Soy formadora, facilitadora y mentora. Todo eso y mucho más. Realmente, soy una persona (eso sí) que desde unos cuantos años dedico mi energía y tiempo a ayudar a los demás a conseguir sus objetivos; empleo, aprendizaje, gestión emocional y comunicación.

Me especialicé en el ámbito de la comunicación y de la inteligencia emocional. La comunicación siempre me gustó; fue por vocación. La inteligencia emocional llegó a mi vida más por necesidad que por vocación. Al principio me parecía que era una especie de cuento chino utópico que se había puesto de moda. Fue hace mucho tiempo…todos tenemos pasado…

El caso es que de mi necesidad he hecho mi profesión en los últimos diez años y oye, cada día soy más feliz por ello.

Lo primero que tuve que hacer para avanzar fue conocerme, aceptarme y mejorar. Lo que se escribe en una frase tarda años en rotularse. El caso es que me puse a ello por la cuenta que me traía.

Y cuando comencé a aceptarme la redescubrí a ella. A mi gran maestra.

Ya nos conocíamos sí, pero de otra manera. Ella me las hacía pasar canutas porque me metía en líos de todo tipo y con todo el mundo (incluida conmigo misma). Yo creía que era ella pero era yo.

No te vayas a pensar que yo era mala persona o no tenía habilidades ni recursos. No, era y soy una persona normal con mis virtudes y defectos pero cuando ella aparecía todo se ponía feo, muy feo.

Un día me grabaron y me vi. Ya me habían amenazado con ello. La vi, enfrente de mí. Era mi mala h..t.. Y ahí estaba yo,  enfadada, imponente e imponiendo.  El espejo me devolvió una imagen tan humana como impactante. No era para tanto (eso creía yo) pero no me gustó.

En esa imagen vi recuerdos de malas experiencias, y lo peor era que,  no me reconocía y no encontraba todas mis virtudes y habilidades. Huían.

El día que comencé a  aceptarme la vi de otra manera. Fue, es y será mi gran maestra. Mi mala h..t.. es pura energía que he aprendido a manejar conscientemente (la mayor parte de las veces, que una no es perfecta ni falta que hace).

A partir de ahí comencé a trabajar las emociones desde la perspectiva de la comunicación y, ¡voilá!!,  generé valor. Y es que TODOS sentimos emociones y ellas son las que influyen en nuestras acciones y resultados.

Y con mi mala h. me he ido paseando por entidades públicas y empresas privadas ante colectivos de lo más variopinto (colectivos en riesgo de exclusión social, directivos, parados, funcionarios, personal sanitario, ingenieros, autónomos…).

Me apasiona el mundo de la formación. Compartir tiempo, reflexiones y espacio con personas en estados diferentes me enriquece personal y profesionalmente.

Y claro, como formadora  y transmisora comunicativa no puedo olvidarme de trabajar mi capacidad de comunicación y gestión emocional. Todo formador, si quiere hacer bien su trabajo, debe hacerlo.

Ana “La Pelaya” está para ayudar a colegas, a profesionales del mundo de la comunicación (formadores, profesores, comunicadores, coach, etc.) a entrenar y desarrollar sus habilidades emocionales y comunicativas.  Porque “en agua estancada sólo crecen sabandijas”. Merece la pena invertir en ello.

No es el qué. Es el cómo

Si tratan la misma temática, ¿por qué unas formaciones tienen más éxito que otras?, ¿qué opinas? Todo lo que estás pensando puede ser. Hay muchos elementos que influyen en el desarrollo y resultado de una formación así que vamos a concretar un poco más.

Si es la misma temática, con los mismos asistentes, en el mismo lugar, durante el mismo tiempo y utilizando los mismos recursos, ¿por qué una formación puede tener mejores resultados que otra?

RESPUESTA: Por el cómo.

Negocios, Oficina, Formación, Problema

Casi siempre es por el cómo.

Lo que diferencia a un formador de otro es el cómo planifica y desarrolla sus sesiones. No es ningún secreto que el personal está más que formado. Es posible que la formación que darás la semana que viene venga realizándose año tras año y los asistentes están más que hartos de lo mismo. Es más, pueden saber más que tú.

¿Qué harás para que tu formación aporte valor diferencial?, ¿no me dirás que piensas conquistarlos con un Power Point con sobrepeso?

Hazme caso. Una vez que cuentas con los conocimientos necesarios céntrate en trabajar el CÓMO vas a transmitirlos. Será la mejor inversión que hagas.

Y trabajar el cómo implica:

-Conocerte personal y profesionalmente. Como aperitivo te contaré que te vendría muy bien identificar dos o tres fortalezas y debilidades con respecto a la formación. Esto te ayudará a apoyarte en las fortalezas y  trabajar las debilidades (si son relevantes para la formación). Apoya tu formación en tus fortalezas. Por ejemplo, si eres una persona con sentido del humor utiliza el humor como recurso de conexión y aprendizaje, si eres creativo utiliza esta fortaleza para crear ejercicios innovadores o si tienes mucha experiencia práctica pon ejemplos reales.

– Empatiza con quienes van a acudir a tu formación. Aunque la temática sea la misma, las personas cambian.  Y si las personas cambian, tu forma de hacer formación ha de adaptarte a ellas.

– Escucha, escucha y escucha con todos los sentidos. Como dice una amiga, “Escucha también con los ojos”.

– Aunque lo tengas todo planificado no dudes en modificar el itinerario formativo si así lo demanda el personal.  Con esto no te digo que si la formación versa sobre energía puedas acabar hablando de alta costura; te digo que vayas incorporando los contenidos a demanda de la participación.

La falta de flexibilidad penaliza y mucho.

-Atento!!!! No sólo a lo que dices sino a cómo lo dices. Son muchas las ocasiones en las que no somos conscientes de cómo nos estamos comunicando y luego nos sorprendemos con los resultados.  Son los gestos, las miradas, las posturas, los silencios, las entonaciones…los que nos delatan (si hay algo que delatar).

¿Cómo saber si te centras más en el qué que en el cómo? Estas son algunas pistas.

  • Casi todo el tiempo y las energías las centras en los contenidos. Tienes el Power Point que va a explotar.
  • Sólo piensas en los asistentes en términos de número y rasgos generales.
  • Si piensas en los asistentes lo haces en términos de saben o no saben, exigen o no exigen.
  • Son ya demasiadas formaciones las que estás deseando acabar y…aún no han empezado!!!!
  • No piensas en ti.

Ahí va una pequeña historia:

Lucas se levanta pensando en cómo afrontar una formación que ha de impartir. Sabe que sabe pero no puede dejar de dudar de sí mismo. Cuando ha sido alumno ha podido comprobar que no sólo es importante saber, sino saber ser, estar y expresar. ¿Quién no ha sufrido a formadores que saben mucho? Piensa que no quiere ser uno de esos, ya sabes, uno de esos que te quitan las ganas de estar y aprender. Ostras! Y, ¿cómo se aprende a conectar?, ¿cómo sabré si estoy conectando?

Duda de todo. A lo mejor, aparece alguien que sabe más que él y le deja en ridículo, a lo mejor le hacen una pregunta que no sabe, a lo mejor la mayoría de los alumnos ya saben todo lo que les va a contar, a lo mejor se produce una situación desagradable entre alumnos y no sabe cómo gestionar…

Es consciente de que en muchas ocasiones el personal está hiperformado. ¿Cómo hacer de mi formación algo diferente?, ¿Cómo aportar valor?

No lo tiene claro: no sabe si tal y como lo ha preparado está bien y opta por hacer la décima revisión de un Power Point de innumerables páginas que no sabe si quiera si será capaz de abrir. Con los nervios todo puede pasar!

Pasa los días previos a la formación recordando experiencias formativas como alumno que no desearía volver a repetir, Y MUCHO MENOS COMO FORMADOR.

Las horas se van volando entre dudas, revisiones del Power y pensamientos alarmistas.

Y llega el día de la formación. Y hace uso de su Power Point como si no hubiese mañana. Y cuenta todo lo que quería contar. Todo ha ido bien. Además, nadie ha participado (debe de ser porque estaba todo muy claro) y todo ha estado “bajo control”. Cómo técnico que soy, he controlado y todo ha ido bien.

Bueno, eso cree porque no se ha detenido a preguntar, ni se ha atrevido a mirar a los oyentes.

 

De camino a casa se encuentra con su vecino. Apenas se conocen pero con el subidón de la formación ese día opta por preguntarle qué tal. “Bien, todo bien gracias”. Responde. “Voy a cenar algo rápido con un amigo. El pobre hoy ha tenido formación. Dice que el tipo sabía mucho de lo suyo pero no tenía ni idea de hacer formación. Un suplicio, vamos.”

¿Habrá ido a mi formación? Se pregunta Lucas.

En definitiva. Céntrate en cómo vas a contar todo lo que quieres contar. Céntrate en cómo vas a tratar a los asistentes. Céntrate en lo que te pueden preguntar y cómo responderás. Céntrate en cómo vas a reaccionar cuando sucedan “cosas” que no te gusten y céntrate en cómo te quieres sentir a lo largo de la sesión formativa. Céntrate en ti. Porque tú y sólo tú eres el recurso más importante con el que cuentas para hacer formación.

Un abrazo.

Ana “La Pelaya”

 

Cuéntame…¿En qué te puedo ayudar?

Identificar y aceptar a mi mala h. fue un paso. Un gran paso. Sabía que tendía a responder impulsiva e incluso agresivamente ante situaciones inesperadas o comentarios desacertados.  Es mi tendencia natural y me quiero respetar.

El descubrimiento se produjo cuando hallé la inteligencia emocional. He de reconocerte que hace algunos años pensaba que las emociones y su gestión eran poco más que una moda utópica. Nadie me había enseñado nada sobre ellas.

El caso es que las emociones existen, importan e impactan, vaya si impactan.  Lo pude comprobar tanto en mi vida personal como profesional.  Y lo creo, lo veo y lo siento en las formaciones.

Como alumna, como oyente, como persona y como profesional considero que cualquiera  que trabaje habitualmente con otras personas (casi todas) y que necesite de forma especial de la comunicación para hacer bien su trabajo NECESITA Y DEBE trabajar activamente su comunicación emocional.  No hay atajo.

Si nos centramos en el ámbito de la formación y de la comunicación podemos echar la vista atrás y recordar maestros, profesores, tutores y formadores que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. ¿Qué recordamos de ellos? Muchas cosas pero, sobre todo, lo que nos hicieron sentir porque de ahí partió nuestro aprendizaje.

  • Recordamos cuánto y cómo aprendimos, por lo tanto, la capacidad de transmitir del profesional es clave para lograr el objetivo.
  • Recordamos cómo nos sentimos durante la formación.
  • Recordamos anécdotas más o menos agradables que sucedieron durante el aprendizaje y cómo fueron gestionadas por el profesional.
  • Recordamos cómo se comportaba; su voz, sus gestos, sus palabras, sus miradas…
  • Recordamos su inteligencia emocional. Porque todo esto y mucho más es la inteligencia emocional.

Mientras lees este post seguro que estás con alguna formación o presentación en mente. Es muy probable que estés centrando tu atención en lo que vas a contar. Haces bien. Bueno, haces bien si también centras tu preparación en quienes van a escucharte y acompañarte, si te preparas emocionalmente para todo tipo de contingencias, si visualizas escenarios deseados, si identificas tus fortalezas…

Y claro, hay veces, momentos y etapas que no es tan fácil. Miedos, experiencias anteriores, creencias limitantes o el desconocimiento de uno mismo y de diversas técnicas emocionales y de comunicación, dificultan hacerlo tan bien como queremos. Y eso, nos aleja de nuestros objetivos, y nos acerca a una mayor inseguridad, pudiendo llegar a impedir  disfrutar de tus formaciones.

Desde la emoción, nos comunicamos.

No hay formación ni comunicación sin emoción.

Como profesional debes y mereces disfrutar y hacer mejor tu trabajo.

Si algo de todo lo que te estoy contando te suena, te inquieta o te preocupa, sólo tienes que contactar conmigo y hablaremos.

Porque todo esto tiene solución.

Porque tú puedes llegar a ser y estar mejor en tus formaciones. No lo dudes.

¿Hablamos?

«Clientes…»

Hola, ¿cómo estás?

Aquí, La Pelaya.

Suena el teléfono.
Es Pedro, un cliente enfadado.

Se abre la puerta.
Aparece María, una clienta reclamando.

Abres el correo.
Un mail de Luis amenazando.

Generalizando un poco:

Pedro siempre está enfadado.
Maria siempe está reclamando.
Luis siempre está amenazando.

Parece un chiste de los de «se abre el telón» pero es la realidad.
Todas las semanas aparecen en el chiste de tu día a día profesional un Pedro, una María y un Luis. ¡Qué risa!, ¿verdad?

Es sólo oir esos nombres y te sube un ligero cosquilleo hacia la garganta que se acaba convirtiendo en un traga saliva.
No es nada fácil lidiar con este tipo de clientes. Si no los sabes gestionar te pueden fastidiar el día, la semana y el mes…Una cruz.

¿Quien no tiene algún cliente así?

Me refiero al que acostumbra a hablarte reclamando, amenazando o quejándose.

Durante unos segundos te sorprendes a tí mismo divagando sobre cómo tiene que ser la vida personal de esa persona. Llegas a la conclusión de que no tienen vida personal, por eso le tocan las narices a los demás. Vamos, a ti.

Por eso les atiendes rápido.
Tienen tu atención.
Todo lo que sea para que se vayan cuanto antes.
Todo lo que haga falta con tal de que te dejen tranquilo.

A veces, hasta haces más de lo que podrías y deberías…

Necesitas liberarte de ellos para poder seguir haciendo tu trabajo tranquilamente.

Ellos los saben.

Y, hablo de clientes como hablo de compañeros, usuarios, jefes, etc.

Imagina otra escena.

Pedro, Maria y Luis tomando una cerveza.
Ríen.
Aunque no lo creas, de vez en cuando ríen.
Hablan de su día.
Vuelven a reír.
Toman otra.
Y otra más.
Se confiesan.
Ya sabes; en honor a la amistad.

Pedro cuenta que le da pena.
María asiente.
Luis insiste en que ha de ser así.
Es una pena pero «o vas así o te toman como el pito de un sereno».

Son emocioes dispares.
Satisfacción y pena.
Orgullo y verguenza.
Seguridad y….

Los tres están de acuerdo.
La estrategia funciona.


Cuanto más «guerra» das.
Cuanto más imponente te pones.
Cuanto más te haces notar.

Más caso te hacen.
Mejor te atienden.
Más cosas consigues.

Poco a poco la cosa está cambiando.
Pero, la estrategia sigue funcionando.

¿Por qué funciona?
¿Cómo es posible?


Se supone que somos profesionales.
Se supone que sabemos nuestras prioridades.
Se supone que sabemos gestionar nuestras emociones.

Pero, en muchos casos, se premia la amenaza, el grito, las formas impulsivas o incluso agresivas.
Se «castiga» (inconscientemente) al cliente respetuoso, confiado, comprensivo y asertivo.

¿Qué está pasando?

Nos quejamos de lo que alimentamos.

El chiste puede acabar de muchas maneras:


Hay quien lo soporta como buenamente puede deseando escapar de esa jaula cuanto antes. Ilusos los que creen que esos clientes sólo están en su empresa. Como la estragia funciona es reproducida sin descanso en sectores y empresas de lo más variado. Los Pedros, Marías y Luises se han clonado.


En otros casos, esa tensión se acaba traladando a relaciones con otros clientes, compañeros, etc. Las malas caras, lo reproches, la apatía o los conflictos se multiplican. Aquí, la doble ración se la suele llevar la familia. Crees que por el mero hecho de «habertelos quitado de encima» (aunque sea temporalmente) el malestar o la tensión se va a eliminar. Ni mucho menos. Está ahi. Dentro de ti. Si no la trabajas, ahí se queda. Espera el momento para poder explotar. Tic, tac.

Otros chistes acaban con baja por estrés, ansiedad o incluso, depresión.

Por nuestro bien.
Por el bien de nuestro trabajo.
Por nuestra profesionalidad.
Premiemos la asertividad.
Penalizamos las malas formas.

Y cuando hablo de malas formas no sólo me refiero a los gritos. Ni mucho menos. Me refiero a formas más sutiles de manipulación.


Aprendamos a gestionar esas emociones que nos contagian María, Pedro o Luis y dejemos de ser marionetas en sus manos.


Que no nos contagien su ira.
Que no nos secuestre el miedo.
Que no nos alteren sus nervios.

Y mucho menos, si son emociones instrumentalizadas para conseguir que hagamos lo que quieren, cuando quieren y como quieren.

Sigamos haciendo bien nuestra trabajo pero hagámoslo de otra manera.
Hagamos pedagogía.
Desarrollemos nuestra inteligencia emocional.

La inteligencia emocional nos ayuda a identificar y gestionar emociones propias. Saber dosificar el enfado, la frustracción, el nerviosismo, la inquietud, etc. nos ayuda a hacer mejor nuestro trabajo.

Además, la inteligencia emocional también nos ayuda a mantener relaciones sanas con los demás. Sí, «sanas». Esta es la palabra. Y, para ello, la asertividad es un recurso fundamental. Ser asertivo implica ser capaz de defender nuestros propios derechos y opiniones sin ofender a los demás.

En estos casos, nos viene ni que pintada.

Dosificando nuestro tono de voz, seleccionando las palabras y cuidando nuestros gestos y posturas lograremos decir no a este tipo de clientes con seguridad y tranquilidad.

Es posible que no le guste nuestra respuesta. No es lo que esperaba. Su estrategia está frustrada.

Pero, en ningún caso podrá reprocharnos nuestras formas.

Hemos cogido el control.

Que la próxima vez que tomen una cerveza lo hagan para brindar por lo que puedo ser y no fue.

Que entre risas reconozcan que ya no funcion. Esa estrategia ya no es útil.

Aunque aún no sean conscientes , Pedro, María y Luis son también profesionales que están cansados de aguntar a clientes como ellos.

Y, con estos pequeños-grandes gestos demostraremos que el día a día de cualquier profesional puede mejorar.

Basta con un poquito más de inteligencia emocional.

Te dejo, que te va a llamar Pedro y necesitas inspirarte.

Que tengas un buen día.

Ana «La Pelaya».






Y dice La Pelaya: «A más luz, más sombra»

Apliquen ustedes esto tanto a empresas como a personas. No hay luz sin sombra. ¿Qué quiero decir?

Todos, sin excepción, tenemos talentos y habilidades capaces de generar mucho valor. La cuestión está en que hay muchas personas que aún no lo saben y, de saberlo, no los han identificado. Otro aspecto a tener en cuenta es cómo se usan; muchas veces esos talentos y habilidades son los medios para la consecución de fines éticamente cuestionables. Pero bueno, eso es objeto de otro debate. Hoy quiero centrarme en las sombras que dan luz.

Una persona con muchas virtudes, habilidades y dones emana luz; ilumina el camino propio y ajeno. Compartir tiempo y espacio (tanto personal como profesional) con estas personas es un privilegio porque facilita la vida, el camino, el aprendizaje y la superación.

Muchas personas quieren ser luz sin saber que ya lo son. ¿Por qué no lo saben? Porque sólo ven su sombra. Y, ¿por qué sólo ven su sombra? Porque sienten y  ven una sombra muy grande. ¿Grande? Si, grande. Un persona con mucha luz también da mucha sombra. Ya sabes, como el ying y el yang.

Cuando alguien es muy valorado es muy probable que, al menor error, sea igual de menospreciado. No sólo por los demás, sino por sí mismo.

Alguien que cuenta con talentos y habilidades destacables es posible que también tenga incapacidades notables.

Una empresa con una imagen prestigiosa también puede tener partes igualmente oscuras.

Un profesional con fortalezas puede ser igualmente débil en otras áreas.

Cuanta más luz; más sombra. La validez de esta idea a veces no está basada en la objetividad sino en la subjetividad; en la PERCEPCIÓN.

Los seres humanos estamos «enganchados» a las expectativas sobre situaciones, personas, presentes y futuros. Y, como enganchados que estamos, así pensamos; en términos de todo o nada. O soy el mejor o no soy bueno. O me quieren o me odian. O todo o nada. O me sale del todo bien o me sale una mierda. O están conmigo o están contra mí.

Y claro, si estoy en pleno proceso de desarrollo personal, me cuesta entender cómo si cada vez soy y estoy mejor me siguen apareciendo sombras. Y, lo que puede resultar más incomprensible, por qué cada vez parecen mayores.

Nos cuesta entender cómo es posible que si estamos avanzando profesionalmente cada vez aparezcan más y más retos, inseguridades y dudas.

Quizás la clave está en centrarse más en la luz que en las sombras. Enfocarnos en la parte «positiva» y constructiva de nosotros mismos, de nuestro entorno y de nuestra sociedad hará que lograremos ganarle terreno a la sombra.  Así, poco a poco, «clarearemos» la oscuridad.

Otra perspectiva puede basarse en mirar con agradecimiento, sin miedo y con ganas hacia nuestra sombra y ponernos a trabajar.

Y es que, lo mires como lo mires, todo pasa por sacar el pico y la pala y ponernos a trabajar.

Y, entre pico y pala, también conviene descansar. Que tengas un buen día.

#lallaveerestúconacentoenlaú

 

 

 

 

Y dice La Pelaya: «La autoestima de tu empresa…»

Todos tenemos autoestima. Las empresas también. Ellas no hablan ni expresan explícitamente sus percepciones, opiniones o creencias pero eso no significa que no las tengan. Lo hacen de muchas otras maneras.

No olvidemos que las organizaciones están integradas por personas y, por lo tanto, son en muchos casos el reflejo de las mismas. Lo que opinan los profesionales de sus empresas influye en cómo hablan, o no, de ellas.

Hay personas que están orgullosas de sus empresas . Cualquier ocasión es buena para concretar en dónde trabajan y, a pesar de las debilidades o errores que se pueden cometer, se sienten identificados con la esencia de su organización. Se trata de entidades muy consientes de sus debilidades y fortalezas porque se conocen a sí mismas, son capaces de reconocer logros y resultados no deseados, confían en sus posibilidades, asumen riesgos y se responsabilizan de sus acciones. No son perfectas pero sí se acercan a lo que quieren ser ¿Sabes por qué? Porque saben lo que quieren ser. Además, aceptan los cambios con actitud positiva. Gestionan las emociones globales de forma adaptativa.

¿Comenten errores? Muchos. Pero saben que el error es el foco del aprendizaje. Una cosa es ser un error y otra cometer un error. Y lo saben.

Hay profesionales que se avergüenzan de sus empresas . No lo dicen explícitamente pero, si pueden, evitan pronunciar su nombre. El hecho de que sea una organización grande o conocida es indiferente. Da igual la inversión que se haya realizado en publicidad para reforzar su autoestima e imagen social; el profesional no conecta con ella. El sueldo y ciertas comodidades son los nexos de unión.

¿Por qué no se conecta? Hay muchos aspectos a tener en cuenta para dar respuesta acertada a esta cuestión. Uno de ellos: LOS VALORES.

Sí, ya sabes, los motivos más profundos  que tenemos para la acción. Todas las personas y todas las organizaciones tenemos objetivos (qué conseguir) y son muchos y muy variados los caminos que se pueden recorrer para conseguirlos. Los valores determinaran cómo conseguir el objetivo; son líneas rojas que se quieren respetar y son inspiraciones para la acción.

¿Alguna vez te has parado a observar y leer la página web de tu empresa? Echa un vistazo. Seguro que encuentras una pestaña que hace alusión a la misión, visión y valores de la organización. Pocos lo leen.

Esos principios deben de ser los que rijan las acciones, decisiones y omisiones de la praxis habitual. Debería ser así. Además, esos valores han de ir en la misma línea de los valores de sus profesionales porque, de lo contrario, se producirá el conflicto. Sí, aquí está un foco de conflicto.

La autoestima de la empresa, al igual que la de sus profesionales, ha de ser mimada y cuidada. De ella dependerán las decisiones y acciones organizacionales habituales. De estas últimas, surgirán las resultados.

Quienes dirigen y/o lideran la organización deben de ser consientes de cómo está la autoestima de su organización. No vaya a ser que estén echando órdagos con las cartas y actitud equivocada.

¿Cómo hacerlo? conectando o reconectando con los profesionales que integran su mundo organizacional. Invirtiendo tiempo y recursos para afianzar el compromiso que posibilita el desarrollo del valor y conectando emocionalmente con la familia profesional. Un buen profesional no sólo se mueve por un sueldo o condiciones económicas.

lallaveemocional.com

 

Y dice la Pelaya: «No es tener, es sentir».

Estaba yo pensando que muchas veces utilizamos el lenguaje equivocado, o ¿no?. Mejor dicho, creo que más bien el lenguaje nos delata y representa nuestra realidad.

Cuando hablamos de emociones solemos decir «tengo tristeza», «tengo preocupación», etc. Y ya sale por ahí esa necesidad de posesión que embarga nuestro mundo equivocado. Las emociones NO se tienen, se SIENTEN. Las emociones viene y van; las sentimos más o menos tiempo (en función de lo percibido) pero su naturaleza es trashumante. Van y viene, vienen y van. A veces se comportan de forma notoria e impactante y otras veces lo hacen de forma neutra y discreta.

Cuando hablamos de tener, hablamos de posesión y esto puede implicar que nos identificamos en demasía con ellas.

Y eso sucede con muchos otros aspectos. Lo intangible de la vida está más ligado con el sentir que con el tener.

Un cargo de responsabilidad se puede tener pero si no se siente, es muy complicado que se desarrolle de forma adecuada o satisfactoria. Si un líder de equipo tiene el cargo pero no siente ni la responsabilidad ni el compromiso mal andamos.

Si un líder de equipo tiene el cargo pero no siente autoconfianza o implicación o ganas…(acaba tú la oración).

A veces creo que es mucho más complejo sentir que tener. Es más, por mucho que tengas si no lo sientes de poco te sirve.

Si tengo un maravillosa pareja a mi lado pero no lo siento así…

Si tengo muchas capacidades y habilidades pero no lo siento así…

Si tengo mucha gente que me quiere pero no lo siento así…

Si tengo buenos resultados profesionales pero no lo siento así…

Si tengo mucho dinero pero no lo siento así…

Si tengo grandes proyectos personales o profesionales pero no lo siento así…

¿Y cómo poder sentir si no se siente? Muy buena pregunta. Habría que empezar por hacernos buenas preguntas a nosotros mismos para averiguar en dónde puede estar la fuga. Con esas respuestas podemos seguir investigando sobre lo que nos impide sentir. A veces la fuga está en que deseamos cambios de vida, cambios de conducta, hacer cosas nuevas o cubrir otras necesidades.

Otras veces la fuga está mucho más adentro y es necesario contar con la ayuda de un profesional para localizarla.

Sea como sea, debemos localizar la fuga. No te engañes pensando en que desaparecerá. No lo hará. No te dejará sentir y crecerá cada vez más.  Batalla perdida.

Es mejor localizarla, unirnos a ella y escucharla. Luego, pasar a la acción. Así, más posibilidades de victoria. Y por supuesto, más posibilidades de sentir más y mejor.

Te lo dice una que está en pleno proceso de localización y neutralización de fuga.

No sé lo que me encontraré pero sé que en cualquier caso lallavesoyyo.

Como también sabes que #lallaveerestúconacentoenlaú.