Y dice la Pelaya

«Ya me han dicho que eche  la lotería. Lo tendré que hacer. El caso es que me voy superando y ahora es mi hijo mediano el que también está confinado. Esto se llama superación y lo demás cuento.  Hay quien cree que tenemos mala suerte. Yo, no lo veo así. No creo que la suerte aquí tenga mucho que decir pero quién sabe.

Niko ha recibido la noticia encantando; eso de no ir al cole le motiva «Qué suerte tengo, ¿verdad amatxu?» (Veis, Niko cree que tenemos suerte).Y eso que le encanta Natalia, su profe.

Todo pasará y el show debe de continuar. La vida online se intensifica entre los nervios e inquietudes de tener que conciliar todo y un poco más. De momento, procuro seguir en mi centro y relativizar. No están siendo grandes días para nadie…(menos para Niko). Porque es en estos momentos donde cada uno debemos de tirar de inteligencia emocional y recordar que es normal y saludable sentir cabreo, precupación,etc.

Lo que ya no responde a criterios sanos es el grado de intensidad con la que manifestamos esas emociones y el tiempo que las mantenemos. Que, a veces se nos va de la mano el tema.  Ya sé que hay momentos en que no compensa dejar de estar enfadado, total, creemos que en cinco minutos lo vamos a volver a estar. Pues a lo mejor no o a lo mejor si. Hasta que lo sepamos es mucho más sano e inteligente dejarnos llevar por un poco de tranquilidad, humor , esperanza o relajación. Si ha de «mátarme camión» mejor que me pille contenta y relajada…

Y no te creas que vivo en los mundos de Yupi; que lo mio tengo y de lo mio gasto pero me niego a resignarme y dejar mi vida y mi  bienestar en manos del azar, las tecnologías o las intenciones de los demás.  Mi «mala hostia» me dice que siga, que no caiga y que cree la mejor y más bonita  historia con los datos de mierda que pueda disponer.  Y, en eso estoy.

Por cierto, Jon dió negativo en la primera prueba. A la espera de noticias y deseándoos un buen día (aunque sea de mierda) me despido. Porque oye, si ha de ser que sea el MEJOR día de mierda. Porque, detrás de ellos suelen esconderse grandes sorpresas.

Porque #lallaveerestú#.

 

 

 

Jon dió negativo en la primera PCR.

Y dice la Pelaya

» Ya me ha tocado la pedrea. Y, quizás haya más premio. No ha llegado a una semana de colegio ni ya tengo a un hijo confinado. A la espera de la PCR esta famosa, la vida continua. Las emociones se ponen intensas y se contagian a la velocidad de la luz. Grupos de whattsapp empapaditos  de miedo, frustración, enfado y esperanza se apelotonan ante esta nueva realidad. Somos humanos y nos duele sentirnos tan vulnerables como siempre lo hemos sido. Sólo que no lo sabíamos. Y una, que tanto dice y quiere trabajar la inteligencia emocional se esfuerza por encontrar y centrarse más en las soluciones que en los problemas. Me hace sentir mejor.

Y, en mitad de este torbellino de incertidumbre encuentro tantísimas cosas por las que agradecer que joder! no me puedo quejar de nada. Jon me ha dicho que, cuando vayamos a la siguiente vida,  me irá a buscar  (entiendo que me renueva el contrato como madre ), la familia se compromete y demuestra amor (en general y con tres enanos en particular es de agradecer), las amistades animan y te regalan el patinete más molón del mundo (perfecto para que los dos pequeños entren en guerra), la pareja está siempre aquí, en el sofá quiero decir, …es broma.  Siempe está para todo . Y el trabajo me llena . Con este percal no me extraña que el Coronavirus quiera venir a vivir aquí.

Las llamadas del personal sanitario son cercanas, profesionales y dispuestas a responder. Es probable que hayan comentado lo mismo 300 veces pero no lo parece. Siento su sonrisa teléfónica e intuyo su cansancio. Gracias.

No se si me van a confinar, si el lunes podré ir a trabajar, si la enfermedad está cerca…Y, aunque no me da igual, no me voy a quejar. No está en mi zona de control elegir una cosa u otra pero sí lo está el sobrellevar lo mejor que pueda todo lo que tenga que llegar. Eso si, como me vuelvan a confinar con tres niños pequeños en casa y sin actividad laboral preparaos que os voy a saturar de entradas al blog. Bueno, igual no voy a tener mucho tiempo…bueno, no sé.

Sábado a la tarde. En casa. Nada que reprochar. Sólo agradecimiento.

Una vez más #lallaveerestú # »

Y dice La Pelaya

» Que, ¿qué hay que hacer para ser feliz? ¡Vaya pregunta! . Sólo hay dos fórmulas que no me sé; la de la Coca Cola y la de la felicidad.  Lo que sí se es que muchos de nosotros no somos felices porque no nos da la gana. Ni más ni menos. Confundimos lo que nos gustaría ser con lo que es. No dicernimos (vaya palabro que me ha salido) entre lo que creemos que queremos ser y lo que somos.

Pensamos que la verdad está destrás de la pantalla del móvil u ordenador pero no es así. La verdad está en el espejo. Nuestra vida es mucho mejor que la que reflejan algunos en Instagram. Porque es nuestra. Nosotros tenemos la capacidad de diseñar y construir nuestro día a día. Si sacásemos fotos a muchos de los momentos que vivimos alucinaríamos con la grandeza del poder ir y venir, estar o no estar, charlar o guardar silencio. A lo mejor la foto más emocionante  del día aparece comprando el pan con la mejor de las sonrisas de quien  lo da y el agradecimiento de quien lo recibe. Millones de likes .

Toma nota de la receta.

  • Todo lo que puedas de autoconocimiento.
  • Todo lo que tengas de honestidad.
  • Todo el amor que puedas sentir.
  • Todas las gracias que puedas dar.
  • Todas las bromas que te puedas hacer.

Y además,

  • Permítete desahogarte.
  • Permítete equivocarte.
  • Permíte acercarte.
  • Permitete alejarte.
  • Permítete crecer y evolucionar.

No me preguntes ni cantidades ni proporciones, porque no me las sé. A gusto del consumidor.

Que tengaís una estupenda semana. Gracias septiembre por estar ahí y recuerda…#lallavesiempreserástú# y solamente tú….

Y dice la Pelaya

«Como no se cuánto tiempo me van a dejar seguir contando mis cosas en este blog, hoy me voy a lanzar un poco mas.

Una, por defecto, es formalmente incorrecta porque la vida también lo es. ¿O no?. Eso no quiere decir que no haya momentos en los que es mejor tener el pico cerrado por lo que pueda pasar. Pero, cuando se puede y quiere mejor soltar que ahogar.

En una ocasión se me escapó un pedo Sí, has oido bien y los que estaban en la misma sala que yo también creo que lo oyeron. Y  digo que lo creo porque ni pregunté ni nadie por su propia inicitavia me lo corroboró. Pensándolo bien, tampoco serviría para nada, no?. El caso es que yo sé que se oyó. Había mucho silencio y bastante oscuridad. No pienses mal, que sólo era una clase de yoga.  Y una, que trata de autocontrolarse en todos los aspectos no siempre lo consigue. Menos aún cuando acababas de ser madre de tu segundo hijo y el cuerpo está más que alterado.

Recuerdo los momentos inmediatamente posteriores a mi «explosión». Intentaba autoengañarme diciéndome que como estábamos a oscuras no sabían quién habia sido, que otras personas tenían mas pinta de incontinencia que yo y seguro que el resto pensaría que había sido alguna de ellas, que…Menuda lista de chorradas se te pasan por la cabeza para gestionar la pérdida de un mísero pedo.

Y estoy viendo  tu sonrisa al leer esto. Imagino que en tu interior habrá un baile  emocional en el que se entremezclan la risas por la situación y la verguenza ajena. Es normal,  pero no te averguences por mí que ,ya lo hice yo. Además, ¿A quién no se le ha escapado un pedo nunca?. Al que no…que se lo haga mirar.

y ¿Para qué te cuento esto? Porque necesito desahogarme y soltar lo que me atormenta por dentro. Es broma, o no.

Simplemente quiero recordarme y recordarte que hay emociones aprendidas . Las emociones sociales ( admiracion, gratitud, celos, envidia, etc.) se aprenden y están muy influenciadas  por el contexto en el  que vivimos. La verguenza es una emoción aprendida o, lo que es lo mismo, aprendemos qué nos ha de dar verguenza.   A veces, por repetidos, comportamientos no muy adecuados, se convierten validados y aceptados. Y, ya no nos da verguenza porque se han normalizado.

Que se nos escape un pedo, pudiendo ser lo más natural del mundo, es una verguenza. Depende del  qué lugar o familia en la que vivas determinados comportamientos no son una verguenza.  Por ejemplo, nos da verguenza equivocarnos pero no nos da verguenza poner excusas que rozan la tomadura de pelo y el menosprecio al otro. Nos da o les da más verguenza llevar manchada la chaqueta  que ignorar a alguien, cometer un fraude o engañar. ¿Por qué será?. Quizás porque  es más fácil justificar una cosas que otra.

Ante los ojos de la sociedad es menos aceptable una falta de control del cuerpo que la falta de valores constructivos. Ay que joderse! Sentimos más verguenza por no tener o no saber que por engañar o estafar (en sus diferentes modalidades).

Pues eso, que procuraré que no se me vuelta a escapar otro, pero, si ha de salir que salga. La salud de una es más importante que cualquier otra cosa. Por respeto a los demás es importante mantener ciertas protocolos de comportamiento pero no nos olvidemos de priorizar.

Démosle una vuelta a estas emociones sociales como la verguenza, la envidia, los celos, la admiración o la gratitud y preguntémonos para qué nos sirven y cómo las queremos gestionar. De ello dependerá cómo nos llevemos con nosotros mismos y la relación que tengamos con los demás».

Una vez más #lallaveerestú#.

Ánimo con septiembre que el pobre no tiene la culpa de nada.

Y dice La Pelaya

«1 de Septiembre. Aquí ando, haciendo el listado de las mil cosas que tengo y quiero hacer. Tres hijos ya dan para unas cuantas líneas y la actividad laboral no es para menos. Además, no renuncio a otros proyectos que sí o sí sacaré adelante. Miro el listado; parece la analítica de un moribundo; toda llena de asteriscos . Y es que, lo que el año pasado daba por sentado este año no está tan seguro. Nada es tan probable como para que se libre del simbolito. Vaya percal.

Me pregunto si estoy siendo exagerada. Después de todo el año pasado no todo estaba tan seguro como pensaba. Era mi percepción. Porque muchas de mis listas no se cerraron tal y como yo tenía pensado. Y tú, ¿cuántos cambios más o menos importantes tuviste en tu vida los meses anteriores a la famosa pandemia? Seguro que más de los que eres consciente.

Ya sé que la situación es rara, rara y que no es comparable a nada anterior. Ya sé que  esto es la «repera» pero coño! la vida sigue. ¿De qué forma? De la que se pueda o quiera. O de las dos formas a la vez. Pero sí o sí, la vida sigue. ¡Mira, esto no lleva asterisco!. Esta incertidumbre nos mueve las emociones como si estuviésemos en esa atracción, ya sabes, la olla loca o algo así.  Miedo para arriba, miedo para abajo, esperanza para arriba, esperanza para abajo, preocupación a un lado, alivio para el otro…Y así todo el viaje.

No sabemos cómo será el curso lectivo de nuestros hijos o cómo se desarrollará nuestra rutina personal y profesional. Nada de eso sabemos. Y si enfocas toda tu energía en ello (además jugar el rol de idiota) perderás el tiempo, la salud y la cabeza. Lo que sí sabemos o deberíamos saber es que esta incertidumbre no es nueva ni transitoria; es una realidad que ha venido a quedarse. Por lo tanto, habrá que espabilar y centrarnos en los que sí tenemos capacidad de control.

¿Será que ese listado lleno de asteriscos sólo significa renovación?

Pase lo que pase, ¿cómo reaccionaré mayormente  ante esta incertidumbre?. Pase lo que pase no olvidaré sonreír y agradecer lo bueno. Pase lo que pase desayunaré pensando en cómo hacer el día mejor de lo que se puede presentar  y no me dormiré sin agradecer y besar a mis hijos. Cada día, un reto superado. No es un día menos,  es un día más, por lo que pase lo que pase hay que aprovechar. 

Sobre esto sí puedo elegir. Puedo permitirme comerme, de vez en cuando, esa hamburguesa  que tan mal vista está y gritar si lo necesito para evitar algo peor. Puedo y debo quejarme para desahogarme sin olvidar que yo construyo mi día a día. Yo soy la responsable de mi misma».

Y es que, hasta en época de pandemia #lallaveerestú#

Adelante septiembre. Me pillas preparada.

 

La Pelaya dice

» De esta, unos más que otros, vamos a quedar bastante tocados. Y cuando digo tocados no me refiero físicamente. Hablo de la «chaveta». En el mejor de los casos, será un poquito pero algo habrá. No hace falta mirar la tele. Basta con escuchar y observar a nuestro alrededor  para darnos cuenta de que el Covid este tan famoso no sólo es una enfermedad infecciosa. Ha tenido, tiene y seguramente tendrá la capacidad de generar reacciones personales y emocionales dispares. No nos queda nada…

Si es que ya se veía venir. Que para afrontar retos de los gordos tenemos que tener bien amueblada la chaveta y conocer cómo funcionamos por dentro. Si, ya sabes, cada loco con su tema y yo… a mis emociones. Que, el que ya funcionaba mal con esto lo acaba de joder y el que no sabía como funcionada irá de sorpresa en sorpresa. Qué vida esta.  Y de esto ahora nadie se acuerda. Como siempre, hay cosas más importantes, dicen. La salud física y la economía son ahora las protagonistas. Nos quieren vivos para que consumamos mas. Claro, un analfabeto emocional consume más que una muerto. Bueno, al grano.

Que una no está muy estudiada pero la vida también enseña. Que ni el gobierno, ni nadie parecido tiene la responsabilidad de hacer una ITV interior. Que va siendo hora de  que todos nos lo hagamos mirar y nos recetemos momentos de tranquilidad y alegría. Ya sé que no hay verbenas ni fiestas patronales pero bien puede haber un poco de alegría interior pa contagiar al vecino. Que no hace falta una romería para rezar más ni una fiesta de mucha gente pa demostrar na. Que todo esto  volverá. Habrá que cuidarse para que cuando vuelva nos pille en nuestros cabales.

No me gustaría estar en el pellejo de los que tienen que decidir. Por mucho que cobren nunca van a estar ni pagados ni agradecidos. Las canas afloran por fuera y la inquietud baila por dentro. Y, ya sabemos como somos; nada está bien si yo no estoy de acuerdo. Somos más listos que nadie y más cobardes que todos.

Y yo, la Pelaya que poco sé de normas y estrategias me he propuesto disfrutar todo lo que pueda de todo lo que venga. Yo también hecho de menos salir más y pensar menos. Yo también quiero volver a aquello días de los que tanto nos quejábamos. Lo que que pasa es lo que pasa. Si a estas alturas no nos hemos dado cuenta de que para que pase los que nos tenemos que pasar somos nosotros jodido andamos. Tenemos muchas papeletas pa ganar el gordo de ir a peor. Un poco de por favor y cuidémonos sin dejar de disfrutar un poquito de la vida.

Ay, ¡Cuánto daríamos por un septiembre de los normalitos! ¿Te acuerdas? Esos finales de agosto y principios de septiembre en los que la protagonista era la depresión por la vuelta a la rutina.

A ti, que tienes la osadía de leerme te deseo y pido que no dejes de enfadarte ni de estar triste pero ten muy presente dentro de ti que pase lo que pase la libertad la tenemos dentro y no fuera. Pase lo que pase #lallaveerestú#

Y dice la Pelaya

«¿Ya sabes tú lo que es el periodo refractario?. ¿Ya sabes tú lo que a mi me pasa por dentro cuando te mando a la mierda de mil maneras diferentes?. Seguro que no. Que sepas, que eso,  el periodo refractario es ese rato que pasa justo después de que por décima vez hagas lo mismo que sabes que tanto me molesta y yo entre en brote. Ya sabes, ese rato en el que siempre me dices que no atiendo a razones. Pues claro que no. En este periodo del que te hablo nadie atiende a razones que lleven la contraria  a lo que siente y hace. Y, no lo digo yo; lo dice la ciencia. Así que la próxima vez que me digas que si me pongo asín o asao que sepas que no soy yo, que es mi periodo refractario. Y, por lo que dicen los científicos es mejor que dure poco así que no me lleves la contraria por lo que pueda pasar.

Coño, que una ya está harta de que no respeten su periodo refractario y la critiquen por todo. Que ya vale de ser como una línea de recta. Que las personas también nos enfadamos, brotamos y dejamos de brotar. Y no pasa nada. Al que le pille que aguante el chaparrón y punto. Que yo también aguanto lo mío. Que con esto del autocontrol algún día nos va a dar un pampurrio. Claro que está bien controlarse pero hombre, hagamos un poquito la vista gorda que no nos vamos a quedar tuertos.  Un poquito de libre albedrío siempre viene bien y una se merece algún que otro capricho.

Los que no se dan esos caprichos pal cuerpo o acaban explotando, implotando o tirando de eso que que llama ironía y sarcasmo. Eso sí que puede ser una manera letal de hacer daño. Pero como a la gente le gusta, con autocontrol.

Y bueno, ahora que me he desahogado un poco decirte que hay que respetar al periodo refractario y, de vez en cuando, explotar pero siemproe siempre, con un poquito de inteligencia emocional.

Servidora, La Pelaya, también creo que #lallaveerestú# «.

 

Y dice la Pelaya

«Si es que el problema no es que te importe lo que diga la gente. El problema es que lo que diga la gente te importe más que lo que dices tú.

Nos han dicho y repetido que somos seres sociales por naturaleza y algo habrá de verdad cuando queremos y buscamos estar con otras personas. Es normal que nos importe lo que piense la gente si entendemos por gente a todas aquellas personas que nos importan. Puede ser una forma  rápida y sencilla de testar nuestro comportamiento. Eso, puede estar bien si lo lo hacemos para informarnos y no para fustigarnos.

No me creo que a alguien no le importe lo que digan los demás. No, no me lo creo.

Otra cosas es que aunque te importe acabes haciendo lo que sientes, piensas o te sale de las mismísimas narices que, como todo el mundo sabe, para eso están.

Las opiniones de los demás nos han de importar (por la cuenta que nos trae) pero, en mi humilde opinión, han de ser las nuestras las que motiven nuestras acciones.

A la gente le importa lo que piense la gente porque es la propia gente quiere sentirse incluida dentro de determinados grupos de gente. Ni más ni menos.

Y, conviviendo con esa realidad cada ser individual necesita y merece obrar como cree que es lo más adecuado o, como le da la gana. Todos merecemos equivocarnos y levantarnos una vez más de las que hemos caído .  La gente que critique eso, será la que no se permite a sí misma equivocarse ni acertar. Son víctimas de su miedo y del «que dirán» y quieren convertirse en verdugos de aquellos que tienen el valor de hacer lo que ellas desearían hacer; soltar cadenas.

Hay personas a las que  frase de «Es que la gente…» le sirve de cuartada y excusa para hacer o no hacer, decir o decir interesadamente. Un forma como cualquier otra de tapar el bulto, echar balones fuera o cargar la mochila de las propias responsabilidades a espaldas ajenas.

A mí me importan lo que dice la gente, y mucho. Me importa porque me informa. Me importa porque me hace más empática. Me importa por la cuenta que me trae. Pero lo que dice la gente no determina ni mi esencia ni mi camino.

A veces me puede afectar pero nunca o casi nunca me dejo manipular. Que la gente tiene su vida y sus hipotecas y yo tengo mi vida y pago mis hipotecas.

Así que reconoce que te importa lo que pienso sobre ti.  Haces bien porque pienso que eres muy liste por escuchar a la Pelaya. Así sabrás lo que es mejor no hacer .

A mí, la Pelaya, me importa lo que piensas porque tú eres mi razón de ser»

Y dice La Pelaya

Y dice La Pelaya:

» A ver, que yo me entere. O mejor, dicho, entérate tú. Bueno, no sé. Enterémonos los dos. Que cuando me muera quiero que hablen de mi con propiedad. Que si era buena lo digan con argumentos y si no lo era también. Parece que todos los que se mueren son buenos; debe de ser que los que nos quedamos aquí abajo somos los tarados.  A lo mejor sí y a lo mejor no.  Pero bueno, tampoco pasa nada por despedirnos con alguna mentirijilla.

Más me preocupan las relaciones de los que nos quedamos.

Y no, las personas no somos buenas o malas porque hablemos más o menos o lo hagamos más tranquilas o efusivas. Se suele decir, con poco conocimiento a mi entender,  que fulanito es bueno porque no tiene conflictos con nadie. MENTIRA. Saquen el polígrafo del Deluxe y veamos si eso es verdad. Que no hombre que no; que es imposible o casi imposible (véase los iluminados) no tener conflictos con nadie. Otra cosa es otra cosa. Que todos, por el mero hecho de estar aquí abajo tenemos nuestros conflictos con nosotros mismos y con los demás. Otra cosa es que no los exterioricemos o que los exterioricemos de una determinada manera. Pero eso es otro cantar.  Si el que calla es bueno, que sepan que si la casco no deben decir que yo era buena persona porque yo soy más de explotar que de implotar.

Que servidora es partidaria de morderse la lengua más veces de lo que lo hace pero que no le den los silencios como forma de vida. Que un grito puede quedarse en una tormenta frente a las guerras generadas por los silencios.

Que hay que aprender a callar, claro que sí.

Que hay que saber gestionar los silencios, por supuesto.

Que el que calla no tiene porqué saber gestionar mejor las emociones, sólo calla.

Que el que grita, aunque deba mejorar y dosificar esos gritos por lo menos se manifiesta.

Denme ustedes gritos, muchos gritos si he de elegir. Mucho de lo que pasa en este mundo,muchas dolencias emocionales, muchas injusticias sociales y mucho sufrimiento se ha fraguado y mantenido al calor del silencio de quienes por miedo, interés, incapacidad o egoísmo no han sabido o querido gritar a tiempo.

El silencio incapaz expone a los más vulnerables y a los gritones al peor de los desenlaces; la indiferencia.

Que una a veces se cansa de esto de señalar a los gritones y poner galardones a los que callan. Que ni una cosa ni la otra; que ni víctimas ni verdugos, ni buenos ni malos. Todos somos seres humanos que tenemos necesidades».

Pues, La Pelaya se ha quedado a gusto. Nada que añadir.

En verano, se calientan

Muy buenas, ¿cómo va el verano?.  Lo sé, es un verano atípico.

Cada persona vive el verano de forma diferente. Hay quien se pasa el año esperando a que lleguen los días estivales. ¿Los idealizamos? No lo sé.

Temperaturas suaves o altas, días aparentemente más largos, desconexión, luz que mima el cuerpo y alimenta el alma, compañías deseadas, más deseo de ser feliz, más ansias por disfrutar de la vida, menos prisas y problemas, más alegrías…Estos son algunos de los alicientes mentales que encontramos a favor de una etapa del año aparentemente favorecida por los dioses terrenales.

Suena bonito. Y, quizás lo sea.

Y luego miras las noticias, escuchas las buenas nuevas del entorno o llega septiembre y te sorprende con una realidad más realidad que nunca. Aparece lo que nunca se fue y el verano que  empieza su letargo estuvo cargado de incidentes, malas conexiones, menos descanso y deseos frustrados de aparentar ser más feliz que una perdiz debajo de un chiringuito tomando una piña colada.  ¿Qué ha pasado?.

Nada, sólo ha pasado la vida. Que no cunda el pánico que esto es la vida. Enero no ha de ser menos estimulante que agosto. El calor vital viene de dentro no de fuera. En mitad de una gran nevada uno puede sentir el calor de la felicidad. Un 15 de agosto puede ser triste y desmotivamente incluso después de una gran comilona con la que crees que es la mejor compañía. ¿Qué ha pasado?

Nada, que no cunda el pánico. Sólo ha pasado la vida; te avisa de que los ornamentos vitales son bonitos e incluso necesarios pero que si el motor está gripado da igual lo que hagas que al final de la fiesta te esperará la misma resaca.

¿ A dónde quiero llegar? No lo sé. Bueno, no del todo. Lo que sí tengo claro que es al verano hay que abrazarle no sólo por el disfrute sensorial sino también por el aprendizaje vital que nos suele regalar.

Te deseo el mejor de los agostos; si es necesario, lloremos al sol y bailemos con las tormentas. 

Por cierto, este mes de agosto vendrá una íntima amiga mía a hablar (tanto en el blog como en el podcast) sobre inteligencia emocional. Se llama La Pelaya y ya te adelanto que no es formalmente muy correcta. No busca complacer ni deleitar; sólo quiere dar caña y remover la cabeza del personal hasta que acaben tal mal como ella. Supongo que se siente sola.

Si te motiva la idea  sólo has de esperar unos días.

Hasta entonces, Carpe Diem y recuerda que #lallaveerestú#.