¿Para qué sirvo?

Criar es un reto.

Durante una conversación-discusión con mi hijo mayor lanza al aire la siguiente pregunta ¿Para qué sirven las amatxus?. Lo hace con aire de reproche porque está frustrado y necesita buscar culpables. Seguro que yo tengo algo de responsabilidad pero  es mucho el trabajo que he realizado conmigo misma para saber tratar con la culpa. Ahora, por ejemplo, me viene genial todo el esfuerzo de autoconomiento hecho años atrás ( y en constante activación).

Yo no soy culpable de nada.

Desde que nacemos traemos mochilita; no sé  si cargada de pan pero seguro que cargada de emociones. El entorno, nuestras experiencias y cómo las registramos hacen que esa mochilita crezca con mayor o menor peso. Uno de los pesos pesados que suelen cargar muchas personas es la culpa. A veces es muy sutil y parece que no está pero cuando se manifiesta lo hace estrategicamente; se coloca en la espalda, pecho y garganta y genera bloqueo, frustración, impotencia, tristeza y más culpabilidad.

La culpa engendra al «No merecer».

Como ser individual, pareja, amigo, padre, madre, conocido, profesional, vecino y demás roles  siempre tenemos el reto de servir. Se nos inculca la productividad antes que la felicidad. Desde nuestro nacimiento se espera de nosotros que seamos buen@s, fáciles de llevar, «los más algo» y sobre todo que produzcamos. En el ámbito personal hemos de producir amor, tranquilidad, orgullo, seguridad, bienestar, etc. En el ámbito profesional buscan resultados en forma de números y buena praxis.

De alguna manera tod@s buscamos productividad tanto en nosotros mismos como en los demás y, en ocasiones, nos comportamos como seres perversos. Se nos olvida que no somos máquinas, que nuestro valor es otro.

Las personas necesitamos que nos acepten tal y  como somos sin que se nos juzgue despiadadamente  y sólo así en algún momento evolucionaremos. También necesitamos pertenecer; a pesar de que tengamos defectos buscamos sentirnos incluidos dentro de diferentes grupos.

No hace falta ser el padre que siempre sabe lo que responder y hacer, ni el profesional que se equivoca más bien poco y parece brillante, ni la pareja que llene la vida de nadie, ni el hijo perfecto,  ni…. No hace falta nada de eso. Lo que hace falta es que asumamos que somos seres perfectamente imperfectos que, como decía mi carpeta de adolescente, necesitamos que nos quieran cuando menos lo merecemos.  A partir de ahí, evolucionaremos y aliviaremos culpas que no son nuestras y nos sentiremos merecedores de todo lo buenos que nos pase y queremos conseguir así como responsables, que no culpables, de muchas de los acontecimientos de nuestra vida.

Qué bonitos los días en que no nos sentimos  ahogados con la necesidad de producir para que nos quieran y acepten porque son aquellos ´días en los que, precisamente, generamos más valor que nunca.

No servimos para nada pero lo somos todo.

Antes de llegar al ecuador de esta entrada de blog, mi hijo me acaricia y sonríe. Creo que ya sabe para qué sirven las amatxus.  Criar sigue siento un reto precioso.

#lallaveerestú#

 

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