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Y dice La Pelaya: «La autoestima de tu empresa…»

Todos tenemos autoestima. Las empresas también. Ellas no hablan ni expresan explícitamente sus percepciones, opiniones o creencias pero eso no significa que no las tengan. Lo hacen de muchas otras maneras.

No olvidemos que las organizaciones están integradas por personas y, por lo tanto, son en muchos casos el reflejo de las mismas. Lo que opinan los profesionales de sus empresas influye en cómo hablan, o no, de ellas.

Hay personas que están orgullosas de sus empresas . Cualquier ocasión es buena para concretar en dónde trabajan y, a pesar de las debilidades o errores que se pueden cometer, se sienten identificados con la esencia de su organización. Se trata de entidades muy consientes de sus debilidades y fortalezas porque se conocen a sí mismas, son capaces de reconocer logros y resultados no deseados, confían en sus posibilidades, asumen riesgos y se responsabilizan de sus acciones. No son perfectas pero sí se acercan a lo que quieren ser ¿Sabes por qué? Porque saben lo que quieren ser. Además, aceptan los cambios con actitud positiva. Gestionan las emociones globales de forma adaptativa.

¿Comenten errores? Muchos. Pero saben que el error es el foco del aprendizaje. Una cosa es ser un error y otra cometer un error. Y lo saben.

Hay profesionales que se avergüenzan de sus empresas . No lo dicen explícitamente pero, si pueden, evitan pronunciar su nombre. El hecho de que sea una organización grande o conocida es indiferente. Da igual la inversión que se haya realizado en publicidad para reforzar su autoestima e imagen social; el profesional no conecta con ella. El sueldo y ciertas comodidades son los nexos de unión.

¿Por qué no se conecta? Hay muchos aspectos a tener en cuenta para dar respuesta acertada a esta cuestión. Uno de ellos: LOS VALORES.

Sí, ya sabes, los motivos más profundos  que tenemos para la acción. Todas las personas y todas las organizaciones tenemos objetivos (qué conseguir) y son muchos y muy variados los caminos que se pueden recorrer para conseguirlos. Los valores determinaran cómo conseguir el objetivo; son líneas rojas que se quieren respetar y son inspiraciones para la acción.

¿Alguna vez te has parado a observar y leer la página web de tu empresa? Echa un vistazo. Seguro que encuentras una pestaña que hace alusión a la misión, visión y valores de la organización. Pocos lo leen.

Esos principios deben de ser los que rijan las acciones, decisiones y omisiones de la praxis habitual. Debería ser así. Además, esos valores han de ir en la misma línea de los valores de sus profesionales porque, de lo contrario, se producirá el conflicto. Sí, aquí está un foco de conflicto.

La autoestima de la empresa, al igual que la de sus profesionales, ha de ser mimada y cuidada. De ella dependerán las decisiones y acciones organizacionales habituales. De estas últimas, surgirán las resultados.

Quienes dirigen y/o lideran la organización deben de ser consientes de cómo está la autoestima de su organización. No vaya a ser que estén echando órdagos con las cartas y actitud equivocada.

¿Cómo hacerlo? conectando o reconectando con los profesionales que integran su mundo organizacional. Invirtiendo tiempo y recursos para afianzar el compromiso que posibilita el desarrollo del valor y conectando emocionalmente con la familia profesional. Un buen profesional no sólo se mueve por un sueldo o condiciones económicas.

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