Miedo al miedo

¿Cómo va todo por ahí? Por aquí va. Aunque tengo la sensación de haber entrado ya en la fase de desgaste, lo llevamos razonablemente bien. Mira que yo soy mucho de emociones pero creo que en la fase de desgaste es más eficaz que lidere la razón. La racionalidad no está exenta de emoción pero sus emociones están muy muy filtradas y, por tanto, la amígdala está más tranquila. Otra cosa es si el filtro empleado es el más oportuno.

¿Te acuerdas de que te conté que la amígdala es una glándula que está en el sistema límbico (sistema emocional)?. Es una «señora» que tiene encomendadas tareas tales como dar respuestas inmediatas (lo que llamaríamos viscerales) en situaciones percibidas como peligrosas.  Así, es la que nos impulsa a salir corriendo o atacar si la cosa se pone fea. Y no le gusta nada que se metan ni en su departamento ni en sus funciones por lo que no quiere ni oír hablar del departamento de la razón. Y ¿qué pasa?, pues que a veces, muchas veces la amígdala se equivoca en la valoración de la situación y en el grado de intensidad a la hora de responder. Por eso, las personas acabamos gritando por tonterías, agrediendo física o verbalmente  sin aparente razón o tratando mal al otro porque creemos que nos quiere hacer daño. Ella está acostumbrada a trabajar como antaño (y con antaño me refiero a tiempos casi carvernícolas).Tiempos aquellos en los que constantemente había amenazas reales y los litigios se solventaban a golpe de palo e insulto.

A esta señora nadie la ha formado para actualizarse y dar respuestas  más adaptadas a los tiempos presentes. Pertenece a lo que se denomina el cerebro reptiliano.

Yo, llevo mucho tiempo formando a mi amígdala para evitar males mayores porque en más de una ocasión me ha metido en buenos líos. Cada uno tenemos (en función de nuestra genética y experiencias) la amígdala más o menos «disparada» ¿Cómo está la tuya?. Y es en momentos de crisis en los que se puede observar su naturaleza.

Creo que poco a poco muchos de nosotros vamos formando a nuestra amígdala y ésta va aprendiendo a actuar cuando verdaderamente es necesario. Estamos reduciendo la jornada  laboral, las tareas y las responsabilidades de  la amígdala. El sueldo ni lo tocamos que como se enfade….

En momentos de incertidumbre y críticos es importante tener controlada a la amígdala. Respirar profundamente, contar hasta 10 antes de responder de forma presencial o virtual, hacer tareas que no contengan carga emocional (mira, es un buen momento para dejar la casa como una patena) o reconducir nuestros pensamientos hacia otras cuestiones. Son pequeños trucos que nos ayudan a tenerla más regulada. Porque, de lo contrario, nos puede pasar lo que le está pasando a mucha gente; broncas, malos ratos, insomnio…

El otro día le escuché a un filósofo hablar del «miedo al miedo» o lo que es lo mismo tener miedo a tener miedo. Fíjate qué filón para la amígdala.  Tener miedo al miedo nos puede hacer mucho daño emocional. Las emociones no son buenas ni malas; todas son necesarias. Lo que importa es lo que hacemos con ellas; deberíamos aprender a regularlas y transformarlas.

Si tenemos miedo a tener miedo podemos reaccionar con un bloqueo absoluto o, al revés,  con ataques de ira (enfado). En definitiva, multiplicamos sus efectos más extremos y la emoción deja de tener utilidad y se convierte en un obstáculo. En esta situación, somos rehenes del miedo y vivimos secuestrados por una realidad poco real porque está impregnada por el miedo menos adaptativo. Y, esta situación se va retroalimentando porque las emociones no distinguen entre realidad y ficción así que seguimos engordando  la idea de que tenemos que tener miedo a tener miedo. Y claro, actuamos como pensamos.

No tengamos miedo a tener miedo; no tengamos miedo a una emoción que nos ayuda a ser más prudentes y reflexivos. Aceptemos al miedo como parte de nuestra inteligencia emocional y saquemos lo mejor de él. El miedo nos prepara para la acción y si sabemos dosificarlo bien puede ser la clave para acertar o no errar.

Que viva el miedo y las personas que no tienen nada que temer porque sus intenciones son buenas.

Recuerda #lallaveerestú#.

Hoy no pensaba escribir pero, estoy preocupada

Hoy no pensaba escribir pero necesito compartir con quiénes estáis ahí, al otro lado una preocupación.

Si las redes nunca se han caracterizado por ser un remanso de paz, desde que comenzó el Coronavirus el grado de encrespamiento no sólo ha aumentado sino que se ha agudizado de forma notable.  Redes sociales como Facebook o Twitter así como Linkedin están mejorando sus marcas en comentarios vacíos, irresponsables, insolidarios, agresivos y carentes de cualquier cualidad positiva.

La tecnología nos está ayudando mucho como elemento de interconexión personal pero no tenemos ni puñetera idea de cómo usarla. Y no sólo es eso, lo peor, a mi manera de ver es que las redes nos están «chivando» cosas muy «chungas» y tristes. Sí, empleo la palabra «chungas» y no otras palabras porque verdaderamente lo creo.  Lo que se dice y cómo se dice es un ejemplo del manual de perfecto «analfabet@ multipotencial». En analfabetismo elevado a la  máxima expresión ; si sabe, ni lo parece. El discurso (por llamarlo de alguna manera) que emplea lo podría aplicar con igual éxito en cualquier conversación, en cualquier contexto y  en cualquier intervalo temporal porque no hay por donde cogerlo. Irradia malas intenciones, sólo eso.

No son la mayoría pero sí son una minoría muy insistente en su ignorancia y falta de respeto a todo y a todos.

Sería muy interesante analizar esta situación a través de datos numéricos porque es un barbaridad la cantidad de falsedades e insultos que se comparten cada segundo. Si esto es un reflejo real de nuestra sociedad, vamos de culo. Porque, me gustaría recordar, que las personas que tratamos de ser positivas no somos ni ilusas ni gilipollas; somos muy conscientes de todo porque nos informamos, tenemos nuestra formación, también nos viene bien el dinero, tenemos todo tipo de pensamientos, somos críticos, etc. Pero, sabemos que cualquier problema, sea de la magnitud que sea, sólo se resuelve a partir de una actitud positiva, constructiva y proactiva ( «En el agua estancada sólo salen sabandijas»).

Esto me preocupa pero aún me preocupa más otra cosa; las personas «normales» con sus  defectos y virtudes se están yendo porque no lo soportan más.  El problema no es que se salgan definitivamente o temporalmente de las redes; eso no me ocupa. El problema es el porqué lo hacen.  La insistencia de los ignorantes multipotenciales y, reconozcámoslo, su resistencia está superando con creces la buena voluntad de la mayoría. Si esto también ocurre a pie de calle, estamos perdidos.

Si esto es lo que pasa en cada casa, en cada barrio, en cada pueblo o cada ciudad reconozco que me estoy equivocando y que el cambio será a peor. En este momento, sigo apostando por mi teoría pero, alarmada y preocupada por no estar en lo cierto mando un SOS a todas aquellas personas que siguen creyendo en el ser humano como alguien constructivo ( que se equivoca sí, pero que no escupe veneno) y les pido que no decaigan. Que sigan en las redes o no, que hagan lo que quieran pero no se dejen superar y saturar  por las malas intenciones porque si no, por acción u omisión estaremos permitiendo que logren sus objetivos; encrespar y anular cualquier tipo de mejora. Que sean ellos los que acaben saturándose y se vayan por donde han venido ( o cambien su actitud). 

No sé a dónde llegará esta petición y tampoco sé si me he explicado bien o estáis de acuerdo conmigo. Sólo sé que quiero hacerlo porque me resisto a ser cómplice de los palmeros del «Coronavirus».

Gracias.

Cosas que pueden pasar un día de estos

Aunque a veces ya no sabemos en qué día vivimos los días van pasando y rápido.  Con este  confinamiento puede pasar como con los niños; una hora puede parecer eterna y  un año  se va en un abrir y cerrar de ojos. Ironías del tiempo y caprichos de la percepción.

Y en este mundo paralelo que cada uno crea al calor de  cuatro paredes pueden pasar cosas tan dispares como algunas de las que te cuento.

  • Preguntes cien veces qué día es y qué hora como si tuvieses prisa. Ah, a lo mejor lo preguntas porque te has hecho un planing de esos que se tarda más en hacer que en saltárselo. No te preocupes, la planificación es un mal necesario y hasta los expertos saben que se planifica dando por supuesto incumplimientos pero que es necesario para refrescar a nuestro cerebro, ayudarle a identificar tareas por hacer y formas de abordarlas.
  • No sé si te ha pasado alguna vez. Un grupo de personas que van a comer juntas; por los motivos que sea parece que no hay mucha comida.  Al final acaba sobrando comida. En otras ocasiones tenemos la percepción de que hay mucha comida, demasiada y ….no sobra nada!!!! Más allá del grado de glotonería del personal, ¿Qué crees que ha podido pasar? Cuando hay poca comida te haces a la idea de que vas a comer menos y así lo haces; te dosificas pensando en los demás. Nadie quiere ser el que más coma o incluso el que acabe la comida.  Eso pasa en muchos aspectos de nuestra vida en general; nos hemos creído que el mundo era un festín constante el que había que comer y beber más de lo que necesitábamos sin pensar demasiado en los demás. Día tras día hemos salido de casa para  buscar más, para tener más, para parecer más y el festín se ha acabado. Y sí, también hemos dado pero….hemos dado lo que nos sobraba NO HEMOS COMPARTIDO.  Y ahora, en casa (bien cargaditos de papel higiénico, las mejores teles, los sofás más confortables, la comida más rica) nos damos cuenta de que nada de todo esto es necesario en esas cantidades. Que nos sobran cosas y nos falta bienestar emocional.  Que nos sobran proyectos y nos falta ilusión de la de verdad, que nos sobran pensamientos y nos faltan decisiones, que es más doloroso que nos falte la salud a que nos falten las vacaciones (aunque haya quien aún no se haya dado cuenta). ¿Qué te sobra? y ¿Qué te falta?. No sabemos qué va a pasar pero dentro de lo que pase nosotros tenemos mucho qué decir y debemos intervenir para que sea lo mejor para todos.
  • Todas las horas del mundo para hacer lo que quieras (o para negociar con tus hijos); poco urgente aunque mucho importante. Y se acaba el día y no has llamado a quien quieres llamar y no has felicitado a tu querida amiga Esti. No tengo excusa, menos mal que soy de las de San Queremos y me permito felicitar cualquier día (como hoy, zorionak Esti!!!).
  • ¿Cómo puede ser? Pues puede ser que al cabo del día pases de un estado emocional a otro a la velocidad de la luz. Puedes estar pensando que el mundo es una mierda y un segundo después  aplaudir y agradecer que tantas personas sean tan generosas; puedes tener una ganas tremendas de dinamitar las redes sociales cargando contra los que consideras «terroristas de la red» mientras le están dando un like a una acción o información que consideras positiva. Así somos los seres humanos, intensos (y más en estados de alarma).
  • Puedes estar comiendo todo lo que te apetece porque el pijama o el chándal o la malla elástica  todo lo soportan y visionar bien sentado en el sofá rutinas de ejercicios. Simplemente, te estás planificando para el lunes o para cuando todo esto pase.
  • Puedes estar quejándote de cómo es la gente mientras sales a comprar las galletas que se te habían olvidado en las dos salidas anteriores. O, como le ocurre a un ‘amigo’ que me estoy echando que mientras saca al perro da lecciones al resto de paseantes sobre el confinamiento y sus bondades. El profe, necesita al menos una hora de clase para hacer su contribución social.  Ni el mandala que estuve pintando ayer fue suficiente suavizar mi perplejidad y enfado…Se lo dije un día pero el profe creo que no se sabe la lección.

Y así van pasando los días; entre incertidumbres reales y creadas, ajenas y propias, necesarias e innecesarias. Nos quedan varios días por delante, días que (sin asegurarlo mucho) es posible que no volvamos a vivir. Saquemos lo mejor que podamos de ellos y démosle sentido a lo que parece un sinsentido.

Feliz domingo, gracias a todos.

Después también es hoy

Hay una parte de mi que está encontrando mucho bienestar en el confinamiento; tiempo para estar con mis hijos, mucha reflexión y pocas prisas y tengo todo lo que necesito materialmente hablando. Creo que estoy viviendo el presente e ilusionando el futuro; me gusta. Es probable que el día antes de que todo esto acabe más de uno y más de dos tengamos cierta pena porque así sea y cuando volvamos a la rutina tengamos nostalgia de los días de recogimiento. Así somos los seres humanos.

Mientras tanto disfrutemos (cuanto y como podamos) los momentos positivos que nos da el confinamiento y aprendamos todo lo que podamos de las partes más duras y dolorosas.

LLegará el día en que salgamos de nuestras casa y sintamos cierta desprotección; después de todo ya no nos cobijan las cuatro pareces, todo vuelve a iniciarse o reiniciarse y hemos de coger ritmo. Y lo haremos, claro que lo haremos. ¿Cómo lo haremos? Pues eso depende de cada uno de nosotros. Aunque en algunos casos el margen de elección y maniobra pueda ser reducido SEGUIMOS SIENDO LIBRES y en teoría con alguna lección más aprendida. Pues pongámosla en práctica.  Demostrémonos y demostremos al mundo que somos dignos de él y que sabemos hacer mejor las cosas. ¿Nos queremos?, ¿Queremos a nuestros hijos? Pues de verdad demostrémoslo y demos un plus de humanidad, consciencia y responsabilidad a todo lo que hagamos y decidamos.

Leer, dar un like o recomendar es grato para quien lo hace y para quien lo recibe pero bueno….no es más que eso. Eso es fácil.

Estos días las redes están que arden; nos movemos buscando distracción, información, alivio, desahogarnos o encontrar posibilidades profesionales.  El Coronavirus no ha dejado ni dejará indiferente a nadie y nos tocará (ya lo está haciendo) las emociones, la salud y el bolsillo. Parece la receta perfecta para dejarnos KO; lo que más nos duele es lo que más vamos a tener que tocar, replantear e incluso modificar.

Pero, para de verdad salir reforzados de esta crisis, para superarla con el menor número de dolores posibles hay que «arremangarse» y ponernos manos a la obra. Tocar las teclas del ordenador cual juez lanzando veredictos no nos puede hacer creer que somos capaces de todo. Ni mucho menos.

Esto, si de verdad se quiere arreglar, no se hace desde un like, ni siquiera desde una pantalla de ordenador. El germen, la semilla que ha de florecer más fuerte y hermosa sólo puede ser plantada y cuidada por el ser humano y entre seres humanos. Porque detrás de un contacto físico, un espacio compartido, una mirada, un gesto, un silencio, un abrazo o un apretón de manos se sabe de verdad cuáles son las verdaderas intenciones.  La tecnología es un medio que  apoya, como no, y  permite que las  intenciones que conviertan en realidad.

Estés en la situación que estés (desempleado, trabajador por cuenta ajena, empleador, autónomo, gestor CEO de hogar, etc)  mírate y déjate mirar; no lo hagas todo por la red, acércate al otro y demuestra tus intenciones. A partir de ahí es cuando vamos a reconstruir y construir nuevas redes que nos permitan pescar más y mejor.

Esta situación que vivimos nos está demostrando qué manda y a quién debemos prestarle más atención. Debemos de poner en el foco más en el cómo que en el qué. Si queremos ser mejores e incluso conseguir más cosas está bien, hagámoslo, pero cuidando mucho el cómo lo hacemos.  No todo vale ni para nosotros ni para los demás; quien no entre a ello tarde o temprano se verá apartado tanto en el ámbito social como en el económico.

Escucho y leo atentamente las impresiones de numerosos expertos en áreas tan diversas como la economía, el ecologismo, la filosofía, la tecnología, la medicina…y, verdaderamente nadie sabe cómo va a reaccionar el mundo después de todo esto. No hay precedes similares a los que agarrarse para prever pero sí hay algo que todos comparten; es el ser humano (tú y yo) quienes serán la llave que abra o cierre la puerta de la solución.  

Por ejemplo, se me ocurre que, desde el confinamiento podemos;

  • Saludar amablemente a los vecinos y preguntarles cómo están o si necesitan algo.
  • Ayudar (poniéndolo en conocimiento de quien sea competente) a aquellas personas (niños y mayores) que sufren dentro de su hogar. No nos hagamos los tontos, que oír seguimos oyendo.  Tengo la sensación de que el Coronavirus nos ha mandado la mascarillas para que nos callemos un poco y aprendamos a escuchar y actuar. Este mundo es el de los valientes, el de aquellas personas que se han dado cuenta de que no pueden girar la cara y taparse los oídos frente al sufrimiento ajeno. Sí se puede, hay que hacer.
  • Pagar, pagar y pagar impuestos sin clamar al cielo y despotricar. Está bien auditar e incluso discrepar con  el cómo se gestionan pero dejémonos de quejas que es muy, muy cansino.
  • Hacer caso de lo único que se nos pide; quedarnos en casa.

De uno en uno se hace un millar, un millón y los miles de millones que estamos. De uno en uno ha de partir la solución. Es verdad que las decisiones de unos tienen más impacto que las decisiones de otros. Entre todos habrá que velar para que quienes decidan lo hagan lo mejor posible mientras cada uno de nosotros ejercitamos la coherencia y eso implica echarle un par.

#lallaveerestú#

Te entiendo pero no lo creo

los días pesan, o no….no lo sé.  Recuerdo aquellos tiempos en los que salíamos la calle y, cual militares, seguíamos un rutina semanal como si no hubiese más alternativas. Y llegaba el viernes y, todos contentos; la semana había sido muy dura y…No sé, sigo pensando en que algo no cuadra. No acabamos de encontrarnos demasiado sentido.

Hoy me levanto más reinvindicativa de lo normal (difícil pero posible) y tanto el cuerpo como el alma me piden «caña» así que os necesito para desahogarme.

En mi cabeza rondan ideas que quiero contrastar (aunque sea a través de la telepatía de las redes) con vosotros. Ahí van:

  • No, por el mero hecho de salir todos los días al balcón a aplaudir no te dan un vale para luego hacer o decir lo que te da la gana. Que no salgas si no quieres, pero deja de vomitar mierda y bulos a través de la red para crispar o meter miedo al personal. Tengo la sensación de que las redes se han convertido en una escupidera en la que cuando me aburro, estoy enfadado, no me entero o no sé gestionar mis emociones se puede escupir hacia todo aquel que se cruce con nosotros.
  • No, que tampoco pasa nada porque nuestros hijos no avancen en contenidos este curso. Que si no nos hemos extinguido por gilipollas no lo vamos a hacer porque acaben el curso sin saber todas las tablas de multiplicar. Está muy bien, por salud mental, tener rutinas en las que los niños afiancen conocimientos  adquiridos y que, como hay más tiempo (en teoría) puedan comprobar su importancia en el día a día al calor de hogar. Que ya cogerán ritmo, lo harán porque no les va a quedar otra. No caigamos en el error de pasarnos mañanas y mañanas mosqueados con nuestros hijos porque se les ha olvidado restar (como casi me pasa a mi jejejeje). En serio, ¿Qué queréis que recuerden vuestros hijos de esta experiencia? y, lo más importante ¿Cómo queráis que la recuerden y se la cuenten a sus propios hijos?. No, a mi no me gustaría que Jon les contase a mis nietos que su amama , en mitad de una crisis global por una pandemia, se puso de los nervios porque en un momento de despiste total, a él se le olvidó restar o que cada día era un «sinvivir»a cuenta de los deberes…. (Estamos locos o qué!!!!!)….No creo que ninguno de ellos pierda la oportunidad de ser lo que desea ser porque durante unos meses nos centramos en recordar y aplicar lo ya aprendido antes o avanzar en función de las demandas del niño.  Echemos la vista atrás y veamos que, muchos de los referentes sociales y profesionales, han tenido etapas de menor avance académico y han logrado curar a gente, encontrar vacunas, escribir los mejores relatos y hacernos vibrar con sus artes. Es posible que incluso esos momentos «difíciles» sean los que les hayan marcado, impulsado, inspirado y guiado más en su desarrollo personal y profesional. Esta es mi opinión, por supuesto respeto aquellas que no estén en la línea.
  • Los niños quieren salir, por supuesto que sí. Ayer precisamente hablaba yo con un íntimo amigo mío de 11 años que me contaba que  hay momentos en los que se necesita salir. En este sentido es importante comprender situaciones especiales,  muy concretas y específicas. Ahora bien, los niños NO NECESITAN SALIR como si del aire se tratase.  Creo que ellos tienen el umbral del dolor más alto que nosotros jejejee. Quiero decir, los niños, en estos momentos del confinamiento (llevamos en torno a 20 días) son capaces de estar más días en casa. Los son porque tienen una capacidad de adaptación brutal, porque a poco que les expliquemos  comprenden la gravedad de la situación y son muy solidarios. Que les viene bien, claro que sí. Que habría que plantear medidas si esta cuarentena se alarga mucho, mucho más también.  Hoy por hoy los niños son bandera del «Resistiré». Otra cosas somos los mayores. Creedme que lo digo con conocimiento de causa; estar sin salir de casa con un bebé de 8 meses y otros dos (más que movidos) de 3 y 7 años es todo un reto. Creo que más que los niños somos los mayores los que acusamos la necesidad de soltar a nuestras «fieras» para que liberen toda su energía y nos dejen espacio físico y mental  para nosotros. No, no somos malos padres ni malas personas cuando suspiramos deseando que todo esto pase para liberarnos de esa entrega 24×24. Es normal y hasta saludable. Pero, es ahora donde hemos de demostrar nuestra flexibilidad y resistencia (resiliencia) y aguantar  poniendo el foco en lo positivo de esta situación. Si esto no hubiera pasado jamás hubiéramos tenido la oportunidad de CONVIVIR  a jornada intensa y completa con nuestros pequeños; cuántas risas, abrazos, besos, sorpresas y emociones nos hubiéramos perdido. Hombre, si hay mucha necesidad se puede pedir al gobierno que, debidamente organizados, NOS saquen los niños un ratito al día (igual cuela). 
  • NO, todo no lo ha de hacer el gobierno. Tenemos el derecho e incluso la obligación de pedir ayudas que alivien esta situación. Faltaría más. Pero, cuando todo esto se acabe (bueno, desde ya mismo) todos hemos de darle una vuelta al tema y tomar decisiones de mejora.  A escala personal y local hemos de identificar áreas de mejora (relaciones, formas de vida, negocios, rutinas, etc.) más sostenibles y constructivas. Soy autónoma y me siento bastante vulnerable con respecto a las repercusiones de esta crisis global; pediré ayudas pero también buscaré nuevas forma de adaptación y contribución social que ayuden a establecer un equilibrio social . Lo que está claro que es nos toca currar y de lo lindo pero a lo mejor no de la misma manera ni con los mismo objetivos. Siempre he sido firme defensora de que toda persona ha de conocer su propósito vital; un para qué potente que va más allá de recompensas externas como el dinero o el reconocimiento.  Hacer por hacer es tontería.

Pues nada, ya me he desahogado.

Llave, ¿Tú que opinas?. #lallaveerestu#

Cómo resistir en tiempos de…no sé de qué

 

¿Ya te has cansado de quejarte?, ¿Has agotado las reservas del miedo paralizador?. Es posible que la respuesta sea NO.  El miedo, como el sol, es una fuente renovable y la quejas nunca se acaban.

Estrenamos mes y abril nos recoge un poco flojos para qué nos vamos a engañar. Es normal e incluso sano tener momentos de bajón; lo que estamos viviendo es algo sin precedentes, una crisis a todos los niveles que jamás pensábamos que nos iba a tocar vivir.

La «guerra» se libra a nivel sanitario, a nivel económico, a nivel social, a nivel familiar y a nivel personal.  Estar varios días seguidos compartiendo espacio con otras personas (por mucho que las queremos) y sin poder coger aire más allá del que tenga una terraza, balcón o una humilde ventana es todo un reto. Hay demasiada intensidad emocional para poco aire fresco y cuando uno parece estar más relajado el otro le toma el relevo con enfados y miedos…

Vale, todo esto es así y hemos de ser conscientes y sobre todo llevarlo de las forma más adaptativa que podamos. En casa hemos puesto una pizarra en la cocina en la que cuando alguien se porta «regular tirando a mal en tiempos de crisis» ponemos una carita triste al lado de su nombre. La verdad es que está resultando «mano de santo» porque nadie quiere tener caras tristes al lado de su nombre. Ojo, que seguimos con nuestros enfados y gritos pero bajo un umbral reconocido como aceptable por los baremos de la OMS (para familias numerosas).

Más allá de la anécdota me gustaría recordarte, por si te pueden servir, algunas ideas para sobre llevar mejor estos días e incluso sacarle partido a las horas de confinamiento:

  • Se ha demostrado como el hecho de hacer algo bueno por los demás afecta muy positivamente tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente. Venga, piensa en alguien y llámale para decirle algo positivo, darle las gracias, ayudarle en alguna cuestión….lo que se te ocurra. Y no, no lo dejes para luego que te conozco.
  • Finge hasta que los seas; no seré yo quien te diga que dejes de expresar tus emociones más desagradables pero si seré yo quien te diga que no te regodees en estados en los que te invada el miedo, la tristeza o el enfado. Una vez que te hayas desahogado, coge a esas emociones, dale las gracias por todo lo que te ayudan y enseñan, mételas en el bolsillo y empieza a fingir. Finge, finge y finge que sabes controlar tus emociones, que estás aprovechando el tiempo para estar mejor, finge que sabes que todo irá bien, finge que eres la persona que quieres ser en tiempo de crisis... Cuando todo esto pase te darán el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia familiar y personal. Mira, son las ocho de la mañana y mientras estoy escribiendo esto miro a la ventana. De repente, el cielo me regala un precioso arcoiris que, bajo el fondo gris, luce esperanza.  Mientras finges que lo eres , lo haces y los están siendo; de tanto hacer algo se pega jejejje.

  • Echa un ojo y gestiona lo mejor que puedas el grado de frecuencia, intensidad y duración que tienen las emociones dentro de ti y en tu casa. Sabemos que no hay emociones buenas ni malas porque todas nos ayudan a vivir y evolucionar. Aunque, por propia tendencia del cerebro, las emociones afines a la tristeza, miedo, ira y asco son más frecuentas, intensas y duraderas que aquellas vinculadas a los estados de alegría en estos días es cuando debemos hacer un verdadero esfuerzo en incrementar los momentos de alegría, humor, bienestar, confianza, tranquilidad, positivismo etc. y dosificar los estados de ira, miedo, asco y tristeza.  Crea, como si de un curso de cocina se tratase, tus propias recetas de alegría; comentarios, hábitos, ideas que ayuden a relajar y subir el ánimo.  Además de hacer lo que ya sabes que funciona te animo a tirar de creatividad y buscar nuevas fórmulas. El otro día me inventé un juego de simular animales y a los niños les encanta y yo me muero de la risa viendo como Niko imita a los monos.  A mi marido le inyecto humor, sorpresa y cuarto y mitad de inquietud a base de preguntas sorprendentes…Y a mí misma me inyecto escribiendo, bailando con mis hijos, haciendo bromas a mis hijos, mirando por la ventana, viendo todo tipo de programa en la tele, haciendo algún estiramiento, conectando con mi familia y sobre todo, imaginando situaciones nuevas, cambios. Te puede parecer una tontería pero con este pequeño consejo estás ayudando a tu bienestar emocional (mantener controlada la ansiedad, estrés, etc.) a tu bienestar mental (focalizas la atención en ideas más positivas y controlas tus pensamientos) y a tu salud en general a través del  sistema inmune porque se ha comprobado científicamente como el hecho de tener unas emociones u otras con determinada intensidad, frecuencia y duración puede ayudar o debilitar nuestro sistema inmune. Vamos, esta idea es una fuente de salud. Cógela.

y, para acabar ahí os dejo un pequeño «grito de paz».

Recuerda que #lallaveerestu#.

Abrazos virtuales.

Te digo a ti marzo

Se acaban tus días marzo y en Bilbao el cielo quiere llorar. Tú no has sido un marzo como cualquier otro; tu primavera nos ha pillado invernando. Nos has dado un lección de esas que todavía está entrando con sangre y aún no sabemos para qué servirá.

En mi casa, quiero decir, dentro de mí se lleva como se puede. No te voy a negar que para mí el confinamiento no es un gran esfuerzo y me ha permitido estar más tiempo con mis hijos y marido y reflexionando sobre cómo hago y cómo quiero hacer las cosas. A veces escuece. Y desde hace unos días llaman más a la puerta dos  inquilinas que creía controladas; la pena y la culpa.

La primera emoción se presenta en forma de lágrima fácil, pensamientos que se pasan de empáticos al imaginar cómo se estarán sintiendo algunas personas en están sufriendo en primera línea esta situación. A mi mente vienen imágenes de personas enfermas solas, sanitarios que tiran de humanidad cuando no hay nada más, familiares inmersos en el dolor, la impotencia y la incertidumbre, enfermos con alguna adicción y que no pueden salir de casa, personas sometidas a malos tratos encerrados con quienes les agreden, seres a los que asusta más la soledad  que el hecho de contraer el virus… No sé, a veces es no puedo con ello.

La segunda, la señora culpa ha venido hace poco y creo que alargará su estancia. Paro de escribir porque viene Jon a darme un beso y Niko me dice que él también me quiere mucho. Me siento culpable por vivir tan bien; por no poder hacer algo. En ocasiones fantaseo con la idea de saltarme la cuarentena y sentarme todo el día a la salida del hospital de Basurto. Allí, cada vez que salga un sanitario le daré las gracias le abrazaré con todas mis fuerzas y le acompañaré a casa para que se desahogue y llore conmigo por el camino. Qué tontería verdad?

Otras veces imagino que me puedo quitar las manos y se las dejo a las personas que están enfermas; guardarían todo mi calor y calmarían la soledad de la enfermedad porque se adaptarían a su cara o a sus manos cubriéndolas con amor protector. El hecho de tener una mano a la que agarrarse alimenta las fuerzas y la esperanza. Deberían inventar algo así.

Marzo, hasta el momento, a falta de flores, me dejas estas reflexiones:

  • La vida es cambio.
  • El mundo está más vivo que nunca y se defiende.
  • Esto no pasará no; esto continuará en la medida en que ha habido un antes y un después del Coronavirus.
  • Muchas personas somos empáticas y deseamos el bien para todos.
  • También hay otras personas que no han «despertado».
  • Esta situación es como una vida en un videojuego; o la pasamos bien o tendremos que repetir.
  • Me esforzaré más en ser mejor persona; conmigo misma y con los demás. Con el Coronavirus también van a morir prejuicios, desconfianzas y pasados.
  • Ahora poco puedo hacer, pero cuando acabe el confinamiento, algo idearé.
  • A pesar de todo, la vida merece la pena.
  • Gracias.

El cielo sigue llorando; en algunos sitios con lágrimas blancas.  En mi hogar hay actividad y calor. En mi, un poco de paz.

Gracias a quienes estáis ahí, leyendo tras esas pantallas que pierden su frialdad al calor de las emociones.

Y que no decaiga porque la llave somos nosotros. 

¿No te estarás equivocando?

Por aquí todo va según lo previsto; en general lo llevamos bien (yo diría que cada vez mejor) pero para ello son indispensables los enfados y malestares cotidianos.

Niko se ha convertido en el mejor embajador de la mortadela (mortadela  a todas horas!).

Malen sigue «feliciana» y más que espabilada…el hecho de estar a todas horas con sus hermanos está multiplicando por cinco su evolución.

Jon ejerce de hermano mayor y entre pelea y pelea con los deberes, trata de echarme una mano con sus hermanos. Se pregunta en voz alta si esas personas que mueren se convierten en otras personas (El otro día le preguntó a Malen si ella antes había sido otra persona y quién era).  Creo que para él (como lo puede ser para cualquiera) es un alivio y esperanza pensar  que todo no acaba aquí y, por lo tanto, tenemos más oportunidades de vivir. ¿Quién lo sabe? No seré yo quien lo niegue tajantemente.

Después de todo si alguien nos dice hace unos meses que un virus iba a paralizar el mundo nos hubiéramos reído o escandalizado. Y si nos hubieran dicho que íbamos a estar en nuestras casa sin poder salir… No estamos para depreciar ninguna alternativa ni perspectiva. Por lo menos, eso creo yo.

Y ahí es donde os quiero hablar de  lo que en psicología se denominan los sesgos cognitivos.

Los sesgos no son otra cosa que atajos que utiliza nuestra mente para guardar todas la información que maneja y también para actuar. Al hacer esos atajos mentales distorsionamos la realidad y por tanto, podemos incurrir en error.

Los seres humanos tendemos a  dar por válidas unas informaciones más que otras (sin argumentación lógica más allá de lo que creemos). Uno, de entre los muchos sesgos están el de confirmación  y el de continuidad.

A veces lo hacemos de forma consciente y otras veces lo hacemos de forma inconsciente pero la mayor parte de las personas lo hacemos; tendemos a darle más prioridad, importancia, veracidad e incluso a favorecer aquella información que confirma lo que pensamos y hacemos. Vamos, que le damos más credibilidad a aquello y a aquellas personas que hacen, dicen o piensan lo mismo que nosotros. Os presento entonces al sesgo de confirmación;  viéndolo desde fuera parece algo increíble,  verdad? Utilizar comúnmente este sesgo cognitivo es seleccionar la información y por lo tanto interpretar y obrar de forma equivocada. El ser humano necesita sentir control y seguridad; en la incertidumbre nos cuesta movernos (que nos lo digan en estos momentos). Un efecto secundario de este sesgo es la tendencia a menospreciar, criticar y/o incluso alejar de nuestra vida a personas que piensan y obran diferente.

A veces, nos comportamos como los bueyes que están trabajando en el campo y tienen reducido su campo de visión (pero no son conscientes de ello).

Estos días leemos y escuchamos a muchas opiniones diferentes y, reconozcamos que en mayor o menor medida nos afectan. Este es un buen momento para tomar conciencia de cuánto y cómo nos limita este sesgo.

El sesgo de continuidad hace referencia al hábito o costumbre de muchas personas y que consiste ni más ni menos en hacer lo que hacemos porque «toda la vida se ha hecho así», «es la tradición», «me enseñaron así», «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer»…El caso es que da igual que haya pasado el tiempo, que las personas y las circunstancias son diferentes e incluso que ahora esa conducta pueda no ser la más recomendada. Da igual, lo hacemos y pensamos porque así nos lo han enseñado y toda la vida se ha hecho así. Este sesgo es muy fácil de identificar en el día a día de cada uno de nosotros. A continuación te cuento una pequeña anécdota que le escuché a Luis Monge Malo en una entrevista que le hizo Juan Daniel Sobrado para Learning Legendario (él habla del pavo, yo hablaré del cordero).

¿Qué opinas?, ¿Cuántas cabezas has cortado innecesariamente? jajjaja es broma…O no.

Recuerda que #lallaveerestu#

Un abrazo.

 

 

Señor presidente

Señor presidente, esta carta que le escribo no tiene nada que ver con tendencias políticas, la verdad es que no creo que sea el momento de hablar de ideologías.

Pero sí quiero hacerle llegar mis quejas. Verá usted, me indigna que desde su gobierno no haya hecho nada para prevenir ni gestionar cualquier de las contingencias que a continuación le detallo:

  • No hacer nada para que yo entienda mejor lo que pasa.
  • No hacer nada para quitarme el agobio que me da quedarme encerrada en casa.
  • No hacer nada para que se me haga más liviana una jornada con niños pequeños sin poder salir de casa.
  • No hacer nada para quitarme la tristeza, el agobio, el miedo, la ira, la pereza y el sueño.
  • No hacer nada para que las personas hagamos lo que se nos ha dicho que hemos de hacer.
  • No hacer nada para evitar contagios si salimos a la calle.
  • No hacer nada para asegurarme que cuando todo esto pase voy a  vivir igual que antes.
  • No haberme avisado de que esto iba a pasar y que me iba a agobiar.
  • No hacer nada para contener a las redes sociales; son muy pesados y a veces me enfadan y dan miedo.
  • No avisarme más a menudo de lo importante que es lo que está pasando. 
  • No darme más palmaditas en la espalda por quedarme en casa.

No señor Presidente, en una sociedad del siglo XXI esto no se puede permitir. Nos venden que estamos en una sociedad avanzada en la que las personas cada vez  estamos más preparadas y nos dejan ahí solos ante el Coronavirus. 

Muchas gracias por su atención Sr. Presidente. 

No sé que estará pasando por tu cabeza cuando estés leyendo estas líneas. Sinceramente, últimamente tengo la sensación de que nos creemos más evolucionados de lo que somos. Es en los momentos complicados cuando se demuestra si sabemos autorregularnos o no.

Somos nosotros, cada uno de nosotros los responsables de gestionar nuestro estado emocional de la forma más adaptativa; dejemos al papá estado que se ocupe de lo suyo y seamos responsables de lo que hacemos y decimos. Me sorprende cómo hay personas que utilizan las redes como herramienta arrojadiza del dolor, ira, desprecio y tristeza que no sabe autogestionar. Luego, para justificarnos tiramos de «Es que lo que está pasando es…los políticos son…la situación es….»la gente es…ya lo sabía yo…. Anda ya!!!!!

En esta sociedad sufrimos de un Coronavirus aún más letal; la falta de consciencia o la inconsciencia. Y si con esta «hostia» no aprendemos nos estaremos ganando a pulso una más fuerte

Vaya por delante que hoy estoy en uno de esos días de «pájara emocional» en los que los trece días sin salir de casa y toda la información procesada no pasan en balde. Como ya os he contado en varias ocasiones tengo tres pequeños y creedme que no es fácil sobrellevar el paso del tiempo. Aún así lo vamos consiguiendo.

Si escuchamos las experiencias de muchos profesionales sanitarios, personas contagiadas, etc. gran parte de ellos coinciden en la idea de que la parte emocional del tema es la más compleja de llevar; saber digerir todas las emociones que nos generan estas situaciones no es fácil y, además de respiradores,se hacen fundamentales los abrazos, calor humano y cualquier señal de amor. Posiblemente uno de los aspectos más crueles de esta enfermedad es el aislamiento social hasta tal punto que algunas personas se van solas.

Una vez dicho todo lo anterior me creo que es indispensable que abramos los ojos de verdad. Esto que está pasando es algo más que una crisis sanitaria.  ¿Qué hay detrás de todo esto? Tú, yo, él, ella…personas con nombres y apellidos que están viviendo de forma más o menos intensa. Dejémonos de tonterías y aprovechemos el tiempo para ver en qué medida cada uno de nosotros podemos contribuir a mejorar o no empeorar la situación.

Y después ¿Qué haremos?;¿Más de lo mismo? Pues lo mismo recibiremos por gilipollas.

Muchas de las personas que están viviendo esta pandemia en primera fila, cuando todo esto pase, necesitarán tiempo y ayuda para digerir todo lo que ha sucedido; duelos, despedidas, frustraciones, decepciones, soledad, impotencia…Y hemos de ser el resto de la sociedad los que hemos de cuidar de ellos porque nos van a necesitar y mucho. Guarda energías y amor para dárselo porque se lo debemos; a ellos y quienes se están yendo.

No olvidemos que lo único que nos puede salvar somos nosotros mismos; ¿De qué sirve el dinero?, ¿De qué sirven las propiedades?, ¿De qué sirve un buen sueldo si no somos conscientes de que todo puede cambiar en un segundo, de que la vida no es tener sino ser, de que lo que nos hace grandes es lo dentro no lo de fuera?.

 

¿Son raros lxs ingenierxs?

Cuando os planteé esta pregunta en un post anterior varias personas me contestaron. ¿Cuáles han sido las respuesta? Pues, por lo menos en mi pequeña encuesta,  la respuesta es Sí, lo son. 

Desde que tuve a Malen me siento un poco como la reina emérita; ya no recibo los mismos mimos que antes. Ahora toca repartir jejejejje. Mis hijos son tan movidos como cariñosos y expresivos y aunque hay que repartir abrazos y carantoñas, no pasa porque hay stock. En muchas ocasiones me pregunto si cuando crezcan y tengan pareja seguirán siendo así de cariñosos y atentos.

Un día, expresando esta duda en voz alta un amiga me dijo : «Puede ser, a menos que sean ingenieros…». Me dio la risa porque, aunque lo dijo bromeando, algo había detrás. Y, esta percepción, no es una excepción; hay muchas personas que perciben a los ingenieros ( y también a los informáticos) como seres, cuanto menos, peculiares en cuanto la relaciones sociales y emocionales se refiere.

Cuando hago talleres de inteligencia emocional para profesionales que trabajan en el mundo de la ingeniería ( y, estoy generalizando) suelen desarrollarse de forma especial. Me explico; algunos de ellos ( o ellas, aunque en minoría) acuden porque no les queda otra, otros van porque les genera curiosidad y una gran parte asisten porque alguien les ha dicho que no les vendría mal trabajar su inteligencia emocional.  Al principio siento que me miran o bien «como las vacas al tren» o bien como si estuviesen pensando » No tengo ni idea de lo que me está hablando». La cuestión es que la sesión se va desarrollando y poco a poco van abriendo su mente y se muestran interesados en aprender. Es en ese momento cuando me doy cuenta de que no son seres raros sino que son seres para los que el ámbito emocional ( e insisto, estoy generalizando) es una especie de caja que es mejor no abrir.

Después de todo, ¿Cómo se puede gestionar algo  que no se puede ni medir ni cuantificar? Lo cierto es que para ellos es muy difícil de tratar aquello que tiene que ver con personas y no tiene fórmula que aplicar. Su atención suele estar entrenada para enfocarla en tareas lógicas y el hecho de tener que pensar en el ámbito persona suele dar pereza y un cierto miedo.

Procuro hablarles en su idioma e incorporar símiles, metáforas o «fórmulas emocionales» a través de las cuáles me pueda hacer entender mejor. Suele funcionar o, por lo menos, genera mejor clima.

Durante muchos años han sido una especie de «mérito» ser ingeniero; se sobreentendía que la persona que había obtenido tal titulación estaba dotada de grandes conocimientos y capacidades intelectuales (¿Quién no ha fardado de tener un hijo, sobrino o nieto ingeniero?). Por supuesto, los ingenieros estaban predestinados a una vida  llena éxitos profesionales, económicos y personales.

El caso es que los años han pasado y no sólo los ingenieros sino también otras muchas profesiones especialmente vinculadas a actividades de la lógica han podido observar como para el mercado laboral y para el plano personal ser ingeniero no es suficiente para ser feliz ni para hacer feliz a nadie. Las empresas han podido comprobar como profesionales a nivel técnico intachables no son capaces de generar relaciones interpersonales fluidas ni con compañeros, ni con proveedores ni con clientes. Se les achaca falta de habilidades comunicativas y escasa gestión emocional. Todo ello, repercute en su desempeño profesional y, como no, en lo recursos y resultados de la empresa.

A nivel personal, quien no cuente con un mínimo de inteligencia emocional se sorprenderá cuando su pareja cuando le diga que se están distanciando, que les falta comunicación, que apenas expresa sus sentimientos, que viven con un extraño…En otros ámbitos pueden estar más centrados en lo material (dinero, vacaciones, etc.) como forma de compensar ciertas incapacidades emocionales o relacionales pero eso, tarde o temprano, les acaba estallando en la cara.

Recuerdo, por tercera vez, que estoy generalizando y utilizando esta generalización para hablar de las necesidades de desarrollo emocional que demanda la vida personal y profesional.

En mucas ocasiones, cuando acabamos los talleres muchos de los asistentes me acaban diciendo algo así como: » Esto nos lo tenían que haber enseñado en el colegio, en el instituto y en la carrera porque si yo hubiera sabido esto hubiera hecho muchas cosas de otra manera».

Todavía hoy hay muchas personas que creen que trabajar el autoconocimiento y las emociones no sirve para nada. Antes me enfada cuando lo oía, ahora no porque sé que este pensamiento y conducta sólo es el reflejo de alguien que o tiene miedo o no es consciente de lo que está diciendo. Sentirse incapaz de hacer algo; sentir que no somos autoeficaces suele generar miedo y rabia. Tocar las emociones puede dar miedo, después de todo, muchas veces no sabemos lo que hay dentro y el hecho de tocar un poco implica tener que hacer algo.

Seguramente hay personas que preferirían estar en una mina picando piedra todo el día a expresar sus sentimientos. Las heridas de las manos duelen pero son más llevaderas y se curan antes que las heridas del alma.

Conocerse y trabajarse emocionalmente es tan «jodido» como maravilloso y, merece la pena.

Después de meterme en este pequeño charco he de decir que cada día me caen mejor los ingenieros porque a los ojos de una formadora de inteligencia emocional son como niños que tienen pataletas emocionales pero que cada vez abren más los ojos a las emociones. Otra cosa será la convivencia con ellos…

En serio, esto cada vez está cambiando más y todos los profesionales buscan mejorar a todos los niveles; por propia voluntad y por demandas del mercado. Los ingenieros son los que posibilitan gran parte del desarrollo de nuestra sociedad y, ahora que se están formado en competencias transversales, lo hace mucho mejor (y con más cariño jejje).

Por cierto, me encantaría que cualquiera de mis hijos fuesen ingenieros jejejeje.

Muchas gracias, feliz día y recordad que #lallaveerestú#.